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Pamplona

Orvina muda de piel

Javier González (presidente de la agrupación Orvina II), Ana Bretaña (arquitecto), Ainhoa Salcedo e Idoia Arriaga (colonia San Miguel), Marcelo Zazpe (Orvina II), Lourdes Moreno, Garbiñe Zuazo (Orvina II), Mikel Ucar (cooperativa Santiago), Carmen Elizari (Orvina II) e Íñigo Marcilla (arquitecto técnico), frente a los bloques de la calle Fermín Daoiz de Orvina III.
Javier González, Ana Bretaña, Ainhoa Salcedo, Idoia Arriaga, Marcelo Zazpe, Lourdes Moreno, Garbiñe Zuazo, Mikel Ucar, Carmen Elizari eÍñigo Marcilla, frente a un edificio rehabilitado en Orvina IIIJesús Garzaron
Actualizado el 29/07/2021 a las 23:11
La eficiencia energética está cambiando la fisonomía de la Txantrea, en especial de Orvina II y III, esta parte del barrio nacida en los años 70. Las fachadas ventiladas de aire metálico ocultan los bloques prefabricados del hormigón. “Ahora es un barrio nuevo”, coinciden los vecinos, que junto al ahorro en calefacción, destacan el “confort y la calidad de vida”. Muchos de ellos han dejado atrás décadas de humedades, condensaciones y techos enmohecidos. Detrás de ello hay una inversión prevista de 59 millones de euros, de la que ya se han ejecutado más de 44 millones. Las ayudas europeas y las del IDAE del gobierno central van a cubrir en torno al 60% de la inversión, explica Nasuvinsa, empresa pública del Gobierno de Navarra responsable de la iniciativa.
El de la Txantrea es el proyecto de regeneración energética más grande a nivel nacional, reconocido con varios galardones”, explica Ana Bretaña, que dirige el equipo de Nasuvinsa que lleva a cabo el proyecto. Iñigo Marcilla, Amaya González e Iñigo Monreal completan el equipo, que desde 2014 ha mantenido cientos de reuniones con vecinos, resolviendo dudas y agilizando trámites desde la oficina Efidistrict en la calle Huarte 32 en la Txantrea.
Orvina II y III suman 61 bloques o portales con 1.900 viviendas. En la primera fase se rehabilitaron 19 de ellos. Ahora está en marcha la segunda fase, que afecta a 30 portales, algunos de ellos están recién terminados y otros están en distintas fases de ejecución.
En Orvina III, todos los bloques están ejecutados o en fase de ejecución, salvo uno que va a iniciar las obras este año. En Orvina II, por contra, hay cuatro comunidades de vecinos que, en votación, han rechazado instalar envolvente y que mantendrán la estética de hormigón.
Además, ha comenzado la rehabilitación de la colonia San Miguel (80 viviendas) y está en trámite el grupo Santiago (742 viviendas) y la plaza Txantrea (64 viviendas).
La regeneración del barrio se está llevando a cabo en tres fases. Entre 2014 y 2018, con el proyecto europeo Efidistrict, se rehabilitaron 644 viviendas con una inversión de 13,4 millones. Actualmente se está ejecutando la segunda fase, que afecta a 1.116 vecinos, con 30,8 millones invertidos. Nasuvinsa ya está trabajando en la tercera fase, con un “intenso trabajo con las comunidades de propietarios”. Está previsto llegar a acuerdos para rehabilitar 500 viviendas con una inversión de 15 millones.
AYUDAS EUROPEAS
La inversión por vivienda ronda los 27.000 euros, pero las ayudas del Gobierno de Navarra y del Estado a través del IDAE cubren en torno al 60% de los costes totales, incluidos impuestos. Ana Bretaña apunta que a pesar del esfuerzo económico que supone para un barrio de estas características, “nadie de los que ha hecho obra se ha arrepentido”.
Con la envolvente, los edificios mejoran en dos letras su calificación energética, hasta la letra B o C. Los edificios tienen calderas comunitarias por sectores, por lo que es difícil calcular el ahorro en la factura, en torno al 50%. “No es tanto el ahorro energético que se consigue porque se tardará muchos años en amortizar la obra. Es la calidad de vida, el confort que obtienen”, apunta Bretaña.
Así lo ratifican los propios vecinos. Carmen Elizari, vecina de Orvina III, ha pasado su primer invierno con envolvente térmica. “Es una maravilla el confort térmico. Lo qué costaba antes subir de 19 grados en invierno, a parte de los problemas de humedades que tenían muchas casas. En verano hemos pasado estos días de ola de calor sin achicharrarnos”, resume. Elizari explica que ya en 2014 la comunidad de vecinos intentó rehabilitar el edificio pero no salió adelante “por miedo, porque era algo muy novedoso”. “Esta vez ha habido un consenso mayoritario. Ya teníamos la experiencia de otros bloques”, señala.
“ES UN BARRIO NUEVO”
Garbiñe Zuazo vive en uno de los primeros bloques rehabilitados de Orvina II, en 2014. “Nasuvinsa y el equipo de Ana Bretaña nos ayudaron en todo, porque era un trabajo muy complicado, con muchos trámites. Los técnicos han estado en todo el proceso”, expresa Zuazo, que añade que “ha quedado un barrio nuevo. A nivel estético es más alegre. Da otra sensación”.
Las experiencia de estos primeros bloques es lo que ha animado a otras comunidades a dar el paso. “La regeneración energética del barrio es un proyecto de muy largo recorrido. Llevamos siete años trabajando con los vecinos. Nuestra labor es acompañar y facilitar en este camino. Estamos abiertos a ayudar a cualquier vecino de la Txantrea que desee rehabilitar su vivienda”, explica Ana Bretaña. Nasuvinsa entra de lleno en la fase 3 gracias al proyecto europeo Elena-Primavera y al convenio de colaboración con el Ayuntamiento.

Un barrio construido con paneles prefabricados “innovadores”

Sobre un molde metálico se colocaba la ferralla, las conducciones eléctricas y de fontanería y posteriormente se vertía el hormigón con la ayuda de un vibrador para compactarlo. Así fabricaba la empresa Nadeco los paneles prefabricados que, unidos unos con otros, permitían levantar un bloque de edificios en la mitad del tiempo previsto. Con este sistema, económico e innovador para su época, se construyó Orvina II y III. En su planta de Landaben, Nadeco era capaz de fabricar cuatro viviendas al día.
Pero estos paneles, de 30 centímetros de grosor, carecían de aislante térmico. Los problemas de humedad y condensación, debido a los puentes térmicos, han sido una constante en el barrio conforme pasaban los años. “Hay vecinos que hacían un agujero en la pared para colgar un cuadro y les salía agua. Pintabas la fachada pero se descascarillaba al poco tiempo”, recuerda Javier González, presidente de la agrupación Orvina II.
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