Obituario

Pedro Beunza, líder obrero y católico ferviente

Pedro Beunza
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Pedro Beunza
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Ramón Aguinaga y Julio Martínez

Publicado el 16/01/2024 a las 20:59

Pedro María Beunza Fernández ( 1935-2023) murió el 10 de diciembre en Pamplona, en brazos de su hermana Ana María, Carmelita Misionera, en paz, sin sufrimientos en su casa de Iturrama. Había programado antes de acostarse ir a misa de 10 a la Parroquia del Corazón de Jesús y comer en algún restaurante del barrio con dos amigos. Vida intensa: 88 años dedicados al trabajo y a los demás, sobre todo, como representante de trabajadores.

LA FAMILIA

Sus padres, Antonio y Eulalia, tuvieron 8 hijos. Sobrevivieron cinco (Antonio , Mª Carmen, Pedro María, Teresa y Ana María). Vivían en San Lorenzo, número 10, tercer piso. En el bajo la taberna de Erburu, en cuya bodega se elaboraba el chacoli con uvas de las viñas de San Cristóbal y pueblos de la Cuenca. También haciendo esquina con la calle Mayor estaba el bar La Cepa ( hoy París 365), ambos muy concurridos y de 'solera' en el barrio, y enfrente de La Cepa estaba una tienda de ultramarinos, "la Jesusa", santa mujer, que en un cajón del mostrador tenía una gran libreta donde apuntaba el adelanto de los alimentos que ofrecía a la clientela que no tenían dinero para pagar. Se fiaba de todos.

Su padre, Antonio, también nació en esta casa y algún antepasado más también, pues aquí murieron los abuelos paternos. Familia religiosa. De las tres hermanas de su padre, dos se fueron Carmelitas de clausura. Su madre, Eulalia Fernández (muy sensata, guapa y sencilla, recuerda su hija Ana María), procedía de Lumbier. Se le murió un hermano en el frente y a su madre, al quedar sola en Lumbier, la recibieron en Pamplona, y en perfecta armonía convivieron los abuelos paternos y maternos. Curiosamente, Antonio fue republicano. No frecuentaba la iglesia pero todos los días despertaba a su hijo Pedro para que acudiera a misa en la parroquia del barrio antes de ira a la escuela o al trabajo.

Los cinco hijos se formaron en las Escuelas de San Francisco, de las que guardan un buenísimo recuerdo. "Sus maestros, los mejores del mundo". Los cinco hijos descollaron por su inteligencia, trabajos manuales y disposición al estudio. Tanto que don Justo y doña Amparo Toro, directores de San Francisco, recomendaron a los padres que estudiaran carreras. En el caso de Pedro, cuando cumplió 14 años, su padre le dijo “tu madre y yo teníamos pensado darte estudios pero no tenemos dinero”, a los que Pedro les contestó que "lo que yo quiero es trabajar en la madera". Su padre, que trabajaba en la ebanistería Ezcurdia, le buscó un hueco de aprendiz en la Carpintería Asiain. Y en el año 1955 ya era oficial de segunda

Su hermano Antonio, nueve años mayor, fue tallista. Le tocó la mili en Aizoain. Un día haciendo la instrucción le explotó una bomba a su compañero y por proximidad, Antonio perdió la visión de un ojo. No obstante, siguió con su oficio de tallar la madera, Los dos hermanos aprendieron dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, y fueron alumnos muy cualificados. Pedro era un artista. Tiene cuadros , hechos con plumilla, sobre Pamplona de calidad , regalados a familiares, amigos... También oleos y acuarelas.

CENTRO MARIANO Y CAMBIO DE VIDA

Pedro Beunza pasaba todos los tiempos libres en el Centro Mariano, del padre Ciriano, en la calle Mayor. Allí nació, en 1960 , la Acción Sindical de Trabajadores (AST) sindicato cristiano, de la mano preferentemente de los Jesuitas, que recogió el movimiento obrero juvenil (JOC), Hermandad obrera de Acción Católica (HOAC) de Navarra y sindicato USO.

La AST manifiesta entre 1960 y 1970 -explica José Vicente Iriarte en el documentado libro 'Movimiento obrero en Navarra'- un dinamismo indiscutible que la convierte en esos momentos en la organización sindical cristiana relativamente mejor implantada entre los trabajadores, especialmente en Madrid y Navarra, en 1970 da un paso más en su evolución , y adopta un estilo de actuación abiertamente político y pasa a convertirse en ORT, que al final se reclara marxista maoísta.

En toda esta época,  Pedro es un aprendiz sindical y un católico ferviente. La mili, a los 20 años, le tocó en África, Sidi Ifni y otros lugares. En este intervalo murió su padre en el año 58, a los 59 años de edad, de leucemia, pero Pedro ya pensaba en dejar la carpintería. Participaba en las reuniones de sindicalistas católicos y quería entrar en Papelera Navarra, empresa a la que correspondía tener jurados de empresa. A Pedro le hervía la comezón de meterse en los movimientos obreros para liderar la defensa de los obreros, vocación que siempre mantuvo en la vida, y estaba ya inoculada en su sangre sindical.

Las hermanas que siguieron a Pedro en edad ingresan en sendos conventos de dominicas y carmelitas. Pedro ya vive sólo con su madre, su hermana mayor se casa y tiene tres hijos. Sus dos otras hermanas siguen en los conventos respectivos. Mª Teresa al terminar sus estudios de enfermería vivió 45 años en África y llevó la formación de novicias nativas. Ana Mª entró Carmelita Misionera a los 22 años, la primera que salió de casa siendo la benjamina. Sacó su licenciatura en la Universidad de Barcelona y se dedicó a la enseñanza. Pasados unos años, ya más cerca, en Zaragoza, pudo atender a su madre y hermano y, con vocación de misionera, trabajó 8 años en el Poblado de Santa Lucía en Pamplona .

Cuando Pedro trabajaba como carpintero metía muchas horas en la librería Ortiz, empresa también de muebles de oficina, para poder vivir sin demasiadas estrecheces a base de trabajar 12 horas y más. Pero los días que no trabajaba extras acudía para arreglar mesas, armarios, sillas de clases nocturnas de alfabetización nocturna de adultos que se daban en el Centro Católico de la calle Mayor. Colaboraba desinteresadamente e incluso pagaba de su bolsillo piezas y materiales comprados para los arreglos.

En esta situación le ocurrió un episodio que cambió, como él escribe en sus memorias, “cierto sentido de su vida”. El conserje y un seminarista le acusaron de un robo de cien pesetas en el Centro. “Se me acusó, se me condenó y se me expulsó del Centro Católico sin querer ni siquiera escucharme… Todos estos acontecimientos tuvieron mucho que ver para que dejase de acudir a la iglesia”… y fue poco a poco abandonando la vida cristiana y católica, sin perder del todo la conexión con las obras de la iglesia. Colaboró posteriormente con Cáritas en un centro de formación profesional para personas sin trabajo.

VEINTICUATRO AÑOS EN SUPER SER 

En 1965 Pedro Beunza ingresa en Super Ser. Dos años antes había sido elegido J urado en Papelera Navarra. En la empresa de electrodomésticos siempre vislumbró que su campo de acción se presentaba más amplio e interesante. La empresa que Ignacio Orbaiceta y sus hermanos crearon en 1963 en Cordovilla llegó a situarse como la tercera empresa de Navarra por volumen de empleo con más de 1.500 trabajadores por detrás de Potasas y Authi ( Seat desde 1975 y ahora Volkswagen).

En 1966 fue elegido presidente del Sindicato del Metal de Navarra, cargo importante porque el sindicato del metal era crucial en Navarra. Dimite muy pronto porque un cargo de esa naturaleza no tenía libertad para visitar a jurados de empresa de las distintas zonas de Navarra y regiones limítrofes. El permiso tenía que darlo el jefe de Sindicatos, que era político. En la cúspide, la Organización Sindical era una organización política más que organización sindical. Beunza no estaba de acuerdo con estas imposiciones y faltas de libertad.

Pedro Beunza es un líder y representante de trabajadores durante todos los años de esplendor y de crisis de Super Ser. Hubo épocas y años- huelgas de Super Ser de 1969, huelga general de 1973 y huelgas de 1974 y 1975- difíciles y arriesgadas por la persecución de la policía, que detenía a los líderes y los llevaba al Tribunal de Orden Publico. En sus memorias cuenta Beunza la detención y torturas de un trabajador y amigo. El obispo auxiliar, monseñor Larrauri, denunció esas torturas a las autoridades en la homilía del Viernes Santo en la catedral.

Pedro Beunza e vio obligado a escapar de las redes policíacas, con la connivencia del jefe de personal de Super Ser. En un momento determinado tuvo que refugiarse en Madrid durante un mes . Sus compañeros le llevaban la nómina a su madre para poder subsistir. Cuando Pedro regresó del exilio fue devolviendo cada semana una pequeña parte de su sueldo hasta completar lo aportado por sus compañeros.

La expansión y crecimiento de Super Ser coincide en Navarra a comienzo de la década de los sesenta con el plan de industrialización de 1964. En la década del setenta la empresa de Orbaiceta, que inició con las estufas de butano, amplía a frigoríficos y desarrolla una expansión al incorporar Agni (estufas), Corcho (cocinas) y Crolls (lavadoras). La década de los ochenta es la de la crisis de Super Ser. En 1978 tuvo 15.000 millones de pesetas de ventas y una plantilla de 4.900 trabajadores en las cuatro fábricas. Dos años más tarde, en 1980, comenzó a arrojar pérdidas. El Gobierno de Navarra se hizo cargo de la empresa de Orbaiceta en 1983 pasando a denominarse Safel. En 1984 las pérdidas ascendieron a 2.300 millones y ese año el Gobierno foral construyó la nueva fábrica en Esquíroz que se inauguró en 1988. Un año más tarde se vendió a la alemana Bosch Siemens.

La empresa de Ignacio Orbaiceta tuvo un desarrollo espectacular en el sector de los electrodomésticos tanto en el mercado nacional como en el extranjero. También se caracterizó por los sueldos de los trabajadores con nóminas de 25.000 pesetas , muy superiores a las de otras empresas navarras en el mismo tiempo. Super Ser también lideró el mayor número de paros, conflictos y huelgas solidarias con empresas con problemas.

FORTALEZA ANTE EL DOLOR, VOLUNTAD Y VIDA RELIGIOSA

Pedro Beunza era una persona instruida y conocedora de las cuestiones sindicales, movimientos obreros, organizaciones obreras y aspectos económicos de interés para los trabajadores. Por otra parte, Pedro Hablaba muy bien y escribía, no solamente correctamente sino con claridad y precisión. Su mente estaba muy ordenada para aplicar los conceptos al lenguaje. Dejó un escrito titulado 'Cómo dejé de fumar', en el que se confiesa un fumador de hasta tres y cuatro paquetes diarios y casi no se lo cree cuando decidió abandonar el tabaco de golpe. "A partir de los quince años es cuando ya comencé a fumar un paquete diario y poco después ya eran dos, después tres… y hasta sobrepasar los cuatro paquetes diarios". Y con ese ritmo de humo, más de un millón de cigarrillos, hasta los 68 años…

Siempre pensó que el tabaco le acompañaría durante toda su vida pero el "tabaco me ha estado acompañando hasta que en un momento determinado (para sorpresa mía) decidí dejarlo". El proceso , según explica, arranca con la extirpación de la vesícula en el hospital. En once días esos días de convalecencia aguantó sin fumar y se dijo ¿por qué no voy aguantar once mil?... "¡A la mierda con el tabaco, ya no voy a fumar en toda mi vida y en ese mismo instante sentí que la sensación de ahogo y de no poder respirar me habían desaparecido, y lo que es más importante, que esas ganas tan fuertes por fumar que tenía, también se habían ido. Fue una decisión de la cual no me podía volver atrás pues siempre he cumplido las promesas que he hecho y esta tampoco pensaba dejar de cumplirla". Un golpe de voluntad , voluntad fuerte que Pedro poseía. Una persona con voluntad suele llegar más lejos que una persona inteligente.

Otra característica de Pedro: su fortaleza ante sus enfermedades y debilidades físicas. En los últimos años de su vida eliminación de vesícula, problemas en la columna, y lesión en el cuello y problemas en las piernas: artrosis y mala circulación. Y sobre todo, sufrió un infarto agudo de miocardio a los 78 años. Dolores sin una queja. Pedro afrontó varias operaciones en las piernas, y se vio obligado a comprar una silla motorizada para poder ir a distintos lugares. Él, que no tuvo coche, se acogió a este sistema de motorización, de inválidos, para ir a misa todos los días a la iglesia del Corazón de Jesús o La Paz.

En la última etapa de su vida, pudo ser una vez iniciada la jubilación en 1991, recuperó la vida religiosa católica: práctica de sacramentos, viviendo la fe, de forma profunda y comprometida con sus hermanos y amigos. Además de la ayuda de su hermana carmelita algunas personas y familias le atendían sin necesidad de contrato de la Seguridad Social, por amor evangélico… "Pedro, nuestro hermano -recuerda Ana María-, era totalmente fiel a la Iglesia. En los hospitales y residencias por donde pasó solía pedir la Comunión. Necesitaba la Eucaristía para sostener su vida personal. Era generoso, siempre lo fue, y quiso estar toda la vida al nivel de los de abajo para ayudarles".

Personas que han estado cerca de Pedro en estos últimos años confiesan que "su fe le había ayudado toda su vida. Siempre se involucró en la ayuda a sus hermanos". "Encontró ,al final, el pago de su entrega: la cercanía y amistad de una familia que con amor y cariño desinteresado alegraron los últimos días de su vida"...

Los autores son amigos del fallecido

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