Historias

Joaquín guarda los cimientos del Amaya

Uno de los fundadores de la ciudad deportiva Amaya, de apellidos Reta San Martín y en puertas de los 90 que cumple este domingo, atesora decenas de documentos y fotos del devenir de Pamplona décadas atrás. Su deseo: compartirlos

Joaquín Reta San Martín, en su casa rodeado de documentos y recuerdos
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Joaquín Reta San Martín, en su casa rodeado de documentos y recuerdos
Joaquín Reta San Martín, en su casa rodeado de documentos y recuerdos

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Pilar Fdez. Larrea. Pamplona

Publicado el 12/08/2021 a las 06:00

Joaquín Reta San Martín atesora retazos de la vida de Pamplona, muchos los pasea en la memoria, otros los guarda en papel y de buena parte ha sido protagonista. Fue fundador y socio número 1 de la ciudad deportiva Amaya; también fundador de la peña Irrintzi, empleado de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona y nacido en el palacio del Marqués de Rozalejo, donde su familia vivía de alquiler por 6,5 pesetas. El domingo cumplirá 90 años, hace pocos años sufrió un ictus que ha conllevado un quebranto en sus desplazamientos por la ciudad y al entrar en su novena década trata de ordenar todos los documentos que conserva y entregarlos a quien le puedan servir. Llamó a este periódico para ofrecerlos.

Cuenta Joaquín Reta que la ciudad deportiva Amaya se llamó durante unas horas Errotabe, pero la toponimia no logró consenso y pusieron sobre la mesa una decena de nombres. Él era una de las diez personas en la sala y aquello fue la guinda de un proceso bastante más largo que se inició con la compra de los terrenos tras plantear la idea en una tertulia con Fernando Millor en la misma peña Irrintzi. La intención era “hacer algo de deporte”. Se fijaron en un terreno que quedaba oculto entre los árboles bajo la Media Luna. Compraron 41.000 metros al colegio La Salle y luego otros 160.000 en la ampliación. Estos son solo algunos de los detalles que Joaquín describe. “Siempre me ha gustado documentarme y guardar todas las notas y documentos”, rescata de las carpetas algunos bien curiosos como la carta de la Fonda Otano de la calle San Nicolás de 1936. De la ensalada, la sopa de pescado los potajes y las paellas a 50 céntimos de peseta; a los pescados como la langosta a 3 pesetas, la trucha a dos, o la merluza a 1,50; luego las carnes: cordero asado a 2 pesetas, al chilindrón a 1,75 o la ternera a 1,5; y entre los varios, los menudos de cordero y de pollo, callos, tortillas y huevos con jamón, también rondando la peseta y media.

Las fotos antiguas de Osasuna, de la peña Irrintzi o de sus tiempos en la Caja Municipal con Miguel Javier Urmeneta, “una persona y un alcalde excepcional que, creo, no tiene ni siquiera una calle en Pamplona”, lamenta Joaquín Reta.

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