Árboles

Pamplona y su comarca suman 474 secuoyas, la mayoría gigantes

El arquitecto jubilado Javier Unceta ha clasificado casi medio millar de estos gigantes en Pamplona y la cuenca

Cuatro ejemplares ubicados en Mendillorri, en la zona este de los jardines y que muestran las características de estas poderosas coníferas
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Cuatro ejemplares ubicados en Mendillorri, en la zona este de los jardines y que muestran las características de estas poderosas coníferas
Cuatro ejemplares ubicados en Mendillorri, en la zona este de los jardines y que muestran las características de estas poderosas coníferas

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R. Mendiri

Publicado el 08/12/2021 a las 06:00

Desde pequeño me han atraído las secuoyas, tal vez por el recuerdo de infancia y el impacto producido por el ejemplar del jardín del Gobierno de Navarra de Pamplona. Un árbol tan alto, tan frondoso, tan grande y con un tronco tan grueso”. Así comienza la pequeña memoria que ha redactado el arquitecto pamplonés Javier Unceta Morales (1950) en un documento breve, pero que constituye un inédito y sorprendente estudio sobre la presencia, más que abundante, de secuoyas en Pamplona y la comarca. En dos años de trabajo, en los que identifica, fotografía, evalúa y archiva las secuoyas que conviven en nuestro entorno urbano, ha contabilizado nada menos que 474 ejemplares.

Más de uno se habrá quedado boquiabierto ante tal profusión de este gigante vegetal, que en condiciones favorables -como las que se dan en el parque Yosemite de California- puede alcanzar más de 100 metros de altura, hasta 2000 toneladas de peso y vivir más de 2000 años. Es el ser vivo más longevo, más voluminoso y con más biomasa del planeta. Pues bien, en Pamplona y su cuenca podemos disfrutar de casi medio millar de ejemplares, que hasta en un 85%, pertenecen a la especie, aclara Unceta, sequoiadendrum gigantea, la más grande. Y podrían ser bastantes más. El trabajo de Unceta no está terminado, aunque ya plantea varias rutas de la secuoya en Pamplona y la cuenca.

LOS 4 EJEMPLARES CLÁSICOS

En la cultura popular, quizás el más casta de los pamploneses es capaz de citar cuatro secuoyas representativas de la capital navarra: la del jardín del Gobierno, la del parque de la Media Luna, la del jardín del INAP y el ejemplar de la Taconera, muy próximo al portal. Pero es que son muchísimas más, 470 más, de momento.

“Para no ser árboles autóctonos porque proceden de California, es un número muy considerable. En otras ciudades de España y de Europa nunca he visto tantas”, asegura este arquitecto ya jubilado, conocido con el sobrenombre de ‘Zoco’ y que ha desarrollado buena parte de su ejercicio profesional entre Aragón y Navarra. Actualmente, es uno de los consejeros asesores de la Fundación Ecodes (ecología y desarrollo), con sede en Zaragoza.

La historia de las secuoyas en Navarra se remonta a los tiempos de los indianos, los navarros que se fueron a hacer “las américas” sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del XX y que volvían más acomodados y también seducidos por la flora de sus países de destino. Como cuenta Unceta, así llegó a Pamplona la secuoya más popular de la ciudad, la del palacio del Gobierno foral. Según recoge en su memoria Unceta, fue José María Gastón y de Echevertz el que trajo el árbol de California con la idea de plantarlo en su casa de Irurita.

Pero fue nombrado diputado y decidió que quería la secuoya cerca de su despacho, en la entonces Diputación Foral cuyo traslado se produjo en el invierno de 1855 y 1856. Según reporta el historiador local José Joaquín Arazuri, este ejemplar con un porte de más de 35 metros, fue alcanzado en 1933 por un rayo, pero su estado de conservación es bueno. Otro ejemplar de aquella época, ubicado en el jardín del INAP, también recibió el impacto de un rayo, que lo dejó en una situación más delicada.

“Con el tiempo se adquirió la costumbre de poner secuoyas en Pamplona porque han arraigado bien, supongo. Y esto ocurrió durante buena parte del siglo XX. Aunque el mejor sitio de secuoyas es el campus de la Universidad de Navarra”, observa Unceta. Exalumno de la escuela de Arquitectura del campus pamplonés, asegura que cuando entró en la universidad hace más de 50 años, los árboles eran ejemplares pequeños. “Hoy ya miden más de 30 metros”, advierte.

La gran pregunta es: ¿cabe la posibilidad de que estos árboles, todavía ‘bebés’, alcancen esa altura cretácica, fuera de la escala humana, como los árboles de California? “Nadie lo sabe. ¿Vamos a vivir mil años para ver su evolución?”, pregunta retóricamente. Y matiza: “Yo creo que no hay condiciones de suelo óptimas porque el sustrato de Pamplona es tufa. Yo me temo que las raíces no profundizarán mucho. Pero, quién sabe. No vamos a conocerlo hasta dentro de 100 o 200 años...”, insiste.

El arquitecto jubilado Javier Unceta, autor del estudio
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El arquitecto jubilado Javier Unceta, autor del estudioJ. A. Goñi
El arquitecto jubilado Javier Unceta, autor del estudio

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EL VIEJO ANHELO

Todo es posible. Las secuoyas de Pamplona son, en su largo espectro temporal, apenas unas crías. Nuestra vida es un pestañeo en la de estos ejemplares. Javier Unceta lleva dos años dedicado a esta pasión que llevaba tiempo acariciando. Y un accidente de tráfico, ocurrido en mayo de este año y con una víctima mortal -el conductor del coche que se estrelló contra el vehículo de Unceta y su mujer- casi apea a este arquitecto de ese anhelo que acariciaba desde antes de la jubilación: poder dedicarse a disfrutar de la naturaleza. Aquel accidente también truncó un viaje a California para conocer los ejemplares de más de 100 metros de altura. Para hacernos una idea, el Edificio Singular, el más alto de Pamplona, mide 70 metros.

Con todo, Unceta persigue varios objetivos con su estudio: la conservación de los ejemplares existentes -“hay algunos en Berichitos que se están muriendo”, advierte-, que se sigan plantando más ejemplares y que se pudiese dedicar en el futuro un pequeño bosque urbano de secuoyas en alguno de los parques nuevos de Pamplona o de los ya existentes.

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