Pamplona y Comarca

A las ratas les gusta el Arga y el Elorz

Pero los vecinos apuntan otras causas para su aparición: el derribo de Argal o que quizá el veneno es menos potente

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A las ratas les gusta el Arga y el ElorzEduardo Buxens
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Myriam Munárriz

Actualizado el 02/12/2020 a las 06:00

Tres este hábitat según se deduce del grupo más numeroso de llamadas de teléfono al ciudadano de Pamplona, al 010, para alertar de la presencia de roedores en Echavacoiz, Rochapea y Txantrea. Un tema que enfrentó a PSN y el equipo de gobierno de Navarra Suma en una reciente comisión de Urbanismo.

Los socialistas desvelaron que los tres barrios acumulan el 48% de las quejas vecinales por este motivo y, de ellos, Echavacoiz el 16%. Por eso pedían intensificar las campañas municipales de desratización en las zonas. El edil de Salud, Fernando Villanueva (Navarra Suma), aseguró que ya se actuaba con mayor intensidad en los puntos donde había mayor presencia de roedores, recordó que se pone veneno en toda la red de alcantarillado de Pamplona y que, por normativa europea, está prohibido coloca raticidas en las orillas de los ríos.

De la mayor presencia municipal dan fe los vecinos del grupo Urdánoz de Echavacoiz, o al menos el grupo de residentes que hablaron con este periódico. Por eso no culpan al Ayuntamiento de la creciente aparición de ratas en su vecindario en los últimos meses. “Es por la demolición de Argal. Fue tirar la fábrica y aparecer por aquí más ratas”, afirma Enrique Pérez Jiménez, que lleva sus 48 años de vida en el barrio. “Y ha habido siempre porque tenemos cerca el río (Elorz) o las huertas”.

Su hermano Ramón, de 52 años y con más de cuatro décadas residiendo en Echavacoiz, asiente. “Los edificios se hicieron sobre un espacio hueco, supongo que por temas de humedad o ventilación. Yo he visto de crío cómo se metían por los agujeros y sin miedo a nada. Ahora hay muchas menos, se nota que el Ayuntamiento les pone veneno”.

“A los agujeros y hasta un séptimo piso”, asegura Fernando Clavería Amador, con 52 años de vida y vecino de “siempre” de Echavacoiz. “Se subió por los tubos y apareció en la cocina”, dice, mientras señala la ventana de su bloque. “Se suelen ver bastantes, sobre todo por la zona de contenedores”, añade, mientras Marcelino Orejero Maeso, de 43 años “de los que la mitad han sido ya aquí”- asiente. “Yo fui al parque de desinfección del Ayuntamiento de Pamplona, les llevé fotos y me aseguraron que se iban a pasar. Supongo que lo hicieron porque se ven muchas menos”.

PERROS RATONEROS

En la Rochapea, Juan Luis San Román Agorreta, de 51 años, lo tiene claro: la mayor presencia de las ratas es por el río Arga. “Pero también por la suciedad. Es tremendo ver cómo están el agua y las orillas, llenas de porquería”. Sí reconoce que, como residente de siempre del barrio, éste no es un fenómeno nuevo. “Ha sido de toda la vida”, pero se queja de la actuación municipal: “No nos hacen ni caso, ni se preocupan de limpiar las orillas y allí las ratas encuentran mucha comida”.

Ángel Salinas Andueza, de 61 años, nació en la cercana Ansoáin, en la casa de los Capuchinos. “Y recuerdo de crío que había muchas porque aún no se había saneado el río. De hecho, todos los vecinos con vivienda en los bajos tenían esos perros pequeños a los que se les llamaba ratoneros por ese motivo, porque servían para asustar a las ratas. Los gatos no se atrevían”, dice este vecino del barrio, que afirma en estos últimos meses se han visto más. “No sé si es porque el Ayuntamiento ha cambiado de fórmula de veneno”, aventura desde la urbanización del grupo San Pedro, que se asoma al Arga.

GATOS Y ARDILLAS

En la cercana Txantrea, Maritxu Etxeberria Adot, de 69 años “y todos en el barrio”-pasea con sus dos perros por la calle Padre Adoain, junto al río Arga. “A mí no me ha tocado, pero el otro día me comentó una amiga que ella, cuando estaba sentada en el suelo y recostada en un árbol, vio pasar una. Quizá sea porque ha habido un movimiento de tierra importante en Jesuitinas”. Ella afirma que los roedores en el casco urbano del barrio son algo puntual. “Hace un año sí apareció una atropellada. Pero eso, una”.

En la misma calle, sentado en un banco del paseo, Francisco Javier De la Torre Ferrer, de 57 años y vecino e la Rochapea, es uno de los habituales de este margen del río. “Por aquí ya se ven pocas a diferencia de cuando éramos críos, que aparecían muy a menudo. Supongo que será por la actuación del Ayuntamiento. Yo apenas he visto alguna, en cambio sí ardillas, que desde luego me resultan bastante más agradables”, afirma.

Y en el corazón del barrio, en su parte más antigua, como en la calle Paternáin, todos los vecinos a los que se les preguntó por las ratas negaron que la Txantrea fuera un foco. “Otra cosa son los gatos, de esos a patadas”, dijo uno.

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