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Pamplona

Le piden dos años de cárcel por tirar huevos a su vecina durante diez meses

Pese a los vídeos, lo negó en el juicio: “Vivo en Madrid, el inquilino era mi hermano”

Vista de la calle Arrieta, donde ocurrieron los hechos
Vista de la calle Arrieta, donde ocurrieron los hechos JESUS CASO
Actualizado el 02/10/2021 a las 09:41
Tiene 87 años, es viuda y apenas recibe visitas en su piso, por el que camina en zapatillas de casa. Nunca, en los 47 años que lleva viviendo en la calle Arrieta de Pamplona, ha tenido problemas con los vecinos. Hasta que en 2017 llegó un nuevo inquilino al piso de abajo, al sexto. A raíz de una queja por unos supuestos ruidos, la mujer comenzó a recibir, un día sí y otro también, de día y de noche, en primavera y hasta con nieve, el lanzamiento de huevos contra su puerta y su terraza; con tal intensidad que necesitó contratar una empresa para la limpieza. Había vídeos que pillaron in fraganti al vecino. Pero el viernes en el juicio en el Penal nº 3, cuando todo apuntaba a un acuerdo por las pruebas y las peticiones de cárcel (la fiscal pedía 15 meses y la acusación particular 2 años), el acusado lo negó: dijo que vive en Madrid, que solo ha estado un día en Pamplona y que el inquilino del piso era su hermano. “Nos confunden bastante, preguntadle a él”.
Declaró desde Madrid por videoconferencia e interrumpió varias veces el interrogatorio con enfado. “¿Quién dice que soy yo el de los vídeos? Porque no soy yo, nunca he residido en Pamplona ni conozco a nadie allí”. En la decena de grabaciones efectuadas para la investigación, emitidas en el juicio, se apreciaban dos terrazas en forma de escalera y cómo desde la de abajo una persona lanzaba huevos a la de arriba. Era un hombre de unos 50 años, calvo y con gafas, muy parecido al acusado. Y según él, también a su hermano.
Aseguró que solo ha estado en Pamplona una vez, a finales de 2016, para reservar un piso para su hermano, que es el que se encargó de los demás trámites y pagos con la inmobiliaria. “Él vive en Estados Unidos. Es médico cirujano en traumatología y trabaja en la Universidad de Minnesota. Esporádicamente venía a la Clínica Universitaria, por eso necesitaba el piso. O eso me dijo”. Su hermano no declaró en el juicio, ni tampoco su hermana, de la que dijo que vive en Londres, de ahí que él tenga que cuidar a sus padres, ya mayores, lo que le impide moverse de Madrid, aseguró. Tampoco podía pagar un piso en Pamplona entre marzo de 2017 y la noche de Reyes de 2018, periodo en que se produjeron los lanzamientos de huevos. “Soy consultor de marketing, pero desde 2013 no trabajo”, alegó.
"PASÉ MIEDO"
En el juicio, una vecina no pudo reconocerlo a través de la pantalla. La administradora, al contrario, fue tajante. “Sí, sí, es él, hasta con la mascarilla digo que es él”. La vecina del séptimo, la víctima, no lo pudo asegurar. “Sin mascarilla, puede”. Lo que sí recordaba con nitidez es que todo empezó una noche, entrada la madrugada, cuando llamaron al timbre, “Subió el vecino de abajo y me dijo que dejara de dar patadas. Le respondí que estaba en la cama, pero me dijo que si seguía así iba a llamar a la policía”. A partir de ahí, le rayaron la puerta, el buzón, y empezaron los lanzamientos de huevos.
Ella solo le vio hacerlo una vez. “Salí a la terraza y me llamó ‘hija de puta’, me tiró un huevo que no me dio y me preguntó que a ver a qué hora iba a ir a misa. ¿Cómo sabía que iba a misa?, ¿me seguía?”. Durante esos meses, sintió “mucho miedo”: “Fue un montón de veces, y me ponía la casa perdida. No podía ni salir del piso, la terraza era un charco de huevos”, contó la mujer, que tuvo que ser atendida con por tensión alta.
Aseguró que intentó varias veces hablar con el vecino del sexto, pero no le abría la puerta. También puso una cámara falsa en la puerta, “pero la arrancó”. Y como los ataques eran persistentes, contactó con la propietaria del piso y la inmobiliaria, donde les dieron el nombre del acusado. “Solo podía ser él. Desde que se fue no ha vuelto a pasar nada”, dijo. Una vecina resaltó lo mal que lo pasó la víctima: “Fue un problema grande para ella. Lo vivió con mucha ansiedad y angustia”, declaró la testigo, médico de profesión y que todas las mañanas se despertaba antes para ayudar a la denunciante con la suciedad.
El problema afectó a la comunidad hasta el punto de celebrar dos asambleas. “Tuvo que ser él, salvo que se lanzaran con una catapulta o lo hiciera un lanzador de jabalina, solo pudo ser él”, apuntó la administradora. En el turno de última palabra, el acusado lo volvió a negar. “Lamento la situación de esta señora, que a todos nos conmueve y solo le deseo salud y felicidad, pero debería hablar con mi hermano, él le podrá ayudar”.
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