Fallecimiento
Muere Aitor Otazu, dueño del bar Savoy, el templo de los quesos franceses y suizos
Perteneciente a una saga familiar de hosteleros, tomó el relevo de su padre, Juan José, en 1980, y convirtió el restaurante en un referente de la gastronomía pamplonesa


Actualizado el 13/01/2025 a las 11:36
Aitor Otazu Larrauri, conocido hostelero pamplonés, ha fallecido este lunes a los 65 años. Era dueño junto a sus hermanos Ramón, Idoia e Irantzu del bar Savoy de la calle Francisco Bergamín, en el Segundo Ensanche, conocido por sus más de 80 variedades de quesos franceses y suizos y sus fondue y raclettes.
Aitor Otazu llevaba en la hostelería desde muy joven. Su padre, Juan José Otazu Abete, cogió en la década de 1950 el bar La Amistad de la calle Bergamín número 27 y en 1969 el bar Mikael en la plaza de la Cruz. Pronto contó con la ayuda de sus hijos. Aitor estudió en Maristas pero a los 14 años empezó a trabajar en el negocio familiar. “Y desde entonces nunca lo he dejado”, decía en una entrevista a Diario de Navarra. Sus tres hermanos también se han dedicado a la hostelería. Uno de ellos, Ramón, era el dueño del bar California de la calle Amaya, y se jubiló en noviembre.
En la década de 1980, Aitor Otazu tomó las riendas del establecimiento de la calle Bergamín y decidió darle un enfoque europeo. Fue él quien le cambió de nombre y le puso Savoy, con un logo y tipografía art decó, acorde con la decoración francesa del local. Sus tablas de quesos, fondues y racletes, así como los ahumados, patés y carnes a la piedra pronto adquirieron gran fama, al igual que su carta de vinos. En 2021 el Savoy fue reconocido con un Solete Repsol. En sus inicios, Aitor Otazu viajaba cada 20 días a Francia para comprar provisiones y conocer bares y bistró donde inspirarse. “Yo creo que el secreto de estar tantos años es no engañar a nadie y ofrecer una buena relación calidad-precio”, decía a Diario de Navarra.
Junto con su buen gusto por la gastronomía, Aitor Otazu era hostelero de la vieja escuela, de trato servicial y amigo de sus clientes, muchos de ellos conocidos del Ensanche desde su infancia. La clientela habitual se ha visto sorprendida por su repentina muerte. "Hace unos días coincidí con él y estaba bien de salud", comentaba uno de ellos.