Bar
Historia familiar tras la barra
Ubicado en el corazón de Pamplona, el Bar Amaya lleva décadas siendo el punto de encuentro para vecinos, trabajadores y visitantes ocasionales


Publicado el 11/08/2025 a las 05:00
Ubicado en la calle Amaya número 20, en el pleno centro de Pamplona, el Bar Amaya lleva décadas siendo punto de encuentro para vecinos, trabajadores, amigos y visitantes ocasionales. “Creemos que el bar lleva abierto desde 1947, aunque no lo sabemos con exactitud. Entre el 47 y el 49, mas o menos”, cuenta Uxua Martínez Vicario, que junto a Tomás Bayona Ruiz, ambos de 55 años, está al frente del local hoy en día.
La historia del bar es también la historia de su familia. “Mi padre vino aquí de camarero en el año sesenta, primero como empleado, luego con un socio... y ya después se lo quedó él solo, hacia el año 69 o 70”, recuerda Uxua. Desde entonces, el Bar Amaya ha ido evolucionando, pero siempre con una base muy clara: la cocina casera y el trato cercano hacia el cliente.
Hubo reformas importantes. “Mi padre hizo una en el 79 y luego, después de que él se jubilara, hicimos otra en 2017”, dice. Pero más allá de las paredes o el mobiliario, el alma del bar está en los platos, que siguen una tradición familiar muy marcada. “Aparte de los pintxos tradicionales que tenemos, que hacía mi madre -ajoarriero, carrilleras, la tortilla de patata y las albóndigas-, que es una receta de familia, de la familia Vicario… también tenemos otras recetas caseras, casi todo de mi madre y de mis tías”, explica.
Con el tiempo, Uxua ha ido dándole su toque personal: “He ido cogiendo un poco de cada una, y luego yo he adaptado a mi manera”. Esa mezcla de tradición y adaptación mantiene vivo el sabor de siempre, pero con la flexibilidad necesaria para seguir adelante.
En cuanto al día a día, la plantilla se ha ajustado en los últimos años. “De momento estamos dos entre semana. Antes éramos tres, pero a raíz de la pandemia mi hijo, que trabajaba con nosotros, se fue al pueblo porque le salió un trabajo allá. Con las restricciones había mucho más trabajo allí”, comenta. Los fines de semana el equipo se refuerza con dos ayudantas, tanto en cocina como en barra. Y en San Fermín, como es habitual en Pamplona, la demanda se dispara: “En San Fermín cogemos más gente por la alta demanda, tanto de almuerzos, comidas, etc.”.
El Bar Amaya no busca ser un sitio de moda ni colarse en guías gastronómicas más conocidas del país. Su fuerza está en la constancia, el trabajo familiar y el sabor de lo hecho en casa. Con recetas que han ido de generación en generación y una clientela fiel que les ha acompañado a lo largo de su historia. “El sabor de la cocina familiar”.