Pamplona
Entusiastas de las ciervas de la Taconera
Habituales del parque pamplonés ven con pena la posible desaparición de la especie en el recinto. Actualmente quedan 8 ciervas frente a los 41 ejemplares que llegó a haber en 2001


Actualizado el 20/10/2020 a las 06:00
"Es una pena”. Esta es la frase pronunciada por gran parte de los vecinos que visitan la Taconera para ver a las ocho ciervas presentes en el parque. Para los pamploneses, estos animales son mucho más que un simple ejemplar. Es símbolo y motivo de visita al entorno natural más antiguo de la ciudad. “Este parque es un gozo, es cultura y es descanso. Es una pena que estas ciervas, que son lo más llamativo, puedan ser las últimas”, comenta Miguel Ángel Iturain Beltrán, vecino que pasea junto a su amigo Miguel Ángel Alústiza Zubiri.
Durante el recorrido, una de las paradas que hacen para echar un vistazo al foso es junto a los arcos de Teobaldo II. Ese rincón donde confluyen desde los más pequeños hasta aquellos que vieron llegar a los primeros ejemplares de ciervo en 1957. Es el caso de Pedro Echeveste, un pamplonés que ha desarrollado su vida en torno a la Taconera. “Vivo a 500 metros y ejercí de veterinario del Ayuntamiento durante años”, señala.
Este veterano vecino no se libró de una de las causas por las cuales retiraron a los ciervos machos. “Hace unos veinte años un ejemplar me golpeó”, añade. Los ataques en época de berrea y las enfermedades fruto de los altos niveles de endogamia fueron el detonante para retirar a los machos. Quizá, su experiencia sea un motivo por el cuál Pedro Echeveste muestre su indiferencia sobre la posible desaparición de estos ejemplares del parque.
A pocos metros del veterinario está Rubén Zapata Fernández junto a su mujer e hijo observando las diferentes especies. Un total de 22 en concreto. Cisnes, ansares, patos, pavos, gallinas... Y ciervas. “Sería una pérdida para este espacio natural”, lamenta sobre los ejemplares. “Los niños siempre tienen que tener acceso a la naturaleza, porque lo que se conoce se ama”, indica en relación a la accesibilidad que tienen los más pequeños a este entorno.
Una opinión similar tiene Borja Escrivá Rodríguez. Él pasea junto a su familia, que son conocedores de que las ocho hembras presentes puedan ser las últimas. “Es triste porque es una atracción”, dice. Aunque también comprende la postura de no introducir más ejemplares en el espacio. “Entiendo que pueda ser un gasto si el hecho de que estén no es sostenible por sí solo”, concluye.
Una escena repetida cada día en el lugar es el lanzamiento de trozos de pan al foso. Los protagonistas son los más pequeños. Elías Vásquez Yaguachi suele acudir a la Taconera junto a su mujer y su hijo. Hoy las ocho ciervas están subidas en la media luna de Gonzaga y es imposible darles comida. “Venimos siempre por nuestro hijo y les echamos bellotas cuando andan por el foso”, comenta. “Es una pena que puedan ser las últimas porque son muy bonitas”, lamenta.
El disfrute de los pequeños es el disfrute de los mayores. Y el punto de encuentro de estos es la Taconera, ese parque donde las ciervas son motivo de visita. “Para nosotros es una alegría ver la sonrisa de los críos cuando vienen aquí”, señala Miguel Ángel Iturain Beltrán.
Por este motivo, él deja claro su deseo. “Ojalá puedan encontrar solución a este problema”, concluye. Un deseo similar al de muchos pamploneses.
