Callejero
¿Quién fue Buenaventura Íñiguez y por qué tiene una calle en Pamplona?
Sacerdote, organista y compositor navarro que dejó huella en Sevilla con su prolífica obra y su labor pedagógica.


Publicado el 11/10/2024 a las 05:00
Buenaventura Íñiguez nació en Sangüesa en 1840. Desde joven mostró interés por la música, lo que le llevó a estudiar órgano, armonía y composición en el seminario de Pamplona. Allí, bajo la tutela del maestro Damián Sanz, organista de la catedral pamplonesa, desarrolló su talento musical. Tras completar su formación filosófica y teológica en Tudela y Pamplona, Íñiguez fue ordenado sacerdote, pero su vocación musical lo llevó a continuar sus estudios de composición en Madrid con el destacado músico Hilarión Eslava. Eslava, también navarro, lo orientó hacia la prestigiosa plaza de organista de la Catedral de Sevilla.
En 1865, Buenaventura Íñiguez ganó la oposición para convertirse en organista de la Catedral de Sevilla, un puesto que mantuvo hasta su muerte en 1902. Durante estos años, se consolidó como una figura esencial en la vida musical de la ciudad. Su producción compositiva fue prolífica, destacando en la música religiosa para coro, tanto con orquesta como sin ella. Además de sus composiciones litúrgicas, Íñiguez también exploró géneros sinfónicos y camerísticos, mostrando una notable versatilidad como compositor. Su obra contribuyó significativamente al patrimonio musical andaluz.
Un aspecto destacado de la carrera de Íñiguez fue su faceta como pedagogo. A lo largo de los años, impartió clases a jóvenes músicos y desempeñó un papel clave en la formación de las nuevas generaciones de organistas y compositores. Su influencia pedagógica se extendió también fuera de Sevilla, llegando a ser académico en varias instituciones de Bellas Artes tanto en España como en el extranjero. Esta dimensión internacional de su carrera le otorgó un prestigio que trasciende su papel como organista de la Catedral hispalense.
Uno de los elementos más curiosos de su legado es su aportación a la música tradicional vasca. Aunque residía en Sevilla, Íñiguez compuso alguna obra para txistu, un instrumento de viento típico del folclore vasco-navarro. Esta composición fue redescubierta en el último tercio del siglo XX, mostrando el interés del compositor por mantener un vínculo con su tierra natal a través de su música. Esta pieza para txistu revela su capacidad para combinar elementos tradicionales con la música académica.
Buenaventura Íñiguez también fue una figura relevante en la vida cultural de Sevilla, donde presidió la Unión Artística de la ciudad. Su liderazgo en esta entidad fue crucial para promover la música y las artes en la capital andaluza. Su fallecimiento en 1902 dejó un vacío en la escena musical de la ciudad, pero su legado, tanto como compositor como pedagogo, perdura en la memoria cultural de Sevilla. Hoy, su nombre está grabado en la historia tanto de Navarra como de Andalucía, con una calle que lleva su nombre en el barrio de Azpilagaña de Pamplona.