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8 de julio

Sin acordes de San Fermín en los bares

La recomendación de evitar la música de fiestas en la hostelería hecha desde el Ayuntamiento y asociaciones del sector se está cumpliendo en la mayoría de locales, que también han desterrado la pachanga

Imagen de ayer de gente en las calles y las terrazas ende la calle San Nicolás de Pamplona
Imagen de ayer de gente en las calles y las terrazas ende la calle San Nicolás de PamplonaCalleja
Publicado el 09/07/2021 a las 06:00
Nada de música sanferminera. Pero tampoco Raffaella Carrà ni Nino Bravo. Y es que la hostelería no sólo ha seguido la recomendación de evitar sones festivos lanzada desde el área de Seguridad Ciudadana y de sus propias asociaciones; el objetivo, evitar que la gente baile e incumpla la normativa de que en los interiores se consuma sentado en una mesa; por eso, para abortar las “tentaciones” también se está evitando lo conocido popularmente como pachanga.
Además, la mayoría no llega a los 50 decibelios (se permiten hasta 75), intentando así atajar cualquier amago de coreografía entre los clientes. Y si se deja es, coincidieron en señalar la mayoría, para subrayar que la hostelería sigue viva. “Si no, esto parecería un velatorio”, apunta desde el Qwerty, en la calle Mercaderes, Miguel Ángel Jiménez Arévalo. El hostelero matiza que en su establecimiento nunca ponen música de temática sanferminera. Pero tampoco quiere un local mudo para evitar que el cliente se sienta como que están a punto de cerrar. “Hace un poco de banda sonora”. Y nadie le ha pedido estos días que ponga algo que recuerde a las fiestas. “La gente está bastante concienciada”.
Aunque algunos no pueden evitar la nostalgia y, tal y como recuerda Conchi Esteban Dimopoulos en el Bar del Castillo, en la plaza del mismo nombre, pusieron en una mesa la música de San Fermín en un móvil. Sin problemas, porque en este caso, además de permanecer sentados, estaban en la terraza. En el interior, han optado por no reproducir nada. “Es que el año pasado fue un lío, primero decían que se permitía, luego que no... así que esta vez hemos decidido no complicarnos y prescindir del sonido”.
En cambio, Juan Cruz Arete Martínez, del Iruñazarra, en Mercaderes, opta por poner música; eso sí, muy baja, a 50 decibelios. “Muy lejos del tope de los 75 que está permitido”, señala. Pero, es que es de la opinión, o al menos en este bar, de que la ausencia de música provoca un silencio de ambiente que resulta incómodo a los clientes. “La temática de San Fermín, ni tocarla”, añade. “Ni hay demanda la gente, al menos aquí. Está todo muy tranquilo y los clientes concienciados con que no hay fiesta”.
Tampoco en la Hospedería El Temple, de calla Curia, han tenido esa petición al otro lado de la barra aseguran los hermanos Carlos y Clara Fernández Santacruz. Y como en el Iruñazarra, ellos también están poniendo música pero muy tenue. “De hecho, ni hemos desprecintado el limitador de sonido. Y en cuanto llega la noche, el único sonido ambiente es de los clientes. “Igual que el año pasado”.
El 7 de marzo de 2020 fue el último día que en Bar Ulzama sonó la música a un volumen que invitaba a bailar. “Éramos bar especial, que trabajaba la noche. Ahora, con la pandemia, nos hemos tenido que reciclar y damos el servicio de comidas. Y la música la ponemos imperceptible, pero lo suficiente para que la gente pueda hablar, oírse y no escuchar las conversaciones ajenas. ¿Peticiones? El día 6, que había más gente en la calle, una cuadrilla de chavales sí que nos demandó música de San Fermín”, comenta Jaizkibel Zunzarren Díez del Bar Ulzama en la San Nicolás.
En la misma calle, Aitor Azanza Ezpeleta, de Baserriberri, critica que a los hosteleros les han convertido casi en policías. “Nos cae a nosotros la responsabilidad de velar por el cumplimiento de cada nueva normativa que sacan que, por cierto, siempre que hay un rebrote nos toca pagarlo al sector”. Ellos tampoco están poniendo música de San Fermín, aunque el día 6, algunos jóvenes se lo reclamaron. “Pero en general las personas han asumido que no hay San Fermín. Así que nosotros hemos actuado igual, poniendo la misma música que se escucha el resto del año”, decía, mientras, de fondo y apenas inaudible, se escuchaba una melodía de jazz.
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