Pamplona
Beloso, tras la tala de los árboles: el sol abrasa 7º más que antes de las obras
La eliminación de los árboles en la cuesta de Beloso, más de un centenar, dispara la temperatura al sol. Comparamos los datos del termómetro bajo la sombra de los dos únicos árboles que quedan junto a la gasolinera de la avenida de Baja Navarra


Actualizado el 08/08/2024 a las 09:20
Es martes, 6 de agosto en la cuesta de Beloso. La acera se encuentra ahora abierta como una cicatriz, con una zanja de más de un metro de profundidad donde antes había un entramado de raíces. El pasado marzo, el Ayuntamiento de Pamplona eliminó 102 árboles de la acera y trasplantó 17. El objetivo: crear un carril bici con un voladizo (un saliente sin pilares) sobre la ripa de Beloso, a la derecha de la actual barandilla, según se sube desde Burlada. A las 13 horas del pasado martes apenas se ve gente. Tan solo vehículos circulando por la calzada y algunos peatones que se atreven a bajar a Burlada. Los que suben por la cuesta son inexistentes a esas horas. El sol cae como fuego.
La ausencia de árboles dispara la temperatura hasta siete grados más en la zona sin sombra, que es la casi totalidad de la cuesta de Beloso, y que antes refugiaban un centenar de ejemplares. Solo quedan dos árboles junto a la gasolinera del inicio de la avenida de Baja Navarra, ya en Pamplona, donde la cuesta da paso al llano. No es el día más caluroso del verano. La máxima prevista es de 31°, aunque a las 13 horas, el termómetro del móvil señala 27,5°.
LA SOMBRA DE DOS ÁRBOLES
Hacemos la comparación térmica con esos dos únicos árboles que han quedado en pie tras la tala masiva del pasado marzo. Bajo la sombra de sus copas, el termómetro marca 27,3° y una humedad del 60%. Apenas cinco metros más adelante en dirección a Burlada, bajo el sol, el mercurio se dispara hasta los 34,3°, es decir, 7° más que en la sombra, y la humedad desciende hasta el 41%. La temperatura del asfalto al sol es aún mayor: 40,8°.
El nuevo carril bici tendrá una longitud de 1.188 metros, más de un kilómetro para unir Burlada y Pamplona a través de ese voladizo que gana espacio “por el aire” y que sufragan los fondos europeos. Aunque el desembolso de las administraciones navarras es pequeño, el coste medioambiental es mayor. La cuesta de Beloso presenta una pendiente que oscila entre el 3,5 y el 5%, lo que aumenta el esfuerzo y, sobre todo, la sensación de calor sin árboles que protejan a los peatones.
Poco después de la una de la tarde, una pareja desciende hacia Burlada por la cuesta. Las obras han dejado un carril para peatones en el asfalto de la calzada. “El carril bici va a mejorar la comunicación entre Burlada y Pamplona, pero no deja de ser una pena que hayan talado todo”, expresa él.
Marisol Labairu fue vecina de Burlada. “Antes subía todos los días a pie. Entiendo que se hagan carriles bici, pero yo busco los caminos de sombra, donde la temperatura sea más templada”, asegura. Y así es. La mayoría de viandantes utiliza el camino del seminario, muy sombreado por la vegetación y donde la temperatura baja hasta 8 grados. Una mujer sube a buen ritmo apoyándose en un palo. “No me parece bien que se quiten los árboles. Pero con los árboles no habría carril. Estamos en una sociedad que arrasa con todo”, dice sin detenerse.
El laberinto administrativo de las obras y el mutismo de colectivos ecologistas
Hace poco más de un año, un orgulloso Joseba Asiron (EH Bildu), entonces en la oposición, se manifestaba en la plaza de la Cruz contra la tala de 45 árboles en la calle Sangüesa. Con él, centenares de vecinos y vecinas que ponían el grito en el cielo por el anunciado “apeo” de árboles y por la construcción de un parking en el subsuelo de la calle Sangüesa. Sin salir del mismo barrio, la tala de 102 árboles de Beloso se produjo sin oposición alguna, sin manifestaciones, sin apenas quejas, salvo la de la asociación ecologista Gurelur. Las obras del carril bici de Beloso, causante de la tala masiva, las ejecuta el gobierno de Asiron, sobre un proyecto redactado por el gobierno de María Chivite. La exalcaldesa Cristina Ibarrola (UPN) licitó las obras -ante un ultimátum del Ejecutivo foral-, pero también trató de minimizar las obras con dos proyectos con menor impacto medioambiental.