Vivir en la calle
Una familia con cuatro menores ha vivido dos semanas entre contenedores junto a una nave comercial en Galaria (Comarca de Pamplona)
Han soportado tormentas y la indiferencia de las administraciones durante los primeros diez días. Sólo el ayuntamiento de Galar intentó dar con ellos, sin localizarlos. Una ciudadana les ofreció ayuda la noche del domingo, y por fin han podido dormir bajo techo


Actualizado el 16/06/2025 a las 15:38
Durante dos semanas, una familia con cuatro menores, una de ellas un bebé, ha sobrevivido oculta entre contenedores industriales en la trasera de una nave comercial en el polígono de Galaria, en la Comarca de Pamplona. Han pasado hambre, soportado tormentas y se han enfrentado a la completa indiferencia de las administraciones durante los primeros diez días. El Ayuntamiento de Galar sí derivó al servicio social de base de Noáin, desde donde se desplazaron técnicos el jueves pasado por la tarde hasta el lugar donde pernoctaba la familia, sin dar con ellos. Y el viernes volvieron por la mañana. Durante estos días también ha acudido la Policía Foral, que no daba crédito. “Todo esto es sangrante, ¿cómo se puede permitir algo así?”, lamentaba un agente.
Por suerte, la madrugada del sábado al domingo fue la última que pasaron a la intemperie, gracias a la intervención de una ciudadana que les ofreció techo y alimentos, ante la falta de respuesta del Ayuntamiento y del Gobierno de Navarra. Unos días antes, otro particular les ofreció un lugar donde se quedaron una noche.

El sinhogarismo familiar es una realidad creciente en Navarra. Aunque muchas familias evitan hacer visible su situación por miedo a perder la custodia de sus hijos, las entidades sociales alertan sobre un perfil cada vez más común: mujeres solas con menores, o unidades familiares completas que quedan fuera del sistema por falta de recursos. Navarra cuenta con una red de atención limitada, sin plazas específicas para familias, lo que deja a muchas en una situación de desamparo total.
Este periódico ya denunció en octubre de 2024 que tres familias con siete menores dormían en una bajera de la calle Descalzos, en condiciones insalubres. En febrero de este año se informó nuevamente de cuatro familias con diez menores que seguían en la calle, después de que la oficina de Servicios Sociales de la calle Zapatería les comunicara que “no hay recursos”.
La familia de Camilia, madre de las cuatro niñas, llegó a Navarra con la esperanza de encontrar una vida mejor. Mientras comía con sus hijas en un banco de un parque en el barrio de La Milagrosa, explicaba que solo desea un empleo en limpieza o cocina para poder empezar de nuevo. El almuerzo se lo había entregado una vecina que acababa de salir de misa. “Sé por lo que está pasando, yo también estuve con mis hijas en una casa de acogida”, le dijo María, quien se interesó por su situación y, al saber que tiene un familiar en una ciudad del norte, la animó a contactar con él.
Aquella conversación fue un punto de inflexión. Esa misma tarde, Camilia y su marido —que llevaba tiempo buscando opciones— decidieron que no podían pasar ni una noche más en la calle. “Los piojos nos están comiendo”, confesó él. Una voluntaria de una entidad social escribió esa noche al Ayuntamiento para solicitar ayuda urgente, pero no obtuvo respuesta el domingo.
Gracias a la acción de una ciudadana anónima, la familia ha podido dormir bajo techo y tener garantizadas tres comidas al día. Este martes emprenderán viaje hacia la ciudad donde reside el familiar de Camilia, con la intención de empezar de nuevo. La experiencia vivida ha vuelto a poner de manifiesto la crudeza de esta situación, oculta bajo la superficie de una ciudad que se postula como candidata a la Capitalidad de la Economía Social 2026.
Mientras tanto, otras familias seguirán durmiendo al raso en Pamplona, a las puertas de unas fiestas de San Fermín que contrastan con esta tragedia invisible. Este lunes por la mañana, dos de las niñas de la familia han despertado con fiebre alta.


Te puede interesar

