Pasadizo

Un lienzo de hormigón de todos y para todos en Ermitagaña-Mendebaldea

Ermitagaña-Mendebaldea recupera como paisaje urbano el pasadizo de Bartolomé Carranza, en peligro de degradación, gracias a una iniciativa comunitaria del grupo Hazialdea para que los jóvenes pintaran en su pared un mural

Varios de los participantes que, durante tres días de la mano de Hazialdea y el grupo scout Dendari Izar, han realizado el mural
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Varios de los participantes que, durante tres días de la mano de Hazialdea y el grupo scout Dendari Izar, han realizado el mural
Varios de los participantes que, durante tres días de la mano de Hazialdea y el grupo scout Dendari Izar, han realizado el mural

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Myriam Munárriz

Publicado el 13/09/2025 a las 05:00

Bajo la avenida de Navarra, a la altura de la calle Bartolomé de Carranza de Pamplona, el antiguo túnel peatonal entre los barrios de Ermitagaña y Mendebaldea resiste a la vandalización gracias a las brigada municipal que, en cuanto aparece un grafiti, pinta de blanco la pared. También se renovó el alumbrado poniendo un foco de luz blanca en lugar del anterior amarillo que acentuaba lo lúgubre de este pasadizo. En una encuesta en 2019 para hacer un diagnóstico de población infanto-juvenil de la zona, se indicó que era uno de los puntos negros de Ermitagaña-Mendebaldea.

Ahora, se une un mural para rescatarlo definitivamente de convertirse en un lugar marginal. La asociación comunitaria Hazialdea ha impulsado esta pintura hecha por una treintena de niños y adolescentes. De nuevo, y por tercer año consecutivo, Hazialdea ha accedido a una subvención del Instituto de Salud Pública. Esta vez han sido 3.490 euros.

En la primera edición, se realizó un taller de psicología con Sergio Garralda para ahondar en el autoconcepto. “Se buscó conseguir una teoría que después pudiéramos poner en práctica los educadores de Hazialdea como el grupo scout Dendari Izar”, explican Sara Garralda Valencia y Maite Herranz Corcín, las técnicas sociales del grupo comunitario, que han trabajado en el impulso del mural junto a la voluntaria de los scouts Silvia Esteban. Se organizó así un taller para sentar las bases de la pintura en el que se trabajó la vulnerabilidad, la autoestima, el estrés y la ansiedad. Para el diseño han contado con la ilustradora Julia Subiza Pérez.

Ayer, en las fiestas del barrio, se inauguró esta especie de tríptico, con una zona dedicada a reproducir el huerto urbano. La parte central recoge la frase en castellano y euskera ‘Sembramos comunidad, recogemos bienestar’. Y se completa con el Planetario y el parque de Yamaguchi como espacio de encuentro vecinal.

Antonio Dos Anjos Santiago, de 11 años, ha sido uno de los participantes. “He podido conocer a más gente de los que alguno será mi amigo”. Lautaro Méndez Conde, de 15 años, se animó gracias al buen recuerdo que guardaba de otra actividad comunitaria infanto-juvenil, los campamentos de verano. “Conocí a mucha gente y con la que poder quedar. Se acercaban para hablarte y que no te quedaras solo. Por eso cuando vi lo del mural pensé que sería algo muy parecido”.

Juan Calvo Cuadrado, de 69 años, de los que 35 lleva viviendo en el barrio, aplaudía la iniciativa. “Me parece genial todo lo que sea participar, como lo hago yo en el huerto urbano, al que por cierto también vienen chavales y con ellos te lo pasas fenomenal. En este caso, además de unirles más, recuperan un espacio muy triste de la zona”.

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