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Consultorio canino

Cuándo y por qué debo llevar a mi perro a un adiestrador

El adriestrador y educador emocional canino pamplonés Iñaki Buñuales Zuazu nos desvela algunas claves para detectar cuándo hay que pedir ayuda

Ampliar El adiestrador Iñaki Buñuales Zuazo, junto a uno de sus clientes
El adiestrador Iñaki Buñuales Zuazu, junto a uno de sus clientesCEDIDA
Actualizado el 06/10/2022 a las 08:24
Cariño. Trabajo. Disciplina. Supongamos que acaba de adoptar un perro y le lanzan una pregunta: ¿cuál de esos tres conceptos es el más importante en la convivencia con su mascota? “La inmensa mayoría responde que el cariño, pero se equivoca”, así de tajante es el educador emocional canino pamplonés Iñaki Buñuales Zuazu. Tras ocho años trabajando como profesional de la educación con perros nos despeja la duda: “Lo primero es la disciplina, hay que poner unas normas básicas de convivencia; lo segundo, el trabajo; cuando un perro se siente se siente útil, es feliz; y lo último, por supuesto, el cariño”, detalla.
Y en esas está. La falta de disciplina o de trabajo es lo que ocasiona la mayor parte de los problemas de conducta de los perros con los que trabaja. “Hay diferentes líneas de trabajo en el adiestramiento canino: los que se dedican a la caza, otros deportivo y otros para rehabilitar a perros. Yo pertenezco a este último grupo: cuando un perro tiene problemas de conducta, me llaman a mí”, explica. Buñuales se ha formado como adiestrador canino, como técnico avanzado en modificación de conducta y como experto educador emocional canino a través de aceites esenciales.
Los problemas de conducta más habituales están provocados por el miedo que siente el perro, por reactividad o agresividad contra otros perros o personas. El miedo, el estrés y la ansiedad del perro perjudican la calidad de vida del animal.
Son problemas que en la gran mayoría de los casos tienen solución y que Buñuales trabaja a domicilio y en tres sesiones. “Yo enseño que todos los perros pueden rehabilitarse en mayor o menor medida, y doy herramientas para que se pueda mantener en el tiempo”, cuenta. Para encontrar el origen de estos problemas de conducta intervienen muchos factores. “Hay que descubrir cuáles son e ir uniéndolos”, aclara.
Por ello, lo primero que hace cuando conoce un caso es hacer una entrevista inicial, tanto del animal como del dueño. “Primero para conocer datos básicos sobre el perro: nombre, raza, y también las rutinas de paseo, comida, cuántas horas está solo, etc.; y después sobre las rutinas del dueño, cómo tiene organizada la vida, las horas que está fuera de casa, si es una persona deportista o sedentaria...”, cuenta.
El adiestrador Iñaki Buñuales Zuazo coge en brazos a uno de los perros con los que trabaja
El adiestrador Iñaki Buñuales Zuazu coge en brazos a uno de los perros con los que trabajaCEDIDA
Todo esto debería influir a la hora de adoptar o adquirir un animal. “Hay que tener en cuenta qué tipo de raza adquirimos, y las necesidades específicas que tiene, y también cómo tenemos organizada la vida, nuestras rutinas”. De hecho, ofrece una consulta gratuita para asesorar a los futuros dueños caninos sobre si el can se va a adoptar bien a su estilo de vida. “Si eres una persona por ejemplo, muy deportista, que te gusta salir a correr, andar, ir con la bici, necesitas un perro de raza activa, pero si por el contrario eres más sedentario, no puedes tener un perro de trabajo como un Border Collie”, explica. “Cuando nuestra vida no es compatible con las necesidades del animal es cuando empiezan los problemas de conducta”, termina.
CUÁNDO HAY QUE PEDIR AYUDA
“Todo el que acoge un perro debería hacer un curso para aprender a educarlo porque evita problemas de conducta futuros y es vital hacerlo a partir de los 3 meses”, puntualiza. La mayoría de sus clientes acuden cuando ya ha habido un detonante: ha mordido a un niño, a otro perro o sigue a todas partes a su dueño, por ejemplo.
Cuenta además que existe otro factor clave a la hora de detectar problemas de conducta en canes: dejar que el cachorro pase las ocho primeras semanas de vida con la madre. “Si no, después aparecen un motón de problemas. La madre le enseña señales de apaciguamiento, de mordida, de seguridad, y es vital para que el perro esté equilibrado”, detalla.
REACTIVIDAD O AGRESIVIDAD
“La reactividad es la antesala de la agresividad. Si el perro no socializa bien o interactua con el entorno tenderá a ser agresivo”. Y en esto hay un facto clave: la correa. Buñuales recomienda que tenga de 2'5 metros hasta 5, “porque si no, no le estas dejando ser un perro, no le estas dejando interactuar con el medio natural y es cuando explota”, cuenta. “Los olores son el Facebook y el Instagram para los perros”, los necesitan para socializar.
Otro de los factores clave para trabajar la agresividad es la socialización del animal con otros perros. “Para que no haya problemas, el animal debería socializar todos los días con 3 o 4 perros en sus paseos”, explica. Y si puede ser fuera de un pipican, mejor. “Un pipican es un recinto vallado, así que el perro tiende a amplificar sus conductas porque siente que no tiene escapatoria”, detalla. “Además, los perros son animales de aprendizaje vicario, es decir, tienden a copiar las conductas, por lo que va a repetir lo que vea en los otros perros; si hay cinco perros y tres están ladrando, el mío acabará ladrando”, cuenta.
SEÑALES QUE NOS INFORMAN DE UN PROBLEMA EMOCIONAL
Hay señales que nos indican que el perro tiene un problema emocional. “Si un perro te saca la lengua, te está pidiendo espacio, y si no se lo das, sufrirá estrés”, desvela. “Pasará de enseñar la lengua, a subir los belfos, enseñar los dientes, gruñir y terminará mordiendo”, cuenta. “Lo mismo ocurre cuando le tocamos la cabeza, es algo que no les gusta porque estamos invadiendo su espacio”, aclara.
Insiste en que son señales de problemas emocionales o de conducta que se pueden rehabilitar. Eso sí, con educación emocional. “El adiestramiento no resuelve problemas de conducta, lo hace la educación”. “Si un perro es reactivo hacia otros no le vas corregir ese comportamiento diciéndole 'quieto'; lo vas a hacer a través de modificación de conducta”, aclara. Un trabajo “arduo” porque requiere de mucho más tiempo.
TRABAJO CON ACEITES ENSENCIALES
Otro de los campos en los que Buñuales está formado es en la educación emocional de canes a través de la aromaterapia. La técnica se llama zoofarmacognosis e intenta trasladar al perro, a través de los aceites esenciales, los olores que el can halla en la naturaleza. “Cuando un animal tiene un problema acude a las plantas aromáticas para sanarse, curar la ansiedad, el estrés.... Lo podemos ver, lo ejemplo, cuando un perro se restriega en la hierba”, explica.
Con esta técnica se deja que el animal interacciones con esos olores. “Si los necesita, la reacción es un espectáculo”. “El aceite esencial trabaja entonces en el perro y deshace nudos emocionales”.
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