Se jubilan Nuria y Jesús, "los de la tienda de tomates" de Ansoáin
Nuria Irurzun y Jesús Irigoyen dejan atrás viajes de madrugada hasta Rincón de Soto y entretenidas conversaciones con las clientas


Actualizado el 26/10/2024 a las 08:10
“Ponme dos tomates para comer hoy y tres que duren unos días”. Esta frase la han escuchado miles de veces Jesús Irigoyen Segura y Nuria Irurzun Mendioroz durante los 37 años de actividad en su frutería de Ansoáin. Estos fruteros seleccionan las piezas cuidadosamente, ya sean tomates, melocotones o peras, según su grado de madurez, una ciencia que han adquirido a base de práctica. Este sábado dejarán de analizar cada barquilla de fruta y verdura. Se jubilan, pero la frutería de la calle Divina Pastora no se cierra, se traspasa.
Jesús tenía 28 años y Nuria 25 cuando decidieron tener su propio negocio. “Los comienzos fueron duros. Teníamos un bebé de pocos meses. Había que levantarse a las cinco de la mañana. Íbamos a Rincón de Soto a por fruta y luego a Mercairuña para abrir la tienda a las nueve. Y muchos días volvíamos a casa a las nueve de la noche”, recuerdan. Jesús llevaba desde los 14 años trabajando en establecimientos de alimentación y con la experiencia adquirida se animó a emprender. En los inicios la frutería estaba dentro del supermercado de la calle Divina Pastora. “La mayoría de bloques estaban sin construir. Esta calle era un camino estrecho que llegaba hasta la avenida de Villava, con huertas a los dos lados”, señalan.
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Hace 15 años, el supermercado cerró por jubilación y decidieron trasladar la frutería al otro lado de la calle, a un local que había sido una inmobiliaria. Es una frutería con mucha fachada y una cristalera que se abre cuando no hace frío. Los tomates ocupan un gran espacio en el lineal. “Nos llaman la tienda de los tomates. Los traemos de distintos pueblos de Navarra. Además de buscar los mejores, los guardamos en el almacén y los sacamos cuando empiezan a madurarse. No los metemos en la cámara frigorífica porque pierden sabor. Apenas metemos fruta al frío”, explican. La mayoría de las verduras la traen de una huerta de Berriosuso.
Estos comerciantes destacan que en estos años han visto pasar a tres generaciones de clientes “e incluso algún bisnieto”. Además, conforme construían bloques de pisos, han atendido a los nuevos vecinos. En la tienda hay un banco donde las personas mayores entablan conversación. “Ya no es una relación de cliente sino de verdadera amistad. Mi mujer es muy zalamera y le encanta conversar con las mujeres mayores. Algunas viven solas y les da vida salir a la calle para hacer la compra. Luego Nuria les agarra del brazo y les acompaña a casa para que no carguen con el bolso. Lo agradecen mucho. Una clienta hasta se nos echó a llorar cuando le dijimos que cerrábamos”, señala Jesús.
Para ambos el cambio va a ser “duro”, aunque tienen aficiones. A Nuria le encanta la cocina y Jesús es de la Asociación de Belenistas. “En Navidades montaba un gran Belén en el escaparate”.