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Dueña de Alimentación San Francisco

Conchi González Martínez: “Aquí no hay filas de jóvenes esperando a comprar alcohol”

En 2018, los tribunales echaron atrás la prohibición de venta de alcohol nocturna en tiendas de alimentación

Policía Municipal, durante un control de vigilancia y cumplimiento de las medidas anticovid en la Plaza del Castillo.
Policía Municipal, durante un control de vigilancia y cumplimiento de las medidas anticovid en la Plaza del Castillo.
  • Lucas Domaica
Actualizada 02/05/2021 a las 06:00

¿Por qué se meten con nosotros? Porque estamos al lado de los bares, comentaba Conchi González Martínez, dueña de una tienda de alimentación en la plaza San Francisco y miembro de la Asociación del Pequeño Comercio de Navarra.

El tema del botellón y los comercios locales viene desde mucho tiempo atrás. “Es una batalla muy antigua entre hostelería y comercios”, indicaba Conchi González. “Ellos con más de 200 bares y nosotros apenas seis en el Casco Antiguo. Hay que recordar que nosotros tenemos permiso para vender lo que vendemos porque también pagamos las licencias necesarias para ello”, informaba.

El pasado martes, Javier Labairu, concejal de Seguridad Ciudadana comentó que el 70% de los jóvenes de 14 a 17 años había conseguido el alcohol en comercios. Labairu añadió que la bebida la compran ellos mismos o a través de algún mayor de edad.

Desde algunos locales del Casco Viejo de Pamplona son tajantes. “Los supermercados son los que tienen las filas de jóvenes esperando a comprar bebidas para el botellón”, añadía la dueña de la tienda de alimentación de la plaza San Francisco.

Cerca de este establecimiento hay otro similar. Shou Dao Liu lleva desde hace doce años a cargo de Alimentación Mayor, una tienda situada al inicio de la calle en la parte de San Lorenzo. Él coincide con Conchi González. “Los jóvenes no tienen pasta y compran el alcohol en sitios más grandes porque es más barato”, explicaba Shou Dao.

“Cuando vienen a comprar alcohol les pido DNI, tenga mucha graduación o la mínima la bebida que quieren”, añadía diciendo que alguno de esos jóvenes a los que no les vende luego vuelven a la tienda regodeándose por haberla conseguido en otro establecimiento. “Vendo muy pocas botellas y, en ocasiones, me han robado”, concluía.

En el otro lado de la historia están los propios jóvenes. El botellón siempre ha estado presente en los parques de la ciudad o en los rincones más escondidos. Con el cierre de bares más temprano de lo normal y las restricciones en los domicilios, los adolescentes apuran escondidos hasta el toque de queda en los mismos sitios de antes. Si uno se da una vuelta a última hora por estas zona es posible que vea los flashes de los móviles iluminando el círculo en el que están.

“Hemos hecho un par de botellones en cuadrilla”, reconocía Rubén, vecino de 17 años. “Da bastante respeto que te pillen estando como está todo. Antes no había problema, comprábamos e íbamos a pasar el rato a gusto”, añadía.

“Por suerte no nos han pillado en ninguna de las dos veces que hemos hecho. Los dos los hicimos en la Vuelta del Castillo”, señalaba junto a otro amigo.

Ambos coincidían con la idea de los dos comerciantes. “Todas las veces que hemos comprado ha sido en supermercados. Entrábamos con el DNI de un hermano mayor de alguno o de un amigo de 18 años. Hay marcas mucho más baratas”, reía este joven.

Muchos de estos adolescentes tienen la mirada puesta en el próximo día nueve de mayo. “A ver qué pasa dentro de unas semanas con el tema del estado de Alarma, quizá cambie algo en todo esto”, concluía.

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El último intento contra el ‘botellón’

Somos lo que somos. Beber en la calle, esa práctica social que estos días ha vuelto al epicentro de la polémica, no es nueva en absoluto. Si ahora la tendencia se debate entre ron y ginebra (a poder ser de marca blanca), hace miles de años el bálsamo era hidromiel; miel destilada y fermentada con alcohol. Un sinfín de culturas que elegían beber al aire libre como medio para socializar. Viendo lo visto, la solución definitiva, y ya lo avisan los expertos, pasa por la Educación. El auténtico reto es llegar a los jóvenes de modo que la balanza del perjuicio quede objetivamente inclinada. Ellos, por su parte, argumentan precios desorbitados y la necesidad de desahogo y encuentro.

Y es aquí donde Pamplona acaba de abrir el melón para, otra vez, tratar de acotar el botellón. El consistorio argumenta que no tiene competencias para regular la venta de alcohol y desde el Ejecutivo le recuerdan que los ayuntamientos sí tienen “armas” para combatir estas prácticas. Sea como sea, la certeza es la que es: desde el 12 de agosto está prohibido beber en la calle. Y no se permite por motivos de pandemia. De hecho, la resolución que avala la norma dice que queda vetado el consumo de bebidas en grupo en la calle y en cualquier espacio público, en cuanto a aforos y distancia de seguridad.

Pero el problema viene de fondo, ya que en Pamplona no existe una ley que prohíba el botellón. Es decir, en cuanto la situación sanitaria lo permita y la resolución caiga por su propio peso, volveremos a lo de siempre. Entonces, Policía Municipal ya no podrá intervenir. “La única forma en que podemos actuar es cuando pasan del botellón a actividades incívicas, esto es, dejar basura por la calle, orinar por ahí... En ese tipo de actuaciones sí podemos acudir, pero en consumo de bebidas alcohólicas en la calle que no sean sacadas de un bar, nosotros no podemos actuar”, expresaba hace unos días el concejal de Seguridad Ciudadana Javier Labairu.

No podemos olvidar que el propio Parlamento de Navarra ya intentó tramitar una regulación específica, la llamada ley antibotellón, aunque no pasó el escollo. Fue en 2013 cuando UPN planteó la posibilidad de prohibir la venta de cualquier tipo de bebida alcohólica en horario nocturno, de 22 a 9 horas. La oposición no dio pase. Como tampoco superó la barrera judicial la resolución adoptada en Pamplona durante la legislatura del cuatripartito en la que los jueces ‘tumbaron’ una de las patas del Plan Especial (PEPRI) para el Casco Antiguo. Fue en 2018 cuando el tribunal dio la razón a las tiendas de alimentación y negó la decisión de no abrir más allá de medianoche. El argumento no fue otro que declarar la no competencia municipal a la hora de regular horarios que se rigen por una ley de rango superior.

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