Fermín Ezkieta, el descubridor de los nombres de los presos de San Cristóbal
El que fuera secretario municipal recupera la memoria de los protagonistas de la fuga de 1938 y encontró un censo de 1940 con nuevos datos sobre las personas que vivían en el Fuerte


Actualizado el 24/10/2024 a las 08:30
En 1940, cuando se renovó el padrón municipal de la cendea de Ansoáin, que entonces conformaban Ansoáin, Berriozar y los diez pueblos que ahora se incluyen en la cendea de Berrioplano, una carpeta separada recogía la información alusiva al Fuerte de San Cristóbal. Al mismo nivel que datos sobre localidades como Artica, Aizoain, Berriosuso, Elcarte... Un total de 67 paginas y más de 2.000 nombres y apellidos y datos sobre la procedencia, profesión y nivel de alfabetización de funcionarios de prisiones, de la guarnición militar, del capellán, de las ocho religiosas que trabajaban en el economato y en la enfermería y los de los 1.977 reclusos que entonces se encontraban en la prisión.
Entre los muros y rejas de un espacio que se ideó para defender Pamplona y nunca llegó a tener este uso y en la que dos años antes, todavía durante la Guerra, había tenido lugar la mayor fuga carcelaria de Europa. 795, de los que solamente tres alcanzaron la frontera francesa. El documento, que se conserva en el archivo del Ayuntamiento de Berriozar, se ha digitalizado y ha sido puesto a disposición del Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra.


Fue Fermín Ezkieta Yaben (Pamplona, 1956), licenciado en derecho y durante décadas secretario municipal, el que descubrió el documento y el que alertó de su existencia al Consistorio comarcano. Así lo recogía la nota que difundió el Ayuntamiento de Berriozar dando cuenta de la entrega de una copia al Instituto Navarro de la Memoria. Buceaba en el archivo de Berriozar, entre documentos que en su día pertenecieron a la cendea de Ansoáin y que tras la segregación de Berriozar y Ansoáin recayeron en ese municipio, que ahora además reivindica que el Fuerte forma parte de su territorio municipal.
Trabajaba Ezkieta, que desde hace más de dos décadas trata de recuperar la historia y la memoria de los protagonistas de la fuga, en datos sobre las mujeres que, explica, “tuvieron que colaborar desde fuera para que la operación se pusiera en marcha”. “Fue así donde pude ver que existía y que recogía unos datos que son importantes para conocer más sobre esas personas. Corrobora algunos datos que hemos ido sabiendo por otras fuentes y precisa más información sobre la procedencia, profesión y da sus nombres y apellidos”, contaba ayer.
Pero también refleja, destacó el estudioso sobre la fuga, cómo se había reducido el número de reclusos, de 2.487 el día de la fuga, a 1977 dos años después. Cómo había aumentado la guarnición militar (145 uniformados entre oficiales y tropa), que el capellán era José María Pascual, que se encargó de enterrar con sus nombres guardados en botellas de cristal a varios de los presos, y que había ocho religiosas en lugar de las seis de los tiempos de la fuga.
Ezkieta, que en 2013 recogió en una publicación la historia de los fugados y que este año ha publicado la quinta edición revisada con nuevas aportaciones, añade más datos sobre el Fuerte. Constata que en 1935 no se había recogido en el padrón de la cendea; que fueron más de 7.000 los que pasaron por la prisión entre 1934 y 1945 y que procedían de todas las comunidades, no solamente de Galicia y Castilla y León como se ha dicho.