Personas sin hogar
Decenas de jóvenes sin hogar en Pamplona retiran basura de los edificios abandonados donde viven: "Gracias a los que sentís por nosotros"
Ayudados por voluntarios de colectivos sociales llevan más de dos semanas limpiando el interior de la antigua ikastola Jaso y de otros edificios abandonados en Aranzadi


Actualizado el 04/05/2025 a las 15:17
La voz de alarma se encendió cuando este periódico publicó la imagen de un joven malherido tras recibir una brutal paliza en plena calle, junto al albergue de Pamplona. En mitad de la noche, el chico deambuló sin rumbo hasta llegar al interior del edificio abandonado de Echavacoiz: la antigua ikastola Jaso. Allí, entre montones de basura y grafitis, cayó rendido sobre un colchón sucio, improvisado sobre los restos del abandono. Despertó con el rostro hinchado y amoratado por los golpes. Fue entonces cuando una voluntaria de una entidad social acudió en su ayuda. Aquella escena se convirtió en el detonante de una intervención urgente: la limpieza a fondo de la antigua ikastola Jaso.


Poco después, hace algo más de dos semanas, surgió una iniciativa aún mayor. La impulsó Mari Jose Gastearena, profesora de castellano en la asociación Apoyo Mutuo, quien no dudó en recorrer el edificio de arriba abajo para evaluar sus necesidades. En apenas unos días, consiguió movilizar a diez voluntarios de distintos colectivos sociales y a una veintena de jóvenes que residían en el inmueble. Así comenzó la rehabilitación de este espacio, que ya suma dos semanas de auzolan y sigue avanzando.
La acción ha tenido un efecto contagioso y se ha extendido a otros puntos de Pamplona, como el antiguo convento de las Agustinas, donde también se están llevando a cabo tareas de limpieza impulsadas por personas sin hogar. Los voluntarios aportan equipos de protección, palas, escobas, bolsas de comida y, sobre todo, aliento. Son los propios jóvenes quienes están devolviendo a estos espacios unas condiciones mínimas de salubridad, como muestran las imágenes.


“El domingo 20 de abril hicimos una quedada impulsada por Apoyo Mutuo para limpiar el recinto. Participamos nosotros, el PIM (Punto de Información a Migrantes), Descalzos 70, Salahketa y la Comunidad Musulmana, que además trajo comida, porque lo que había allí era inhumano. Inexplicable que nadie se preocupara”, relata Mikel Otazu. “Ellos tenían claro que querían limpiarlo. Es su casa. Estamos satisfechos también con la MCP, que ya nos ha enviado cuatro contenedores”. Y concluye con un deseo: “Ojalá se valore cada vez más, desde las instituciones, que invertir en inclusión es lo que corresponde a una sociedad que debe acoger a personas migrantes”.
Uno de los jóvenes resume este sentir con una frase dirigida a quienes les han tendido la mano: “Gracias a los que sentís por nosotros”.
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