Unzu, Erro, Casa Luna... algunos de los rótulos más emblemáticos de Pamplona

Oscar Brako mantiene viva la llama de una forma de expresión creativa que languidece: los rótulos de los negocios locales. El investigador acaba de publicar ‘Pamplona. El patrimonio invisible’

Erro (Cerrado).
Erro (cerrado). Uno de esos rótulos que se queda atrapado en la memoria. Esa combinación de minúsculas y mayúsculas, obra de Patxi París (CYDE) en un trazo continuo forma parte de la identidad gráfica de Pamplona. Un comercio textil arrasado por las franquicias./ Oscar Brako

Ruperto Mendiri

Publicado el 13/10/2024 a las 05:00

Erro, Unzu, Casa Luna, Joyería Idoate, café Roch, Calzados Iribarren, La Perla Vascongada, Hijos de U. Ataun, El Búfalo, Euskal Piel, Manterola, farmacia Negrillos, bar California, videoclub Bogart. Si su infancia transcurrió en alguna de las décadas del 50 al 90 del pasado siglo, los nombres de estos establecimientos dibujarán en su memoria una Pamplona en vías de extinción. Era la ciudad del comercio de kilómetro 0. El centro pamplonés y los barrios periféricos eran un hervidero de negocios alumbrados y abiertos por comerciantes locales. Diferenciarse en ese contexto de tupida competencia era una obligación que pasaba necesariamente por dos elementos llamados a captar nuestra atención: el escaparate y el rótulo.

Si el primero era estacional y efímero, sujeto a las zozobras de las modas y del género, el mundo del rótulo adquiría la dimensión totémica y permanente de imagen corporativa y de reclamo publicitario. Ahora, muchos de los rótulos que imprimieron personalidad a la ciudad han desaparecido. Subsisten algunos, pocos, también llamados a diluirse sin una normativa que los proteja del olvido y casi siempre de su destrucción.

Frente a esa extinción casi irremediable, el pamplonés Oscar Brako Ozkoidi (1964), incansable investigador del patrimonio gráfico navarro, aporta un necesario grano de arena para evitar que el tiempo sepulte en el olvido a esta forma de arte. El pasado martes, Brako presentó el libro Pamplona. El patrimonio invisible (Pamiela), la extensión física de su perfil de Instagram @larotuladora, una efervescente sucesión de imágenes del presente y del pasado de una Pamplona pequeña, pero repleta de personalidad gráfica.

Recogemos en este reportaje algunos de los ejemplos que aparecen en el libro, una obra que además recupera la casi desconocida labor de los rotulistas: de EFE (Manuel Silva) a Secundino Redín, pasando por Fermín Echauri o Carlos Ciganda. Y entre ellos, el testimonio vivo de Juan del Barrio, que atesora una colección de 3.000 logotipos de toda Navarra.

Oscar Brako, autor de ‘El patrimonio invisible’: “Los rótulos son parte de la ciudad y de su memoria”

¿Cómo ha sido el camino desde el perfil de Instagram hasta la publicación del libro?

Bastante largo. Empecé de una manera prácticamente intuitiva y luego, me he ido formando, sobre todo a raíz de la creación de la Red Ibérica en defensa del patrimonio gráfico. Lo primero es la documentación básica. Teniendo en cuenta que es un patrimonio o unos elementos del paisaje urbano condenados a desaparecer, la mayoría son muy frágiles. Aunque se cierre el comercio y permanezcan algunos rótulos, que ya de por sí es una buena noticia, la intemperie es muy dura. La calle es muy dura para las personas, pero también para los objetos, y al final desaparecen. Documentar eso es un paso importante, aunque no se fija del todo ese paisaje visual.

¿Qué sigue a la documentación de ese patrimonio gráfico?

La divulgación. En mi caso, empecé a tener conciencia de que había mucha gente realizando diversas actividades alrededor del patrimonio gráfico, de la gráfica comercial. Algunos rescatan rótulos, lo cual requiere muchísimo trabajo y luego, evidentemente, un lugar donde depositarlos. Quien rescata un rótulo es, digamos, un depositario, con la idea de que esas rotulaciones acaben en un museo de la ciudad o en una escuela de arte, como han hecho en Zaragoza o en Pamplona, donde hemos conseguido que rotulaciones creadas por Secundino Redín estén ahora en la Escuela de Arte.

Es interesante cómo muchas veces los tenemos tan interiorizados que ni los vemos.

Exacto. Parece que ese patrimonio siempre ha estado ahí y que seguirá ahí, pero la realidad es que no. Nuestra labor es recordar que existe, contextualizarlo y hacerlo visible. Porque aunque las piezas parezcan diferentes, detrás hay empresas que las han construido, diseñado e instalado. Las rotulaciones son parte de la ciudad y de su memoria. Han sido creadas por el comercio local, un comercio que probablemente desaparecerá.

¿Tres rótulos que sean señas de identidad de Pamplona y que aún se conserven?

Empezando por el extrarradio, uno es el de una pescadería en La Milagrosa, en la calle Río Urederra. Fue hecho por el propio dueño, que tras un accidente de trabajo decidió abrir una pescadería con su mujer. Construyó el rótulo con teselas y gráficos, es precioso. Otro sería el del Roch, que es quizás el más conocido de Pamplona. Y por último, un panel cerámico publicitario de Michelin del Monasterio de Irache que lamentablemente ha sido tapado.

¿Qué espera que aporte su libro?

Es una herramienta para seguir profundizando en el tema del patrimonio reciente. Por ejemplo, fue un placer tratar de documentar con el cura el rótulo de la iglesia Nuestra Señora del Pilar en Echavacoiz. Fue creado por Luminosos Arga en los 80.

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