Todos los Santos
Pamplona prepara el recuerdo a sus difuntos en el año de la pandemia
El Ayuntamiento aconseja escalonar las visitas en los días previos y evitar aglomeraciones el próximo fin de semana


Actualizado el 25/10/2020 a las 06:00
Berichitos, el cementerio de Pamplona, no mostraba el sábado una actividad mayor de la habitual en las semanas previas al 1 de noviembre. El Ayuntamiento recomienda estos días escalonar la tradicional visita de los pamploneses a sus difuntos y evitar así aglomeraciones los días 30 y 31 de octubre y el 1 de noviembre. Va a ser el primer día de Todos los Santos con la omnipresente mascarilla. La pandemia se ha cobrado la vida de casi 700 personas en Navarra y muchos de los pamploneses que acudirán estos días al cementerio honrarán a algunos de esos amigos y familiares fallecidos desde marzo, la cara más trágica de la crisis sanitaria.
Un trabajador del cementerio confirmaba el sábado que la afluencia es más o menos la normal por estas fechas. La mayoría de las personas que ayer a mediodía daban vida al cementerio, preparaban y limpiaban tumbas, lápidas, nichos y columbarios con vistas a una jornada, la del próximo domingo, que inquieta por las posibles masificaciones. Se ha establecido un aforo máximo de 2.000 personas en grupos de máximo 4 personas del mismo núcleo familiar y con entradas y salidas por diferentes puertas.
“Yo creo que el problema va a estar fuera del cementerio, en la entrada. En un día normal de Todos los Santos pueden venir 8.000 o 10.000 personas. Supongo que se preparará un dispositivo fuera”, reflexionaba ayer el operario del camposanto pamplonés mientras realizaba el recuento de los nichos cuyos propietarios deben abonar la cuota, ya vencida, para mantener allí a sus familiares. El precio, 375 euros por 10 años.
LIMPIEZA EN SOLITARIO
Acompañada de ese silencio entre pacífico e inquietante de los cementerios, la lesakarra Marisol Chocarro Vallejo, de 78 años, limpiaba la tumba familiar de mármol oscuro. “Normalmente, estos preparativos los hago con mis hijos o nietos. Pero este año, por la pandemia, les he dicho que lo hacía yo sola”, explicaba ayer, fregona en mano. “Volveré otro día para traer flores, pero no tengo intención de venir el 1 de noviembre”, añadía.
Como la de la familia de Marisol Chocarro, la tumba de la familia Manterola está bajo algunos de los árboles, muchos de ellos cipreses, que se levantan en los 128.000 metros cuadrados del cementerio pamplonés. Allí se encontraban la viuda y la hija del artista Pedro Manterola Armisén, quien fuese director de la Fundación Oteiza, fallecido en 2016. “Hemos venido antes para evitar tumultos. La tumba hay que limpiarla todos los años. Se llena de hojas”, comentaba Ana Burgaleta, viuda de Manterola.
Otra mujer -sábado eran mayoría frente a los hombres-, también preparaba y limpiaba la tumba familiar. Idoya Subirán, pamplonesa de 56 años, acude cada año en los días previos a la festividad de Todos los Santos para lustrar el túmulo familiar. “Afortunadamente, la epidemia no nos ha tocado cerca”, apuntaba ayer.
