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¿Quién fue el Obispo Irurita y por qué tiene una plaza en Pamplona?
Manuel Irurita, nacido en Larraintzar, fue obispo de Barcelona durante la Guerra Civil. Su vida dejó huella en Pamplona, Barcelona y Valencia.


Publicado el 18/10/2024 a las 05:00
Manuel Irurita Almándoz, nacido el 19 de agosto de 1876 en la localidad de Larraintzar (Ultzama), es recordado como una de las figuras eclesiásticas más influyentes y trágicas de la España de la primera mitad del siglo XX. En Pamplona, su nombre se conserva en una plaza, un homenaje a su vida dedicada a la Iglesia, marcada por una desaparición controvertida durante la Guerra Civil Española. Tras estudiar en el colegio de los padres capuchinos de Lecároz y en el Seminario Diocesano de Pamplona, inició una brillante carrera sacerdotal que lo llevó a ser obispo de Lérida entre 1927 y 1930.
El traslado de Irurita a la diócesis de Barcelona en 1930 marcó una etapa crucial en su vida. En una época convulsa para España, con tensiones políticas y sociales, se enfrentó a la creciente persecución religiosa que se intensificó con el estallido de la guerra en 1936. Su desaparición en Moncada i Reixac, cerca de Barcelona, el 3 de diciembre de 1936, lo convirtió en uno de los trece obispos asesinados durante el conflicto. Aunque oficialmente se considera que fue víctima de la persecución religiosa, existe cierta controversia sobre las circunstancias exactas de su muerte, ya que algunos testimonios apuntan a que podría haber sobrevivido al conflicto, lo que genera un halo de misterio en torno a su figura.
La vida de Irurita no solo estuvo ligada a Cataluña. Entre 1905 y 1927, desempeñó una intensa labor sacerdotal en Valencia, ciudad donde también se le ha dedicado una calle. Durante esos años, consolidó su formación teológica, obteniendo los títulos de doctor en Filosofía y Sagrada Teología en la prestigiosa Universidad Pontificia, lo que le permitió asumir responsabilidades cada vez mayores dentro de la jerarquía eclesiástica. Su paso por Valencia fue clave en su desarrollo como líder espiritual y organizador de la comunidad religiosa.
El legado de Manuel Irurita sigue presente tanto en el ámbito eclesiástico como en la memoria histórica de varias ciudades. En Barcelona, la huella de su sacrificio es recordada, y su figura fue un símbolo del sufrimiento de la Iglesia católica durante la Guerra Civil. En Pamplona, donde comenzó su formación y cuya plaza lleva su nombre, se le honra como un hijo ilustre de Navarra. Las calles y plazas que llevan su nombre en diversas ciudades españolas sirven como testimonio de la profunda huella que dejó en vida, y del impacto de su trágica desaparición.
A pesar de la controversia sobre los detalles de su final, Manuel Irurita sigue siendo una figura venerada en el mundo eclesiástico, y su historia es un recordatorio de las complejas relaciones entre religión, política y sociedad en la España de la primera mitad del siglo XX.