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Temperatura

Diez grados de diferencia en seis puntos del centro de Pamplona


Un recorrido, termómetro en mano,  arroja notables diferencias de casi diez grados en escasa distancia y diferencia horaria

Alberto Pascual con el termómetro a 44º a las 16.15 h.  en Merindades
Alberto Pascual con el termómetro a 44º a las 16.15 h. en MerindadesP.F.L
Publicado el 14/08/2021 a las 06:00
Sin el propósito de extraer conclusiones científicas, un paseo periodístico por el centro de Pamplona este viernes por la tarde, entre las 16 y las 17.30 horas, termómetro en mano, arrojaba diferencias de varios grados de temperatura en escasa distancia, algo más de dos kilómetros desde la Plaza de la Libertad al puente de Curtidores, en la Rochapea, con un desvío para llegar al punto más alto de la ciudad, en la catedral, y otro más con el fin de alcanzar uno de los rincones más frescos, la belena de Portalapea, en San Saturnino. A la sombra la diferencia rondaba los cinco grados entre el entorno del monumento a los Caídos (32º) y la plaza de Merindades (36,5); al sol el termómetro despuntaba allí hasta los 44,5 grados.
“Hoy se está mejor, ayer esto era un horno, 34 grados, me fui corriendo a casa”, describía Lizzety Martínez, 47 años, sentada a las cuatro de la tarde en un banco a la sombra en la plaza de la Libertad, acunada por el sonido del agua y una ligera brisa en una especie de refugio climático. “Sí, aquí aún se está mejor, si bajas Carlos III sientes que te mueres”, apuntaba esta vecina de Orkoien, que trabaja en el segundo Ensanche.
“Esto no es nada, la semana pasada estuve a 39 grados a la sombra a las seis de la tarde en Andújar, Jaén. Estoy por echarme un chal”, trataba de ablandar el calor a base de humor Alberto Pascual Catalán, al tiempo que mostraba en su móvil una fotografía como prueba de su testimonio. Acompañado de tres amigas ponía buena cara al sol antes de coger la villavesa camino de Burlada en Merindades, a las 16.15 horas, con 44,5º al sol, ocho menos a la sombra.
LA SALA DE ESTAR DESIERTA
El intenso calor alejó a los pamploneses de su sala de estar al aire libre, la Plaza del Castillo. Casi desnuda de paseantes se mostraba ayer a las 16.30 horas; los bancos vacíos, mientras las palomas se remojaban en las fuentes del quiosco. Algo más concurrida estaba la plazuela de San José, detrás de la catedral. A la sombra de los árboles y al fresco de la fuente descansaban Ane Aramendia Martínez y Carlos Ruiz de Valbuena. Ambos de 21 años, ella es de Pamplona, él de Madrid, aunque pasa el verano en Huerta del Rey, Burgos, donde “por la noche hace falta la sudadera”. “Pero en Madrid no se puede estar en verano, hay que escapar”, contaba Carlos, resignado con el calor de Pamplona. “No sabía que este lugar fuera uno de los más frescos, hemos venido por la sombra”, añadía Ane.
El sol azotaba inmisericorde la fachada de la catedral de Pamplona, donde el mercurio escalaba cuatro metros en segundos. Eran las 16.45 horas y un nutrido grupo de turistas atendía exhausto, pero paciente las animosas explicaciones de una guía. Al otro lado de la muralla, ya en la Rochapea, en el puente de Curtidores sobre el río Arga, el termómetro tampoco se mostraba indolente: 34,2º a la sombra, y 39,2º al sol. El cauce solitario y sobre él, quienes cruzaban el puente camino o de vuelta del ascensor de Descalzos. Eran ya las 17.30 horas y la ciudad parecía despertar.
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