semana santa en pamplona
Un relevo entre padre e hijo, tres hermanas y dos estrenos: 4 historias de la procesión de Pamplona
Este Viernes Santo de 2022 marcará una página con el regreso de la procesión del Santo Entierro, tras dos años de calles en blanco por la pandemia. Unas 2.000 personas lo harán posible. Llega con novedades y con buen tiempo y ausencia de lluvia.


Actualizado el 15/04/2022 a las 09:42
La procesión de este Viernes Santo de 2022 marcará un hito en la escalera de fechas para la historia en Pamplona. La mayor manifestación catequética en un recorrido de más de dos kilómetros, regresará a las calles de la ciudad después de los dos años interrumpidos debido a la elevada incidencia de la pandemia de covid.
Unas 2.000 personas lo harán posible en la Hermandad de la Pasión del Señor, entre portadores de los pasos, figurantes de los distintos grupos alegóricos y las personas que trabajan en la trastienda, que no son pocas. Las predicciones meteorológicas no anuncian lluvia y el único inconveniente, en este caso para los portadores, podría ser la elevada temperatura.
La Hermandad apunta que dedica todos los años una buena parte de su presupuesto a la mejora y mantenimiento de pasos y grupos y hoy muestran el resultado con distintas novedades. Una de ellas es la incorporación de un grupo de arqueros auxiliares del ejército romano porque “la Hermandad quiere mostrar de forma real el mundo en el que Cristo vivió”.
La historia de la procesión

Por otro lado han renovado la iluminación del paso del Sepulcro, mediante paneles tipo led. Con ellos mejora la perspectiva lumínica de la figura, así como los relieves de Ramón Arcaya que Víctor Eusa colocó en las andas.
Y la novedad “más destacable, que ya fue anunciada antes de la pandemia, pero ha debido ser pospuesta hasta este año es la presencia del Lignum Crucis de la Hermandad, que procesionará como una muestra y testigo real de lo que se representa por las calles pamplonesas”.
Los grupos alegóricos toman cada vez mayor relevancia en esta procesión narrativa, al estilo de las castellanas, aunque con una imaginería más cercana a la escuela andaluza.
Nutren la escenificación de personas jóvenes. Es el caso de las hermanas Beatriz, Cecilia y Myriam Ciriza Bretos, que representarán a Las Tres Marías. También hay relevo generacional en los pasos. Un ejemplo entre tantos es Jaime Bravo, 19 años, que ha esperado en blanco 2020 y 2021 y este año se estrena como portador del Descendimiento. La Hermandad sacará a la calle trece pasos. Serán catorce en la Semana Santa de 2023, cuando prevén estrenar la imagen del Cristo Resucitado para el domingo del Pascua. Lo tallará el artista sevillano Rafael Martín y la Hermandad agradece el apoyo económico para el proyecto.


José Carlos y Mateo Alemán: Del padre romano, al hijo portador
La de José Carlos Alemán Noáin y Mateo Alemán Armendáriz es otra historia que avala el relevo generacional en las familias de Pamplona en la Hermandad de la Pasión. El padre ha sido miembro de Junta y ahora es jefe de los grupo de romanos. Mateo, el benjamín de sus tres hijos, 17 años, era mozorro desde 2014, pero antes estuvo en la guardia de honor o en el pueblo judío. Y este año será uno de los portadores del Cristo Alzado. Apunta el padre entre bromas que ha sido una pequeña traición: “Ha preferido un paso que los romanos”. “Me llamaba más”, arguye Mateo, que ya se estrenó el miércoles de Ceniza, cuando trasladaron el paso a la catedral. Y ha participado en los vía crucis cada viernes. Son entre 40 y 50 portadores. Hace falta una edad y una envergadura, “algo de fuerza”, matiza Mateo, con sus ojos azules y una conversación seria, en la que apenas deja escapar alguna sonrisa. Lo contrario de su padre, que pasea sus mismos ojos, pero ríe cada ocurrencia. Y dice él, José Carlos, que lo de este año es un poco “como volver a empezar”. “Una alegría, regresar a la normalidad, poder procesionar, estar con la gente y participar de los actos de Semana Santa. Es una sensación extraña, por un lado piensas que algo va a suceder y no va a salir el cortejo, pero cuando realmente salga va a ser una alegría enorme. Todos lo hemos sufrido y esto es un paso más”, reflexiona Alemán. Estuvo en Junta ocho años, en vestuario, y salió “el año en que ya no se celebró”.“ Todos los años se intenta evolucionar, mejorar....subraya que en este 2022 estrenarán una serie de arqueros romanos. El traje es el que aparece en la imagen. Es un grupo de cinco personas y se completará con otras ocho. Se ha vestido para la fotografía en una tarde ajetreada, como tantas en vísperas de la Semana Santa. Acaba de traer ramos de olivo para repartir en la catedral, la hermandad y alguna parroquia y en cuanto se cambie arrancará su vieja Nissan Vanette e irá a recoger laurel, “cosas que no se ven, y a veces ni se saben, pero también hay que hacer”, suscribe.
Mateo, estudiante de grado medio de Informática, tiene dos hermanos mayores, Luca y Nico, de 24 y 23 años. Ellos, este viernes portarán la imagen de la Dolorosa, con la Hermandad de la Paz y la Caridad.


Beatriz, Cecilia y Myriam Ciriza Bretos: Tres hermanas en el papel de Las Tres Marías
Beatriz, Cecilia y Myriam Ciriza Bretos son hermanas. Tienen rostros diferentes, pero la misma luz en los ojos. Se retiran la mascarilla y sonríen, contentas de poder participar un año más en la procesión del Santo Entierro de Pamplona, su ciudad, la que recorren cada día para ir a estudiar, a la universidad, la colegio, al conservatorio, o a ensayar a la capilla de música de la catedral. Pertenecen a la Hermandad de la Pasión desde que nacieron, como sus otros cuatro hermanos, como sus padres, Carlos y Mercedes. “Nuestro bisabuelo materno era portador de La Flagelación y desde entonces se ha tomado el relevo generacional”, explican las hermanas que este viernes estrenarán papel en la procesión: Las tres Marías.
Beatriz, 21 años, se acaba de graduar en Magisterio Musical en la Universidad Pública de Navarra; Cecilia, de 20, estudia segundo curso también en Magisterio y cuarto de Canto en el conservatorio Pablo Sarasate. Myriam tiene 18 y terminará segundo de Bachiller sin saber muy bien qué rumbo tomará luego. “Lo pensaré en Semana Santa”, resuelve divertida. Beatriz estudió guitarra en Joaquín Maya; Myriam, percusión. La música siempre ha estado presente en casa. “Nuestra madre nos ha inculcado el valor de la música”, coinciden. Casi de la mano del vínculo con la Hermandad. Desde bien niñas salían en procesión como parte del Pueblo Judío; luego en la guardia real, de mozorritos, de romanos y también como la Verónica. “Este era el que nos faltaba y nos hace mucha ilusión”, no tamizan la emoción. “Y más después del covid, teníamos muchas ganas de volver a participar, de encontrarnos de nuevo con la tradición”, apunta Beatriz. Toda la familia participa de algún u otro modo. Su hermana mayor, Marta, 27 años, fue la primera mujer en salir de romano en la procesión y este año cantará con el Pueblo Judío; el pequeño Josemi, de 12 años, será uno de los romanitos.
Las hermanas llevarán los vestidos y velos con los que aparecen en la imagen de este reportaje. Son personajes alegóricos, mencionados en la Biblia, que la procesión ha ido recuperando en estos años. Las Tres Marías se nombran en los evangelios canónicos y las sitúa en la crucifixión y en el entierro de Cristo.


Isabel Goñi Chocarro: El Lignum Crucis, por primera vez en la procesión
En el oratorio de la Hermandad está presidido por un Lignum Crucis o leño de cruz, un trozo, una pequeña astilla, de la cruz en la que murió Cristo. La recibieron entre los bienes de la Hermandad del Cristo Alzado. Se conserva en un relicario, con una cruz de plata, de 30 centímetros. En el centro tiene un medallón oval y en su interior se aloja la teca con la reliquia. Por primera vez, el relicario se mostrará en procesión. Será este Viernes Santo y lo portará Isabel Goñi Chocarro. De 61 años, lleva desde niña en la Hermandad, con sus padres y ahora con su marido, Carlos Mendiluce, uno de los portadores de La Caída. El relevo generacional se encaminó también a los dos hijos del matrimonio, aunque su carrera profesional les llevó a Madrid, donde ahora viven. Isabel ha estado ocho años en la Junta de la Hermandad. Le correspondió atender en los cuatro primeros años las relaciones exteriores, con otras hermandades, o las visitas guiadas. En la segunda parte fue responsable de vestuario.
Para Isabel, portar el Lignum Crucis es “lo primero un honor”. “Y lo segundo, estoy muy agradecida de que la Hermandad se haya acordado de mí”, añade Goñi, médico de familia en el centro de Salud de Iturrama.
Procesionará cerca del paso del Cristo Alzado, que saldrá de la catedral. Irá entunicada, de negro y con la caperuza blanca, precedida de unos acólitos con incensario.
En la base del relicario se lee la siguiente inscripción: “De la Hermandad del SSMMO Cristo Alzado de Pamplona. 1845”. Según escribió el historiador Emilio Quintanilla en la revista Mozorro, “el relicario lleva varias marcas de platero: las letras PP coronadas, que indican que se realizó en Pamplona, 45, el año de su ejecución, 1H45, y su autor, D. Udabe. Udabe es el apellido de varios plateros que marcaron distintas piezas en Navarra durante el siglo XIX”.
Y los datos que proporcionan las inscripciones, apunta Quintanilla, “son confirmados por un documento que se encuentra en su interior, en la base, que se cierra con una tapa en la que se lee: Aquí está la auténtica.
Dentro, en un papel plegado en múltiples dobleces, hasta hacerlo caber en ese espacio, está precisamente el documento emitido en Roma por Fr. Joseph Ma Castellani, obispo de Porphyreon, que certifica que la reliquia es un trozo de la Cruz de Cristo, extraído de otra de demostrada autenticidad”.
A la vuelta, escrito a mano, se lee el permiso que otorgó el vicario general de la diócesis, don Miguel José de Irigoyen, para que se diese culto a esta reliquia, colocada en un relicario hecho ex profeso y a expensas de la Hermandad del Cristo Alzado, para el trozo de Lignum Crucis traído de Roma y regalado en 1845 a esa hermandad por su entonces prior, Antonio Lipúzcoa”.
El relicario, subrayaba Quintanilla, “sigue cumpliendo el cometido para el que fue hecho en su día, ser el marco y custodia de una reliquia que da testimonio visible de la pasión de Cristo”.


Jaime Bravo Eslava: Se estrena como portador con 19 años
El de Jaime Bravo Eslava ha sido un recorrido un poco a la inversa en la Hermandad de la Pasión del Señor y en la procesión del Santo Entierro. Participan en familia, pero han sido las generaciones más jóvenes las que han llevado de la mano a sus padres. Jaime, 19 años, estudiante de segundo de Historia en la Universidad de Navarra, vecino de Pamplona, pertenece a la Hermandad desde hace una década y este Viernes Santo será portador por primera vez, en el Descendimiento, paso junto al que desfilaba como mozorro desde los 16 años.
Antes había participado dentro Pueblo Judío, uno de los grupos alegóricos del Viejo Testamento; también de “romanito” y en el arca de la Alianza. “Íbamos a ver la procesión en Viernes Santo familia, un amigo que llevaba más años me propuso entrar, nuestros padres hablaron y así nos apuntamos”, explica que se hubiera estrenado como portador en la procesión de 2020, de hecho ya le habían confeccionado el traje. De modo que han sido dos años largos de espera. “Aquel 2020 ya tenía ganas, y este año muchas más”, descubre que sus dos hermanas pequeñas, Myriam, de 15 años, y Lucía, de 12, participarán en la procesión como mozorros en el mismo paso del Descendimiento.
“Ser portador me hace sentir orgulloso, no es lo mismo ir a ver la procesión que participar en ella desde dentro, es un sentimiento muy profundo para una persona católica y practicante”, reflexiona. “Me llena de orgullo portar la imagen de Cristo en la Cruz”, describe y reconoce que “de pequeño” le costaba más seguir el ritmo y los tiempos de la procesión, a veces complicados para la espontaneidad de un niño. “Pero una vez siendo mayor y con más conciencia se ve desde otra perspectiva”, sostiene.
Jaime Bravo coincide con varios amigos en la procesión, suyos y de su padre. Y sobre todo con aquel que le animó a entrar en la Hermandad, Javier Cortijo. “Este año también él sale como portador en el Descendimiento, de manera que es como completar el círculo”, señala Jaime.
Los dos llegarán el viernes a media tarde al número 13 de la calle Dormitalería, la sede de la Hermandad que es ese día y en ese tiempo, un hervidero de personas que van y vienen, de preparativos para organizar una procesión con unas 2.000 personas.
El paso del Descendimiento se encargó en 1905, año en que se suspendió la procesión y la Hermandad pudo ahorrar algo de dinero. Castellanas es el autor de la obra que pesa 1.712 kilos y precisa de 32 porteadores. Sus medidas: 5,15 metros de alto; 2,45 de ancho, 4,10 de largo.
Tanto Jaime como Javier Cortijo saldrán también como portadores en el paso del Cristo en la procesión del domingo de Resurreción.
Como estudiante de Historia, Jaime Bravo bucea también en las páginas que ha escrito la Hermandad y la misma procesión en Pamplona. “Sí, me interesa la historia y, por supuesto, la de mi ciudad”, acuña el joven.
Galería histórica de la procesión de Pamplona
