Una familia al completo tras la barra del Kendal

Tras la barra del Kendal de Ermitagaña trabaja la familia Baztan-Cobo al completo, el matrimonio y sus tres hijos que ya suman ocho años de andadura al frente de este establecimiento y como, dicen, formando un buen equipo

Arriba, los hermanos David, Fermín y Daniel Baztan Cobo; abajo sus padres Patxi Baztan Apesteguía y Loly Cobo Calvo
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Arriba, los hermanos David, Fermín y Daniel Baztan Cobo; abajo sus padres Patxi Baztan Apesteguía y Loly Cobo Calvo
Arriba, los hermanos David, Fermín y Daniel Baztan Cobo; abajo sus padres Patxi Baztan Apesteguía y Loly Cobo Calvo

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Myriam Munárriz

Publicado el 14/09/2025 a las 05:00

Decir que el Bar Kendal es un bar familiar no es recurrir a un tópico porque en este establecimiento hostelero del número 16 de la calle Ermitagaña de Pamplona trabajan desde hace ocho años todos los miembros del hogar formado por Patxi Baztan Apesteguía y Loly Coto Calvo; bueno, casi todos porque Daniel, el benjamín tan sólo tiene 17 años y ha empezado hace poco. Pero sus dos hermanos sí acompañan a su padre en la barra y a su madre en el comedor: Fermín, de 28 años y encargado también del mostrador y David, de 25 años y que estudió en la escuela de hostelería de Burlada, de la cocina. “Él le ha dado la impronta de una cocina tradicional, con productos de Navarra y en la que sobre todo destacan los fritos caseros”, describe su padre.

La historia en la hostelería de Patxi arranca de muy lejos, de su abuelo. “Cuando yo nací, él estaba al frente del Casino Eslava. Luego se encargó de poner en marcha muchos de los bares de jubilados de Pamplona”. Él, con apenas veinte años, formó una sociedad con otros hosteleros que regentaban varios bares en la capital navarra. “Y también abríamos otros. Del Kendal, nos gustó el local ubicado en un barrio emergente en plena construcción”. El 4 de octubre de 1985 el Kendal abrió sus puertas. “¿El nombre? Mientras hacíamos las obras vimos un pueblo de Irlanda que se llamaba así y nos hizo gracia. Ahora con el tiempo, Kendal es una filosofía, de la un establecimiento hostelero con mucha historia”.

Historia con capítulos como la de su propio matrimonio ya que la pareja se conoció siendo ella clienta. “No tenía ningún tipo de experiencia”, reconoce Loly. 33 años después (se casaron en 1992) es el otro puntal del negocio. “He ido haciendo carrera fuera de Navarra, en un bar restaurante que llevamos muchos años en Pontevedra”, cuenta ella. “Allí nació Fermín”. Finalmente, Patxi regresó al Kendal con su socio en 2005 y cuando se jubiló hace ocho años decidió seguir adelante con el resto de su familia. “Hicimos una reforma con toda la ilusión del mundo pero vino la pandemia. Se pasó mal”. La decisión fue contener la respiración y esperar que el covid pasara.

DE ABUELOS Y NIETOS

En esta cuatro décadas, los clientes han cambiado. “Cuando llegué eran las parejas jóvenes que venían a vivir a Ermitagaña. Ahora ya muchos han fallecido o son muy mayores” Por eso el 90% de su clientela ya no es de barrio, sino familias que llevan a sus hijos a los colegios cercanos, de la aledaña parroquia (“el vermú de los domingos es muy fuerte”), de los negocios cercanos o hijos y nietos de aquellos primeros moradores que siguen con la costumbre de sus padres de tomar algo en el Kendal.

¿Y tras la barra y en cocinas? “Fermín es el alma del bar, con un don especial para conectar con los clientes. David el que apuesta por un comedor pequeño y de calidad que no por la cantidad y Daniel la ilusión del que empieza”, describe Patxi. “Yo estoy feliz de tener a mis hijos trabajando conmigo. Somos gente humilde que ponemos todas las ganas para que salga lo mejor que podemos”, añade Loly.

En hostelería ocho años es mucho tiempo por lo que hemos formado un buen equipo. ¿Broncas? Muy pocas y las más gordas no llegan ni a media hora”, ríe. “¡Si nos vamos hasta de vacaciones juntos!”, añade David. “Para mí, trabajar en familia son todo ventajas, estás más tranquilo, arropado por los tuyos, tenemos confianza para decirnos las cosas y hay más flexibilidad para hacer los horarios”. “Yo estoy muy contento, prefiero que me riña mi hermano que otra persona”, bromea Daniel.

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