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Asociación de Comerciantes del Ensanche de Pamplona

La noche que estrecha el Ensanche

El II Ensanche pamplonés vivió este viernes una nueva edición de ‘Ensanche la nuit’, un evento de calle que estrecha lazos entre comercios y bares, y sus clientes

Comercios del Ensanche pamplonés celebraron este viernes, 28 de septiembre, una edición más de Ensanche la nuit
Fotos de Ensanche la nuit
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Comercios del Ensanche pamplonés celebraron este viernes, 28 de septiembre, una edición más de Ensanche la nuit
Jesús Garzaron
  • R,M,
Actualizada 29/09/2018 a las 06:00

Y ya van nueve ediciones del Ensanche la nuit, el evento de nombre afrancesado, que saca a Pamplona a la calle para estrechar lazos entre el comercio y sus clientes. La avenida de Carlos III era este viernes un hervidero de gente que, por un lado, deambulaba dispuesta a sorprenderse, comprar algo en los comercios adscritos a la iniciativa -que organiza Ensanche Área Comercial con la colaboración del Ayuntamiento de Pamplona- y que ofrecían descuentos en sus artículos, o se arremolinaba en alguna de las ofertas de calle, con la música y la danza como atractivos principales. El leit motiv de este año sugería un viaje a los 80, con un cartel que recreaba el neón de las noches ochenteras y que iluminaba, hace tres décadas, hombreras hiperbólicas, pelos cardados y maquillajes profusos.


Algo de eso podía verse en el musical 'Los descendientes', que interpretaban una multitud de pequeñas bailarinas, también adolescentes, en la avenida de Carlos III en el cruce con la calle Leyre. Todas ellas pertenecían a la escuela de Danza Camino y la expectación generada había reunido a varias decenas de familiares, parapetadas tras las vallas azules de Policía Municipal. Todo ello, con maquillajes y vestuarios que oscilaban entre la fantasía y el punk. En las proximidades, un coche, un mini fucsia, recuerda color corporativo de esta escuela dirigida por la bailarina Camino Ondarra.


'LA ROCHAVITA'


Unos metros más adelante, Tefi de Paz entretiene con su voz y su descaro a un público más talludito. Le acompaña el guitarrista Jokin Pallarés, con el que interpreta 'La rochavita' -la cantante y actriz es vecina de la Rochapea- y que ofrece un repertorio que define de “cabaret de antojo”, in crescendo, y en el que Tefi de Paz intercala golpes de humor con canciones populares, variopintas y en las que suele apelar a la participación del público. “Esto es una fiesta, ¿no? Pues vamos a cantar algo más alegre” dice al público cerveza en mano. “En Latinoamérica, todo se dice con cariño: gordo, flaco, feo, viejo...”, introduce.


En una de las tiendas próximas, de ropa de moda, apenas hay gente. El Ensanche la nuit acaba de empezar -son las siete de la tarde y apenas lleva media hora- y alarga el cierre de los establecimientos hasta las 22 horas. “Es el primer año que participamos. De momento no notamos mucho cambio respecto a un día normal. Pero acaba de empezar”, asegura sin querer identificarse la encargada de la tienda.


Amaya Villanueva, la presidenta de la Asociación Ensanche Área Comercial -organizadora del programa-, reconoce que el impacto de este evento varía según en qué calle se encuentre el establecimiento. La avenida de Carlos III, grande, noble y peatonal, es el epicentro, la calle más masificada. “Sabemos que hay al menos media docena de comercios que en este día tienen las mayores ventas de todo el año. Pero tampoco es el objetivo principal. Se trata de crear un ambiente más agradable, más relajado, con una copa en la mano para hacer un guiño a la gente”, asegura.


Lo que siempre funciona son los bares. En el Ducal -Carlos III con calle San Fermín-, el camarero polaco Darek Eolitowicz trabaja de forma rápida y mecánica, como lo hacen los profesionales que llevan muchos años tras la barra. Pronuncia un castellano impecable. “Ya no hablo con nadie polaco. Llegué aquí con 18 años y tengo casi 40. Mi hermano también vive en Pamplona. No tengo a nadie allí”, cuenta. A las 19.30 horas, comenzarán a regalar pinchos. “Eso siempre funciona”, sonríe. “Hoy vendrá gente que no he visto nunca”, continúa.


El II Ensanche pamplonés da mucho de sí. Lejos del bullicio de Carlos III, en un espacio más recoleto -la plaza Ruiz de Alda-, casi un centenar de personas habla, ríe y come. La plaza está adornada con banderines de colores y el DJ, Iñaki Calleja, pamplonés de la calle San Antón de 49 años, pincha pop español ochentero: La Unión, Loquillo, Radio Futura. “Mi padre, Gregorio Calleja, era músico de orquesta. Yo empecé a tocar pero pronto vi que no era lo mío, así que me puse a pinchar”, dice frente a unos focos de colores, que él mismo instala en sus actuaciones. “Yo traigo todo”, puntualiza. El ambiente en la plaza Ruiz de Alda es cercano entre los vecinos, como si fuese una isla en Pamplona. “Aquí todo el mundo se conoce, todos se llaman por el nombre”, concluye.


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