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Comercio

El 'boom' de las colas en Pamplona

Ya acostumbrados al aforo limitado en supermercados, farmacias y otros establecimientos, ahora los pamploneses hacen filas con mejor ánimo y en compañía para entrar en tiendas de ropa o coger sitio en alguna terraza

Un grupo de personas espera a la entrada de la tienda Springfield, en la avenida Carlos III.
Un grupo de personas espera a la entrada de la tienda Springfield, en la avenida Carlos III.
  • Cristina Mogna
Actualizada 02/06/2020 a las 06:00

Desde que entró en vigor el estado de alarma, los españoles tuvieron que acostumbrarse a hacer cola fuera de distintos establecimientos para evitar el riesgo de contagio. Aunque la espera para entrar en supermercados, farmacias, estancos y fruterías no han desaparecido, sí han surgido unas nuevas filas compuestas por personas que pretenden pasar un rato agradable en compañía de amigos o familiares.


CONTROLES ESTRICTOS


Uno de los puntos de concentración más llamativos en el centro de Pamplona son los establecimientos de ropa y calzado de la avenida Carlos III, como Springfield, Bershka o Stradivarius, que han debido implementar medidas especiales. En la zapatería Vas, por ejemplo, un cartel da la bienvenida a los clientes potenciales recordando la necesidad de ponerse mascarilla, gel hidroalcohólico y guantes, aunque esta última recomendación no es seguida por las cinco personas a las que se les permite el acceso a la tienda.


Los controles son aún más estrictos en Zara. Así lo constató Isabella Pérez, que quiso inaugurar la temporada de terrazas con estrenos: “Me quedé impresionada por el nivel de control dentro de la tienda. Solo dejan entrar a una persona por probador con un máximo de 4 prendas y, al salir, una empleada desinfecta todo. La verdad es que no provoca probarse nada”. A pesar de esto, y del tiempo de espera, esta estudiante de 23 años valoró positivamente su experiencia: “Tuve que esperar afuera de la tienda un rato, pero no me molestó porque no tenía más nada que hacer”. Las filas largas, sin embargo, no siempre se traducen en un gran volumen de compras. Un encargado de la tienda confirmó que las ventas “han caído bastante, como un 60 o 70 por ciento”, y que la sección menos afectada ha sido la infantil.


Tampoco ‘La Crepería’ de la calle san Gregorio ha recuperado su volumen de clientela habitual. “Empezamos a abrir en la fase 1 y todo iba muy despacico, ahora se está normalizando, pero todavía no tenemos el nivel de afluencia anterior”, explicó Orreaga, la dueña del establecimiento.


Desde que se planteó la posibilidad de reapertura de comercios no esenciales, algunos especularon con la posibilidad de limitar el tiempo de estancia de los clientes en los bares. No es una medida que se haya puesto en marcha en ‘El Tinglado’, como indicó una de las camareras detrás de la barra: “A nadie se le dice que se levante, puede que en una mesa solo pidan 4 cervezas, pero entre 4 y 4 van sumando y al final la cuenta es de 80 euros”. Desde el mismo establecimiento afirman que las franjas horarias más condensadas son “la hora del vermú y también a partir de las 7 de la tarde”. A escasos metros, lo mismo confirman quienes atienden en la heladería ‘Larramendi’, que durante los mediodías y a partir de las 7.30 de la tarde deben hacer frente a colas que se alargan hasta la Plaza del Castillo.


PACIENCIA Y ESPERA


Es en este punto céntrico donde, por su espacio amplio, se concentra uno de los bienes más cotizados: un espacio en alguna terraza para disfrutar del buen tiempo. En la mayoría de los sitios hay que optar por llegar temprano o por tener paciencia. Una hora y media esperaron Verónica Aponte, Sandra Silgado y Sara Cardona para sentarse en una de las mesas de ‘La Tasca de Don José’. Dentro de quienes frecuentan este tipo de lugares se está creando una especie de norma de etiqueta implícita para dejar sitio a quienes atienden de pie. “Ninguno de los camareros nos pidió que nos fuéramos -recalcó Cardona- pero sí notaba que querían que los clientes consumieran rápido para dejar pasar a quienes seguían en la cola”.


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