San Fermín

Ya falta menos: el regreso de la Estafeta

“Cuando la calle más internacional de Navarra bombea, el resto también lo hace”, dejan claro algunos de los “inquilinos” de esta travesía de vida que poco a poco comienza a resurgir

Gema Larrea: “Hay tantas ganas de florecer”

Las dedicatorias que cubren las baldosas de la churrería llevan desde hace dos años sin borrarse. Normalmente se limpiaban al terminar los Sanfermines. “Han sido dos años muy duros. Hay tantas ganas de florecer. Trabajamos a pie de calle y sabemos bien cómo está el ánimo de la gente”.
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Gema Larrea (Churrero de Lerín). Las dedicatorias que cubren las baldosas de la churrería llevan desde hace dos años sin borrarse. Normalmente se limpiaban al terminar los Sanfermines. “Han sido dos años muy duros. Hay tantas ganas de florecer. Trabajamos a pie de calle y sabemos bien cómo está el ánimo de la gente”.
Gema Larrea: “Hay tantas ganas de florecer”

Las dedicatorias que cubren las baldosas de la churrería llevan desde hace dos años sin borrarse. Normalmente se limpiaban al terminar los Sanfermines. “Han sido dos años muy duros. Hay tantas ganas de florecer. Trabajamos a pie de calle y sabemos bien cómo está el ánimo de la gente”.

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Iván Benítez

Actualizado el 17/04/2022 a las 08:34

Julio de 2010. Gritos. Derrotes. Empujones. Caídas. Los morlacos enfilan la Estafeta. El público se arremolina en el segundo vallado. Los equipos sanitarios y medios de comunicación siguen la contienda desde lo alto. Los mozos corren y los pastores templan varas. Todo transcurre con aparente normalidad, hasta que se escucha un grito: “¡Corten!”. Y el instante queda congelado. La manada también frena. Entonces, los pastores avanzan, plantándose delante de unos toros que, en realidad, no son más que bueyes maquillados con tinte de pelo negro. El director ordena repetir la escena: “¡Acción!”. La Estafeta se ha convertido en un plató de cine de Bollywood con la película Zindagi nilegi da dobara (Sólo se vive una vez).

10 de julio 2013. El espíritu de la película hindú permanece muy presente en la Estafeta. En esta ocasión, el papel protagonista lo encarnan dos jóvenes británicos, Nick Pannel, de 26 años, y un amigo. Ambos corren el encierro y el amigo rueda por el suelo. Nick se gira tratando de levantarle, pero al hacerlo se encuentra cara a cara con un toro. Y se “besan”. Literal. Todo queda en un susto. “Nos prometimos que si entrábamos al recorrido nos ayudaríamos. Cumplió su palabra. Le estaré agradecido de por vida”. Nick se encoge de hombros. ¿Qué pasa por la mente en un momento así? “No pensé en la muerte. Sólo que no quería que me llegara, que quería vivir”.

Carmelo Buttini Echarte, La casa del libro: “Van a ser las fiestas más esperanzadoras”. Celebró con la cuadrilla el cuarto peldaño y no hablaron de Sanfermines. “Habrá tiempo”, ríe. “Llegarán y esto será una locura. No creo que vayan a ser las mejores fiestas pero sí las más esperanzadoras”, deja claro, añadiendo: “De momento, aunque está costando, Estafeta va recuperando el pulso”.
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Carmelo Buttini Echarte, La casa del libro: “Van a ser las fiestas más esperanzadoras”. Celebró con la cuadrilla el cuarto peldaño y no hablaron de Sanfermines. “Habrá tiempo”, ríe. “Llegarán y esto será una locura. No creo que vayan a ser las mejores fiestas pero sí las más esperanzadoras”, deja claro, añadiendo: “De momento, aunque está costando, Estafeta va recuperando el pulso”.Iván Benítez
Carmelo Buttini Echarte, La casa del libro: “Van a ser las fiestas más esperanzadoras”. Celebró con la cuadrilla el cuarto peldaño y no hablaron de Sanfermines. “Habrá tiempo”, ríe. “Llegarán y esto será una locura. No creo que vayan a ser las mejores fiestas pero sí las más esperanzadoras”, deja claro, añadiendo: “De momento, aunque está costando, Estafeta va recuperando el pulso”.

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8 de julio 2016. Frente a la librería de Carmelo y Fermín Buttini, en Estafeta, un joven castellonés de 18 años sufre un ataque de pánico minutos antes del encierro. “Es mi primera vez y cuesta respirar”, aclara. Falta muy poco para las ocho. Muy cerca, otro corredor, Sergio Colás, coloca las manos y la frente sobre el hierro de una cañería. Se concentra. Mitad ritual, mitad oración, cierra los ojos. En sus labios se adivina un leve movimiento.

Bárbara y Michael, matrimonio irlandés: “¿Por qué marca hacia atrás el reloj?”. Salieron hace meses de casa y se dedican a recorrer Europa en coche. Han atravesado Francia hasta Andalucía. De regreso, visitan Pamplona para “disfrutar” de la estela de Hemingway. Y en su búsqueda reparan en el reloj de San Fermín. “¿Por qué marca hacia atrás?”, preguntan.
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Bárbara y Michael, matrimonio irlandés: “¿Por qué marca hacia atrás el reloj?”. Salieron hace meses de casa y se dedican a recorrer Europa en coche. Han atravesado Francia hasta Andalucía. De regreso, visitan Pamplona para “disfrutar” de la estela de Hemingway. Y en su búsqueda reparan en el reloj de San Fermín. “¿Por qué marca hacia atrás?”, preguntan.Iván Benítez
Bárbara y Michael, matrimonio irlandés: “¿Por qué marca hacia atrás el reloj?”. Salieron hace meses de casa y se dedican a recorrer Europa en coche. Han atravesado Francia hasta Andalucía. De regreso, visitan Pamplona para “disfrutar” de la estela de Hemingway. Y en su búsqueda reparan en el reloj de San Fermín. “¿Por qué marca hacia atrás?”, preguntan.

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7 de julio 2017. Brandon acaba de llegar a Pamplona desde Michigan, tiene 23 años y recorre Europa en autostop. Viaja solo, cargado con una mochila de 30 kilos y una tienda de campaña. Su intención es dormir en un hostal, pero los precios “desorbitados” le obligan a pernoctar al raso. “Es lo que menos importa”, dice. Después de San Fermín proseguirá su periplo por Suiza e Italia, donde se encontrará con su novia. Todo lo que conoce de las fiestas es gracias a un programa de televisión en su país llamado Black mirror. De hecho, desconoce la existencia del chupinazo. Su sueño es correr el encierro en la Estafeta. “Busco mi propia historia. Algo que me ayude a reencontrarme con la vida”, explica. “Me imagino al día siguiente de correr, satisfecho por estar vivo. Creo que va a ser un momento en el que desaparezca cualquier preocupación. Después de superar esta prueba, me sentiré agradecido por la vida, apreciando una taza de café, respirando...”.

21 de abril 2020. El Ayuntamiento de Pamplona decide suspender las fiestas de San Fermín por la pandemia, una noticia que aunque “esperada” por la situación actual “no deja de producirnos tristeza”, comunica el consistorio.

7 de julio de ese mismo año. Las calles de Pamplona amanecen vacías. No se celebran los Sanfermines y el rotativo norteamericano ‘The Wall Street Journal’ lo publica en portada, con una imagen del fotógrafo navarro Jesús Diges de la agencia EFE. “Sin toros y sin encierro en Pamplona este año”, informa el título. En la fotografía, aparecen tres mozos vestidos de blanco y rojo caminando por una Estafeta vacía. En el texto se añade: “El famoso recorrido del encierro de la ciudad española estaba casi vacío el martes, después de que las fiestas se cancelasen debido a la pandemia. La ausencia de americanos y otros turistas en toda Europa está afectando a las economías locales”.

26 de abril 2021. Los Sanfermines se suspenden por segundo año consecutivo debido a la pandemia. Carmelo y Fermín, responsables de la Casa del Libro, deciden actualizar la hora del reloj hasta las fiestas de 2022. Nunca el reloj de la cuenta atrás había marcado tantos días para su inicio.

Mª Ángeles Elizalde. bar Juanito: “Hasta ahora no veíamos un horizonte y ahora tenemos". Al despojarse de la mascarilla ffp2, sus pómulos descubren profundas marcas. Se la ha puesto a las seis de la mañana y no se la quitará hasta las doce de la noche. “Hasta ahora no veíamos un horizonte y ahora tenemos algo. Necesitamos oxígeno y parece que empezamos a respirar”.
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Mª Ángeles Elizalde. bar Juanito: “Hasta ahora no veíamos un horizonte y ahora tenemos". Al despojarse de la mascarilla ffp2, sus pómulos descubren profundas marcas. Se la ha puesto a las seis de la mañana y no se la quitará hasta las doce de la noche. “Hasta ahora no veíamos un horizonte y ahora tenemos algo. Necesitamos oxígeno y parece que empezamos a respirar”.Iván Benítez
Mª Ángeles Elizalde. bar Juanito: “Hasta ahora no veíamos un horizonte y ahora tenemos". Al despojarse de la mascarilla ffp2, sus pómulos descubren profundas marcas. Se la ha puesto a las seis de la mañana y no se la quitará hasta las doce de la noche. “Hasta ahora no veíamos un horizonte y ahora tenemos algo. Necesitamos oxígeno y parece que empezamos a respirar”.

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3 de febrero 2022. Bar Juanito, cerca de la Plaza de Toros. La propietaria, Mª Ángeles Elizalde Grijalbo, asegura no haber perdido la ilusión. “Y espero no hacerlo porque soy de Pamplona y amo los Sanfermines. Espero que la situación vaya mejorando y que cada vez seamos más libres y estemos más seguros de que tenemos controlada esta pandemia”, apunta. “Además, teniendo un bar en plena Estafeta, que los Sanfermines se puedan celebrar sería una bomba de oxígeno muy grande para nosotros porque lo hemos pasado muy mal y no vemos que la situación mejore, pero la realidad es la que es”.

31 de Marzo. Medios locales publican que la entrada del Camino de Santiago en Estella simulará la Estafeta en Sanfermines. Por ella correrán los hierros de la ganadería Alba Greta durante una escena de la película ‘La voz del sol’, protagonizada por Carmen Machi y Karra Elejalde.

5 de abril. La Estafeta cuelga de la pared de adobe de una aldea masái en Kenia, coincidiendo con el cuarto peldaño de la escalera. El fotograma corresponde a un vídeo grabado por el realizador pamplonés Borja Lezáun y subido a las redes sociales. Este día también se anuncia el cartel de la Feria del Toro, obra del pintor pamplonés Juan José Aquerreta, que afirma en rueda de prensa que la visión de los Sanfermines que atesora está influenciada por su vida donde nació y donde vivió hasta los 35 años, la Estafeta. El alcalde de Pamplona, Enrique Maya, deja claro que se celebrarán los Sanfermines. “Ya no hay vuelta atrás”, apunta, regalando un titular.

7 de abril. Gonzalo Díaz de Lezana, propietario del Bar Paseo (barrio pamplonés de San Jorge), termina de almorzar en la barra del Bar Juanito. “Por favor, necesitamos información alegre, cuesta leer sobre la pandemia”, le pide al periodista. Al otro lado de la barra, Mª Ángeles asiente tras una mascarilla que lleva puesta desde las seis y media de la mañana. La hostelera cuenta que se emocionó en enero al escuchar al zanpanzar y el 20 de marzo le sucedió lo mismo con las dianas y el fin de semana pasado con las charangas... “Te aferras a los Sanfermines para poder ver un horizonte que ya había dejado de existir”, desmiga sensaciones. “Estos dos años han sido muy tristes. Todo era no hagas esto, no hagas lo otro...”. Suspira. Sonríe. Todo a la vez. “Parece que empezamos a respirar. Necesitamos un horizonte, un poco oxígeno, alegría”. Mª Ángeles prevé retirar la mampara de metacrilato que custodia la barra después de Semana Santa y a partir del 20 de abril hará lo mismo con las mascarilla ffp2 que marca su rostro. Entran nuevos clientes. “¡Unos pinchos de callos, por favor!”. El hostelero de San Jorge toma el relevo de la conversación. “La Estafeta es el corazón del cuerpo de Pamplona y si éste bombea también funcionará el resto. Y creo que va a funcionar a tope. Porque ya se empieza mover todo”, refiere.

305 metros, 547 vecinos, 954 balcones, 48 portales y 34.176 adoquines. A diferentes horas del día, la Estafeta se asemeja a un mosaico de luces y sombras, un gran papiro que lleva sin desenrollar dos años.

Javier Gómez, Cuchillería Gómez: “Hay dos calles Estafeta, la comercial y la hostelera”. Nieto del fundador de la Cuchillería Gómez y copropietario con su hermano Fernando,  explica que durante este tiempo de pandemia las ventas online les han salvado. Y que la  Estafeta de hoy se desdobla en una calle comercial que se vive de lunes a miércoles, y otra hostelera de jueves a domingo.
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Javier Gómez, Cuchillería Gómez: “Hay dos calles Estafeta, la comercial y la hostelera”. Nieto del fundador de la Cuchillería Gómez y copropietario con su hermano Fernando, explica que durante este tiempo de pandemia las ventas online les han salvado. Y que la Estafeta de hoy se desdobla en una calle comercial que se vive de lunes a miércoles, y otra hostelera de jueves a domingo.Iván Benítez
Javier Gómez, Cuchillería Gómez: “Hay dos calles Estafeta, la comercial y la hostelera”. Nieto del fundador de la Cuchillería Gómez y copropietario con su hermano Fernando,  explica que durante este tiempo de pandemia las ventas online les han salvado. Y que la  Estafeta de hoy se desdobla en una calle comercial que se vive de lunes a miércoles, y otra hostelera de jueves a domingo.

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Los “inquilinos” de esta orilla hablan de dos calles Estafeta. La primera, comercial, que se vive de día de lunes a miércoles; y la segunda, hostelera, que se disfruta de jueves a domingo. “Han sido dos años muy duros ”, interviene en este cruce de testimonios Gema Larrea Garde, copropietaria de la Churrería de Lerín. “Nunca hemos vivido algo así. Dos años sin Sanfermines, dos años sin Semana Santa, dos años sin turismo, dos años sin la gente de Pamplona, que sigue expectante, reservándose, dos años...”. Entran doce norteamericanos de Kentucky. Mientras esperan, los turistas cuentan que se quedarán dos días en Pamplona, una noche, y continuarán el periplo a Barcelona. “No hemos leído mucho de Navarra, la verdad”, admiten. “Solo conocemos la Estafeta y los toros”. El grupo hace fila, fuera y dentro de la churrería, sorprendidos por las dedicatorias en las baldosas. El rotulador negro lo cubre todo. Semblanzas que la mayoría se rubricaron durante los últimos Sanfermines, en 2019. Renglones torcidos, batutas del amanecer y atardecer, epitafios a ritmo de dianas y charangas. Sonrisas y lágrimas, que regresan a Estafeta. “Vamos a salir de esta”, se escucha decir a un cliente fijo que en este momento saborea de pie, en el mostrador, un café con churros.

Unas líneas amarillas en el suelo de este local trenzan nuevos relatos. “¡Me voy porque aquí me voy a morir de asco!”, le dejó claro un día el churrero de Lerín a Gema Larrea, también su pareja. Harto de no poder ejercer el oficio en condiciones, se marchó. Subió a su caravana ambulante y se plantó en Larraga para vender chocolate con churros. Y ahí sigue. “El único secreto de un buen churrero es la honestidad”, considera Larrea, observando el trasiego a través de la ventana. “En la calle veo vacío y esperanza. Mira, ¿lo ves?... Está triste. Antes, todo esto estaba lleno de turistas. Y los pocos que llegan hasta aquí terminan pasando por delante de los comercios a toda pastilla, sin mirar, sin detenerse porque temen perderse de los guías. ¿Por qué no les dan un poco más de tiempo?”.

Abrigo marrón, pantalón marrón, zapatos marrones, impolutos, un hombre que parece recién sacado de un lienzo, camina con el periódico en mano. Semblante elegante, erguido. “No me identifiques con el nombre, por favor”, indica. “Tengo 96 años y soy muy conocido por ser el veterinario más viejo de Guipúzcoa”, ríe. Casado con una mujer de 90, relata que sus primeros Sanfermines los recuerda en 1936. Al referirse a ellos vuelve a sonreír. Se ve en un coche a las tres de la madrugada, con su padre, saliendo del pueblo en dirección Pamplona, llegando a la Estafeta al amanecer para ver el encierro. “Esta calle está igual que entonces”, dice, continuando el paseo.

Entre el rugido de los vehículos de reparto y las muecas de preocupación de los paseantes, que se ven obligados a pegarse a los edificios, tres despistadas peregrinas canadienses buscan una bota de vino. La encuentran en Cestería Zaika. Dentro, las propietarias y hermanas Isabel y Teresa Latasa reconocen que la Estafeta ha perdido su propia coraza. “Parece que recuperamos el pulso”, aclaran, con alivio. “Unos días antes de la escalera escuchamos cantar a los coros y llevábamos dos años sin oírlos”.

Marisa Roig, directora del colegio Nuestra Señora de la Consolación: “Acabamos de llegar de Ibiza directamente a la Estafeta”. Un grupo de 4 de la ESO de Ibiza recorre la Estafeta hacia Mercaderes. “Estamos de viaje de estudios. Después de dos años sin salir, hemos venido en busca del recorrido de la fiesta”, detalla Marisa Roig, directora del colegio.
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Marisa Roig, directora del colegio Nuestra Señora de la Consolación: “Acabamos de llegar de Ibiza directamente a la Estafeta”. Un grupo de 4 de la ESO de Ibiza recorre la Estafeta hacia Mercaderes. “Estamos de viaje de estudios. Después de dos años sin salir, hemos venido en busca del recorrido de la fiesta”, detalla Marisa Roig, directora del colegio.Iván Benítez
Marisa Roig, directora del colegio Nuestra Señora de la Consolación: “Acabamos de llegar de Ibiza directamente a la Estafeta”. Un grupo de 4 de la ESO de Ibiza recorre la Estafeta hacia Mercaderes. “Estamos de viaje de estudios. Después de dos años sin salir, hemos venido en busca del recorrido de la fiesta”, detalla Marisa Roig, directora del colegio.

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Suena el clarinete del senegalés Diallo. Un grupo de jóvenes de 4º de la ESO en viaje de estudios se detiene en Mercaderes. “Después de dos años por fin hemos podido salir de Ibiza”, confirma Marisa Roig, directora del centro y una de los cinco profesores que acompañan a los alumnos. Este colegio de Ibiza se cruza con otro de Pamplona, niños y niñas de 5 años del Colegio de Nuestra Señora del Huerto. “¡Estamos donde corren los toros!”, gritan los pequeños, al preguntarles si saben dónde se encuentran.

Sara Remón, De Mil colores: “Desde hace semanas esta calle va volviendo a la vida”. “Durante dos años la Estafeta ha sido una calle silenciosa, triste, diferente.... Y desde hace unas semanas todo ha cambiado. La calle va volviendo a la vida. Quitarnos las mascarillas nos va a ayudar a recuperar la alegría”.
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Sara Remón, De mil colores: “Desde hace semanas esta calle va volviendo a la vida”. “Durante dos años la Estafeta ha sido una calle silenciosa, triste, diferente.... Y desde hace unas semanas todo ha cambiado. La calle va volviendo a la vida. Quitarnos las mascarillas nos va a ayudar a recuperar la alegría”.Iván Benítez
Sara Remón, De Mil colores: “Desde hace semanas esta calle va volviendo a la vida”. “Durante dos años la Estafeta ha sido una calle silenciosa, triste, diferente.... Y desde hace unas semanas todo ha cambiado. La calle va volviendo a la vida. Quitarnos las mascarillas nos va a ayudar a recuperar la alegría”.

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En el interior del comercio de alpargatas De mil colores, entre cajas de calzado, Sara Remón se emociona al relatar lo vivido estos dos años. Sus ojos azules enrojecen. “Todo esto se transformaba en Semana Santa... y de repente sufrimos un parón. La calle se volvió silenciosa y triste”. La propietaria del local, que principalmente vive del turismo, sonríe al mencionar a su hija. “Ella me dice que cuando nos quitemos las mascarillas recuperaremos la alegría y que todo será diferente. Espero que sea así y que volvamos a ser lo de antes, que volvamos a ser una calle alegre”. Hace semanas, un sábado a las ocho de la noche, un simulacro de encierro le devolvió la ilusión. “Y eso que solo era un chico con cuernos de luces”. Sara continúa organizando la mercancía que le acaban de entregar y muestra las alpargatas que recibió en marzo para San Fermín.

Emilio Giménez: “La Estafeta se ve más seria, pero recuperará su luz y la gente”. Llegó el 4 de abril de Valencia para celebrar el cuarto peldaño. Antes de cenar, visitó al Santo, se sentó en el Caballo Blanco y paseó por la Estafeta. “Ahora se ve la Estafeta más seria que antes, pero recuperará la luz y la gente. He reservado  hotel en San Fermín hasta el año 3.000”, ríe.
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Emilio Giménez: “La Estafeta se ve más seria, pero recuperará su luz y la gente”. Llegó el 4 de abril de Valencia para celebrar el cuarto peldaño. Antes de cenar, visitó al Santo, se sentó en el Caballo Blanco y paseó por la Estafeta. “Ahora se ve la Estafeta más seria que antes, pero recuperará la luz y la gente. He reservado hotel en San Fermín hasta el año 3.000”, ríe.Iván Benítez
Emilio Giménez: “La Estafeta se ve más seria, pero recuperará su luz y la gente”. Llegó el 4 de abril de Valencia para celebrar el cuarto peldaño. Antes de cenar, visitó al Santo, se sentó en el Caballo Blanco y paseó por la Estafeta. “Ahora se ve la Estafeta más seria que antes, pero recuperará la luz y la gente. He reservado  hotel en San Fermín hasta el año 3.000”, ríe.

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Las furgonetas de carga y descarga comienzan a desaparecer a las once y media. A esta hora, el sol derrota en una Estafeta que incomprensiblemente no huele a garroticos de chocolate, ya que Pastas Beatriz está temporalmente cerrada por obras. Entre la sombra, sobresale el paso tranquilo de Emilio Giménez. Desde que el alcalde confirmó la celebración de las fiestas, este corredor valenciano de 60 años no ha dudado en viajar a Pamplona y disfrutar del cuarto peldaño de la escalera. La primera vez que corrió, dice, lo hizo con su padre a los 14 años.

Un matrimonio irlandés visita Pamplona en busca de las huellas de Hemingway. “Nos parece una ciudad tranquila y limpia, pero reconocemos que nunca hemos visto los encierros, ni siquiera por televisión”. Pasean y el reloj de la cuenta atrás los termina de atrapar. Se quedan mirándolo, ensimismados. “¿Por qué va hacia atrás?”, preguntan.

9 de abril. Más de 40 gigantes de los barrios de Pamplona encaran la Estafeta a las doce del mediodía. “Después de más de dos años sin organizar apenas actividades en nuestros barrios volvemos a ponernos en marcha con el fin de volver a celebrar los principales eventos culturales que llenan nuestros barrios de color, música y alegría”, destacan desde la plataforma Auzoak, coordinadora de las comisiones. Un fotógrafo sonríe al detectar el miedo en los más pequeños. “Aquí hay muchos que están debutando hoy”.

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