Transporte urbano
Aumenta el malestar ciudadano por la huelga de villavesas
El seguimiento masivo del paro de conductores genera incertidumbre entre los viajeros y situaciones de caos en las paradas más concurridas


Actualizado el 04/07/2025 a las 15:35
“Perdona, ¿hace cuánto ha pasado la última villavesa?”. Este jueves 3 de julio, la pregunta no se le podía atribuir a una sola persona. Pasada la 1 de la tarde, era ese el interrogante que despertaba las quejas entre los viajeros que esperaban en las marquesinas durante el segundo día de la huelga indefinida. Los paneles de las paradas solo proporcionaban una información que entonces ya todos conocían: “Servicios mínimos”. Una indicación que los usuarios podían leer en casi todos los parabrisas de los autobuses, en carteles que también dejaban entrever el seguimiento masivo de la huelga.
Los paneles de las paradas situadas en el centro de Pamplona erraban en todas sus estimaciones de tiempos de espera. Durante las horas puntas de la mañana, Mónica Velásquez criticaba un retraso de veinte minutos en la llegada de autobuses a la plaza Príncipe de Viana. “Hoy las esperas están más largas. En otras huelgas podías calcular que se retrasarían 10 minutos y llegar a tiempo, ahora llevo esperando el doble”. Vecina de San Jorge, sus trayectos al trabajo cambian a diario, pero siempre debe combinar rutas para llegar ya sea a Noáin, a Olloqui o a Orcoyen. Tras describir su complicada situación, Velásquez añadió un último matiz a su queja ya generalizada: “Uno también entiende a los de la villavesa, porque protestan por sus derechos”.
Horas más tarde, esperando la llegada de la 4 en Paseo Sarasate, Ane Aznarez Arregui coincidía con Velásquez acerca de la falta de acuerdo con los conductores: “Sí, es verdad que están molestando a la gente, pero al final se trata de eso, tienen que reivindicar sus exigencias si quieren lograr lo que quieren”. Su comentario intentaba encontrar hueco entre los resoplos de disgusto de las decenas de usuarios que la acompañaban en la marquesina de dos de las líneas más concurridas de la comarca. “No sé cuándo ha pasado la última”, respondían al interrogante del principio, el que más se repetía entre los viajeros.
CAOS EN CONDE OLIVETO
Aunque la parada en Sarasate suele acumular a decenas de personas, la marquesina de Conde Oliveto, justo a la sombra del edificio de la Seguridad Social, cobijaba a las 2 de la tarde del 3 de julio a casi cuarenta viajeros. Y como si mirar fijamente fuese a acelerar el paso del tiempo, ninguno despegaba los ojos de la rotonda donde eventualmente aparecería alguna de las tres líneas demandadas: la 4, la 9 o la 12. Los minutos de los paneles electrónicos, ya sin credibilidad entre los usuarios, no pudieron advertir del momento en que cinco villavesas de las tres líneas llegaron al mismo tiempo. El cambio de turno de los conductores se estampó con la desesperación de decenas de personas que, con la paciencia consumida, se amontonaba en las puertas esperando encontrar un hueco en los pasillos llenos de gente.
“Con este servicio una no llega ni a casa”, se quejaba Gloria Inés Vargas, de 56 años, en la marquesina de Conde Oliveto. La vecina de Barañáin llevaba más de cuarenta minutos esperando la 12 cuando incidió en que las otras huelgas, como la de finales de 2024, “no han sido como esta”.