Bares

Esencia colombiana en el bar Katiuska de San Juan

Victoria Torres y Jorge Mosquera han conseguido reflotar un bar mítico del barrio pamplonés de San Juan,

Los propietarios del bar Katiuska, Victoria Torres y Jorge Mosquera, en San Juan, ante una barra repleta como cada mañana.
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Los propietarios del bar Katiuska, Victoria Torres y Jorge Mosquera, en San Juan, ante una barra repleta como cada mañana
Los propietarios del bar Katiuska, Victoria Torres y Jorge Mosquera, en San Juan, ante una barra repleta como cada mañana.

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Abraham Del Pozo Zabaleta

Publicado el 30/08/2025 a las 05:00

El bar Katiuska está a punto de cumplir cuatro años bajo la gestión de Victoria Torres y Jorge Mosquera, pero su nombre y su esencia llevan más de medio siglo grabados en la memoria del barrio de San Juan, frente a la plaza de Azuelo.

No quisimos cambiar el nombre porque aquí hay mucha historia detrás. El Katiuska lleva más de cincuenta años y forma parte del barrio. Nuestra idea fue mantener su esencia y seguir construyendo sobre ella”, explica Victoria, con una mezcla de orgullo y responsabilidad. La pareja no es nueva en el sector. Victoria acumula tres décadas de experiencia en hostelería en España. Como propietaria, su primera aventura fue en Estella, con el bar Lerma, donde estuvieron al frente durante doce años antes de trasladarse a Pamplona justo después de la pandemia. Desde entonces, se hicieron cargo del Katiuska.

Para crecer profesionalmente tuvimos que hacernos autónomos y liderar nuestro propio proyecto. San Juan nos abrió las puertas y aquí seguimos”, recuerda Jorge. En el día a día trabajan junto a su hija Dennys y dos cocineros que completan un equipo familiar y cercano.

UNA FUSIÓN DE SABORES

El Katiuska se ha hecho un nombre propio gracias a su propuesta gastronómica: una fusión de cocina colombiana y española que atrae tanto a vecinos de toda la vida como a nuevas generaciones. En la carta conviven platos tradicionales españoles —callos, albóndigas, tortillas o platos combinados— con recetas colombianas como la crema de mariscos o el churrasquito. “Los desayunos y las comidas son un éxito. Desde las nueve y media de la mañana hasta la medianoche tenemos un flujo constante de gente, y eso nos da mucha vida”, comenta la propietaria, Victoria Torres.

El bar se ha convertido en un lugar intergeneracional, donde se mezclan cuadrillas de jóvenes, vecinos habituales, familias y hasta trabajadores del cercano juzgado de Pamplona. “Aquí viene gente de todas las edades, a por un cafecito, a charlar o a comer bien. Esa mezcla es lo que nos da identidad”. Pero no todo es fácil. Victoria es clara cuando se le pregunta por las dificultades: “Lo peor es la carga impositiva que nos ahoga. Además, este trabajo esclaviza mucho, porque estás todo el día en el bar”. Aun así, lo positivo supera las dificultades: “Gracias al esfuerzo, mis hijos han podido estudiar. Uno es abogado y la otra bióloga. La pequeña acaba de terminar Marketing y Publicidad. Eso es lo mejor: ver que todo el sacrificio valió la pena, porque lo hicimos por ellos”. Y, en definitiva, ese amor se traslada a la gran oferta gastronómica allí ofrecida.

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