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Movilidad

El seguro para los patinetes eléctricos, más cerca en Pamplona

Los usuarios, que deberán adaptar sus vehículos antes de pasar a ilegales, dicen que el manual de requisitos es mejorable

Ampliar La micromovilidad en las ciudades, incluida Pamplona, está llamada a quedarse
La micromovilidad en las ciudades, incluida Pamplona, está llamada a quedarseBuxens
Publicado el 05/11/2022 a las 06:00
Irrumpieron con fuerza en nuestras calles hace algo más de tres años, cuando los interrogantes sobre este nuevo medio de transporte sostenible salían a borbotones. Desde entonces, la alternativa del patinete eléctrico va adquiriendo más peso dentro del mundo de la movilidad, hasta el punto de que ya no llama la atención ver a alguien circulando sobre uno de los tantos que se ven por Pamplona.
Eso sí, para llegar hasta aquí, los usuarios han tenido que enfrentarse a una odisea de normas y referencias que, a pesar del paso del tiempo, siguen sin estar claras en ocasiones. Ahora, con el objetivo primordial de sacar a los coches del centro de las ciudades y potenciar vehículos libres de humos, como bicicletas y patinetes, estos vehículos de movilidad personal vuelven a estar encima de la mesa.
Ante las recientes declaraciones del director general de la Dirección General de Tráfico, Pere Navarro, en la que anunció que no queda mucho para que estos aparatos tengan que contar con seguro obligatorio, las alarmas han vuelto a dispararse. Una noticia que, por cierto, no ha pillado desprevenidos a los miembros de la Asociación de Movilidad Personal y Ecológica de Navarra (AMPEN), ya que la posibilidad llevaba meses sonando.
Por ello, a pesar de que la fecha está por determinar, ven con buenos ojos estar protegidos por un seguro. “Responsabilidad civil, daños, colisiones, atropellos... Por seguridad, está claro que compensa”, mantienen desde el colectivo. El problema, añaden, radica en que, en cuanto la DGT obligue, las aseguradoras subirán la cuota. “Un seguro básico cuesta 20 euros al año, 60 si es de los completos. Y, por ese precio, está claro que merece la pena, ya que es asumible por todos”, afirman, dejando ver que, cuando el seguro pasó a ser obligatorio en motocicletas y tractores, los precios se inflaron. “Esperemos que no pase”.
AJUSTES
Dentro de este escenario de micromovilidad, otro de los puntos más controvertidos de los últimos meses se centra en los requisitos técnicos exigidos, ya enumerados en un manual.
Hablamos de no superar los 25 km/h, contar con un catadióptrico (elemento de señalización que refleja la luz que llega desde otra fuente luminosa), tener caballete, un sistema de frenado con dos frenos independientes o una luz de freno diferenciada o combinada con la trasera. Exigencias que, en general, se comprenden. No tanto la norma de la potencia máxima: 1.000 vatios. “Una persona con un peso de 80 kilos y una mochila, se las verá muy justo para subir una cuesta como Beloso o Labrit”, advierten.
Por ello, antes de posicionarse a favor o en contra, los usuarios piden a las administraciones “un ajuste” de las mismas. “Es un manual necesario, pero que hay que terminar de pulir”, expresan. Dicho esto, no podemos olvidar que los actuales patinetes eléctricos tienen horizonte temporal. Es decir, las tiendas podrán vender estos aparatos libremente hasta 2024. A partir de entonces, deberán estar correctamente homologados. “A los que tenemos patinetes ahora, nos dan de plazo hasta 2027 para adaptarlos. De no hacerlo, pasaremos a ser ilegales”, avisan desde la asociación, que piden facilidades para que el patinete sea una “alternativa eficaz y real” al vehículo privado.

Punto de vista
¿Y si su coche caducara?

Está claro que no pasa siempre, pero, a veces, el viaje no es fácil. Diferencias que surgen irreconciliables y donde la verdadera cuestión es averiguar si somos capaces de gestionar eso que nos separa constructivamente, o no. Las relaciones hay que cuidarlas, mantenerlas a flote y, a poder ser, evitar añadir obstáculos al camino. La premisa, que suena básica, bien podría aplicarse al mundo de los patinetes. Mirados con desconfianza casi desde el primer momento, parece que siguen con la soga al cuello. Normas por doquier para unos aparatos que buscan idéntica finalidad: ser medio de transporte alternativo, sostenible. Directrices que, de momento, les dejan ‘colgados’ por la ciudad y obligan a adaptarse para no ser ilegales. Seguridad, desde luego. Sentido común, a poder ser en la misma dosis.
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