Pamplona

La despedida de los Gigantes... ¡a 4 metros de altura!

Cerca de 2.500 personas disfrutaron del pase final del verano
Cerca de 2.500 personas disfrutaron del pase final del verano. Cordovilla

Noelia Gorbea

Publicado el 04/09/2021 a las 18:37

Son las miradas honradas las que transforman los reflejos en intenciones completamente transparentes, en deseos sobre los que emana la certeza del paso que se persigue dar. Es ese instante preciso en el que la pupila refleja un pequeño pálpito de nerviosismo, acompañado de cerca por la expectativa más insistente: la de los más pequeños de la casa.

Manos de tamaño menudo que se aferraban ayer a sus padres en busca de un baile al que mirar, con la sana intención de rastrear hasta el más mínimo detalle de cada una de sus figuras favoritas. Josemiguelerico, Josephamunda, Esther Arata, Toko Toko... Un mundo por explorar en el estreno de este mes de septiembre.

Nada más acceder al recinto acotado de la Ciudadela, las espaldas de las cuatro parejas de reyes más especiales de Navarra daban la bienvenida a las 800 personas llamadas a cada una de las siete sesiones repartidas a lo largo del día, las estrictamente permitidas por aforo y sesión. En 33 filas. Ni una más, ni una menos. Y simplemente esa visión de esas capas y coronas sirvió para despertar las primeras sonrisas de complicidad en la última cita del verano. San Fermín no pudo ser. Como tampoco San Fermín Txikito. De ahí que ver a los integrantes de la Comparsa en directo tuviera un cariz tan exclusivo.

CERCANÍA OBLIGADA

La primera de las sesiones arrancó a las diez de la mañana, cuando el sol todavía no había terminado de calentar. Luces y sombras en un primer espectáculo de 20 minutos que permitió bailar, aunque sea con los pies y sin despegarse del asiento, a mayores y pequeños. Incluso bebés. “Cuando dan vueltas mueve las manos, es graciosísima”, afirmaban los padres de Haizea Valencia, pamplonesa de siete meses. “Nos gustaría que sea tan sanferminera como nosotros, así que aquí estamos”, añadía sonriente Carla Gómez, su madre.

Melodías intercaladas con la lectura de una emotiva carta entre un abuelo y su nieto, al que invitaba a vivir los Sanfermines y regresar desde Madrid cuando “este bicho nos lo permita”. Abrazos enlatados en una misiva que no obviaba detalle sobre lo espectacular de encontrarse con la comparsa por las calles de Pamplona. “¿Tú sabes que los que bailan juntos son novios?”. Rigurosidad científica en el parecer de los 5 años de Xabier. Atenta, su hermana Haizea, de 3 “pero casi 4”, asentía, mientras su padre, José Ignacio sonreía tras la mascarilla.

Estampas de disfrute. Como en la entrada triunfal del Alcalde, con sus ojos en perpetuo movimiento, las risotadas de Caravinagre o las embestidas de dos zaldikos. Incluso la Abuela y Japonesa quisieron aparecer en los devenires de un espectáculo que quedó inmortalizado en miles de móviles. “Yo me he traído la cámara de fotos, que siempre salen mejor”, defendía Lucía Miguéliz, de 13 años, y quien acudió con su tía Susana y su hermana Pilar.

Y en un abrir y cerrar de ojos, las 11 horas. Una nueva actuación y otros 800 corazones a los que conquistar. “La gente está respondiendo muy bien”, decían desde la organización, donde hacían hincapié en ‘estacionar’ los carritos de los niños en la parte final del recinto. Y entre aplausos y sonrisas, cerca de 2.500 personas disfrutaron de un impass sanferminero a días del inicio lectivo. “El broche perfecto”. 

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