Salud

Francisco Javier Olazarán, neurólogo: "Los nuevos fármacos contra el Alzheimer ya los verán nuestros hijos"

El médico pamplonés trabaja en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid y dirige la Fundación María Wolf

El pamplonés Francisco Javier Olazarán, neurólogo en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en el Palacio del Marqués de San Adrián de Tudela, donde impartió un curso de verano de la UNED en septiembre.
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El pamplonés Francisco Javier Olazarán, neurólogo en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en el Palacio del Marqués de San Adrián de Tudela, donde impartió un curso de verano de la UNEDBlanca Aldanondo
El pamplonés Francisco Javier Olazarán, neurólogo en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en el Palacio del Marqués de San Adrián de Tudela, donde impartió un curso de verano de la UNED en septiembre.

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Sonsoles Echavarren

Publicado el 31/10/2026 a las 19:00

Francisco Javier Olazarán soñaba con ser filósofo o escribir novelas como las de Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán. Pero dos profesores, sacerdotes del colegio Escolapios de Pamplona, le quitaron la idea de la cabeza cuando estudiaba Bachillerato. “¿Y de qué van a comer tus hijos?”, recuerda que le espetaron. Así que, Francisco Javier Olazarán Rodríguez (Pamplona, 1965) estudió finalmente Medicina en la Universidad de Navarra y su profesor Elías Maraví prendió la mecha de su pasión por la neurología.

Neurólogo en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, dirige la Fundación María Wolf e imparte clases en el Centro de Estudios Universitarios (CEU) y la Universidad Complutense de Madrid. Recientemente impartió un curso de verano sobre el Alzheimer y demencias en la UNED de Tudela.

¿En qué consiste el Alzheimer?

El depósito de una pequeña proteína, el péptido amiloide, es la firma química que define la enfermedad. El amiloide empieza a depositarse en el cerebro alrededor de unos diecinueve años antes de que aparezcan los primeros síntomas pero no siempre se manifiestan. De hecho, se han visto grandes cantidades de amiloide en cerebros de personas muy longevas, que fallecieron por otras causas, y que no llegaron a desarrollar la enfermedad. No sabemos por qué pero el cerebro empieza a segregar esa proteína como defensa ante situaciones que van ocurriendo en la vida. Pero llega un momento en la que la proteína es excesiva, ya no la podemos eliminar y se desencadena la neurodegeneración. 

¿Cuáles son los principales síntomas de la enfermedad? 

Los fallos cognitivos. Que la persona te repita las cosas porque no se acuerda. Que te pregunte una y otra vez lo mismo aunque se lo acabes de decir. O que se le olvide por completo un suceso muy importante que haya ocurrido. Pero tiene que ser algo persistente, que lleve sucediendo desde hace al menos tres meses. No se trata del típico despiste del que luego te acuerdas. El Alzheimer es algo distinto porque empieza a dañarse una zona del cerebro, el hipocampo, que es la que conecta con el resto de la corteza cerebral. Se trata de una especia de grabadora, que trae nuestras experiencias desde el pasado y hace que las volvamos a revivir. Lo que los psicólogos llaman la memoria episódica. 

¿Y se puede prevenir de alguna manera?

El mejor tratamiento contra el Alzheimer consiste, sin duda, en la prevención. Empieza desde la cuna ¡o incluso antes! Son fundamentales la variedad y riqueza de estímulos sensoriales y cognitivos, los hábitos de alimentación (dieta mediterránea, evitación de tóxicos como el alcohol...) y la actividad física. En su último informe, la Comisión Lancet (iniciativas científicas coordinadas por la revista del mismo nombre) ha identificado catorce factores de riesgo cuya evitación o tratamiento reduciría a casi la mitad los casos de Alzheimer entre la población: analfabetismo o poca escolarización (que modula el cerebro en la infancia), consumo excesivo de alcohol, traumatismo craneal, obesidad, hipertensión arterial, aumento del colesterol ‘malo’, pérdida de audición o visión (al haber menos estimulación del entorno las neuronas están menos activas y conectadas), tabaquismo, diabetes, contaminación atmosférica y aislamiento social. La depresión también es una causa que aumenta el riesgo de Alzheimer. Es decir, existen un montón de factores que influyen. La edad es el principal factor de riesgo... Y eso no lo podemos evitar. A partir de los 65 años, la incidencia de Alzheimer se duplica cada cinco años. Una de cada tres personas mayores de 85 está afectada y a partir de los 90, la mitad de población.

También hay quien asegura que dormir mal o sufrir insomnio puede provocar Alzheimer. ¿Mito o realidad? 

Está claro que el sueño profundo es maravilloso y una de las mejores situaciones para funcionar bien cognitivamente durante el día. Pero lo que todavía no está demostrado es que ese mal sueño realmente sea un factor de riesgo para desarrollar Alzheimer. Más bien parece que sea una consecuencia. Es decir, esa proteína que se va depositando en el cerebro durante muchos años altera el sueño nocturno. Por eso, hay que intentar tener un buen sueño. 

¿Existe un componente genético para desarrollar la enfermedad?

Sí que lo hay, pero el hecho de que tus padres hayan tenido Alzheimer no significa que tú lo vayas a desarrollar. Se hereda un poco más por la línea materna y cuánto más joven haya empezado a tener síntomas la madre, más riesgo. Pero este componente genético se podría compensar con el resto de los factores de prevención. Si llevas una vida sana y cuidas todos los aspectos citados, no tienes por qué desarrollar la patología aunque tus padres la hayan tenido. 

Si a pesar de aplicar todos estos factores de prevención, llega la enfermedad. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué tratamientos existen actualmente?

Los fármacos o productos (porque también hay suplementos nutricionales) que existen son de prevención secundaria; actúan cuando ya tienes síntomas. Es la que se llama fase de deterioro cognitivo ligero, cuando se experimentan pequeños fallos de memoria o de capacidad de organizarse, pero el paciente todavía es autónomo para las actividades habituales. Estos fármacos estabilizan la enfermedad uno o dos años, aunque hay casos en los que se puede estabilizar más tiempo. Pero si viene muy agresiva apenas se nota efecto.

OMEGA 3 Y ANTIOXIDANTES

¿Cuáles son estos productos? 

Sobre todo se utilizan suplementos de Omega 3, grupos de vitamina B, vitamina D y antioxidantes. Además, están los fármacos anticolinérgicos, que aumentan la acetilcolina (neurotransmisor) disponible. De modo que, aunque haya algo de degeneración, se aprovechan mejor las neuronas que todavía existen para mantener ese transmisor más implicado en las funciones cognitivas. 

Igual ahora la gente decide comprar Omega 3 a la farmacia para prevenir... 

Pero siempre debe ser con prescripción médica porque hay que hacer análisis de sangre para ver cómo están sus vitaminas, su riñón... El médico debe estar seguro de que el paciente no tome medicamentos que le empeoren la memoria, algo que ocurre habitualmente en las personas mayores muy medicadas. No tiene sentido empezar a dar más cosas cuando algo ya está mal de por sí. Sería construir sobre arena. Cuanta más medicación tome el paciente, más difícil será que los fármacos consigan el efecto deseado porque interaccionan entre sí y producen efectos adversos indeseados, como el deterioro cognitivo, de la memoria y la atención. 

¿Cuáles son estos medicamentos que pueden resultar contraproducentes? 

Algunos fármacos antidepresivos o tranquilizantes, que, en ocasiones, se recetan como sendantes contra el dolor. Lo que hace falta cuando el paciente tenga dolor, aunque parezca un contrasentido, es que se movilice. Sin embargo, muchas veces se recetan fármacos que sedan al paciente. Se mueven menos y hay más dolor. 

Pero aún no se ha descubierto ningún fármaco que cure el Alzheimer...

Así es, y cualquier persona que diga lo contrario no merece crédito. Sería un disparate. Es como decir que el ser humano no va a envejecer. Estamos hablando de una enfermedad que se empieza a fraguar a los 50 años y que da sus primeros síntomas a los 70. Sabemos que esa proteína se va depositando en el cerebro pero no por qué.

¿Vamos a poder estabilizar el Alzheimer?

Los fármacos antiamiloide eliminan esta proteína del cerebro. Se ha comprobado que en las personas que tienen un deterioror cognitivo ligero o moderado, retrasan la enfermedad entre un 20% y un 30%. Sí que tiene sentido dar estos anticuerpos cuando aún existe amiloide pero no has desarrollado los síntomas. Se pueden retrasar de manera significativa. Pero aún nos queda alguna década para llegar, si es que llegamos, a esa estabilización y retrasar la aparición de la enfermedad en unos cinco o diez años.

NUEVOS FÁRMACOS EN LA SANIDAD PRIVADA

Últimamente han aparecido nuevos fármacos que no están financiados por la Seguridad Social y solo se recetan en la sanidad privada, lo que ha provocado el malestar de los afectados y sus familias... 

Se trata de un fármaco que cuesta aproximadamente unos 40.000 euros al año. Entiendo a la Administración, a la industria y a los pacientes. ¿Si es justo o no? No me atrevo a pronunciarme sobre esta cuestión. Lo cierto es que el que haya personas que lo puedan costear nos beneficiará a todos porque sabremos el efecto a largo plazo y podremos dilucidar si es rentable o no. Nos va a ayudar a seguir investigando para dar el tratamiento cuanto antes, incluso antes de que aparezcan los síntomas. Pero también hay que reconocer que los pacientes que ya tienen demencia no se van a beneficiar de estos tratamientos. Aún queda mucho por investigar. Ya se beneficiará la generación de nuestros hijos.

Pero hay que entender que muchos afectados y sus familias se agarran a un clavo ardiendo porque el Alzheimer se rodea de mucho sufrimiento... 

Existen muchas maneras de aliviar ese sufrimiento y no se van a conseguir con ese tratamiento. Más importantes son los problemas afectivos y conductuales y la dependencia funcional que aparecen con la enfermedad. Lo que más alivia el sufrimiento son los cuidados, modificar el entorno, adaptarlo a sus posibilidades, acompañarles, hacerles ver todas las cosas que pueden hacer y de las que son capaces... 

¿Cuáles serían estas medidas? 

Buscar lo que te hace feliz. Como estar sentado en una terraza frente al mar, respirar, cerrar los ojos, sentir, levantarte por la mañana, darte una ducha, tener tus funciones fisiológicas aliviadas, disfrutar de una comida rica, salir a dar un paseo... Todas estas acciones las puede practicar una persona con demencia. Lo que necesitamos son personas que sepan cuidar a los enfermos en lugares agradables y con significado para ellos. 

Porque el Alzheimer no solo afecta a quien lo padece sino a toda la familia. Y, a veces, se desbarata la organización familiar...

Suelen desbaratarse las organizaciones que de por sí no eran sólidas. Afloran las debilidades del sistema familiar porque se descompensa. Y ahí debemos hacer mucho trabajo de apoyo, de reeducación... Se debe trabajar en equipo y mirar todos en la misma dirección para que nuestro ser querido se sienta acompoañado, últil y orgulloso de ser quién es y de su familia. A veces, el enfermo tiene queu ir a una residencia. Es importante que haya cuidadores, sobre todo personal auxiliar, bien remunerados, bien cosiderados y preparados. En todos estos aspectos insistimos desde la Fundación María Wolf (tía abuela con Alzheimer del fundador, Rubén Muñiz). 

¿Por ejemplo?

Creamos terapias no farmacológicas y cuidados para las personas con deterioro cognitivo. Como la terapia de estimulación emocional. Diseñamos sesiones para que las personas con deterioro cognitivo experimenten emociones positivas, como la alegría, el compartir, sentrise orgullosos, admiren a otros... También les reorganizamos toda la medicación para que tomen solo lo estrictamente necesario y no haya un exceso, que muchas veces produce desorientación, problemas de conducta, mayor riesgo de caídas... 

Tras tantos años en la consulta, ¿qué historias atesora esecialmente? 

Solo con que me hagas esta pregunta ya casi me emociono. El mejor pago que puedes tener es que el paciente y su familia te agradezcan lo que haces. No es comparable con absolutamente nada. Y yo tengo la suerte de que mi profesión me genere tanta satisfacción. Me gustaría que me recordaran como una persona que ha trabajado por los demás y que ha contribuido a que el Alzheimer y otras demendas se entiendan y se puedan tratar mejor.

"Mis padres son las personas que más han influido en mi vida"

Se emociona Francisco Javier Olazarán al recordar a sus padres: Josetxo Olazarán y Soledad Rodríguez, uno de los primeros matrimonios de funcionarios de la Diputación foral de Navarra. “Son las personas que más han influido en mi vida. Sin ninguna duda. Además, supieron hacerlo dándome toda la libertad y seguridad para que tomara mis propias decisiones. Yo intento hacer lo mismo con mis hijos pero no me sale tan bien”, confiesa. 

Soledad Rodríguez acaba de cumplir 90 años, que celebraron en familia en Pamplona, y Josetxo falleció nada más comenzar el confinamiento por la covid. 

Francisco Javier, primer médico de su familia, es el segundo de cuatro hermanos (una profesora en el colegio Calasanz (Escolapios) de Pamplona, un catedrático de Sociología en la Universidad del País Vasco y un policía foral). 

“Tengo unos recuerdos de infancia muy maravillosos. Vivía en Monasterio de Irache, en el barrio de San Juan, junto a Anaitasuna, y me encantaba pasear con mi abuelo por la Taconera y estar en sus casas (en la calle Mayor y en un chalé la Avenida Baja Navarra, donde jugaba con sus primos)”. De aquellos años recuerda también con especial cariño los fines de semana con la familia Iñigo Berrio en su casa de Ciriza. “Era nuestro lugar en el mundo”. 

De niño, recuerda Olazarán, “quería ser muchas cosas”. “Durante el Bachillerato sufrí mucho porque tenía que elegir y, sobre todo, descartar asignaturas y opciones de futuro. Mis padres, preocupados, me llevaron al psicólogo del colegio por ese motivo”. En aquellos años barajaba estudiar Filosofía o Filología Hispánica. Pero sus profesores se negaron. “El padre Ororbia, profesor de Literatura Española, me dijo que no iba a ser un Buero Vallejo. No pregunté más. Cuando le confesé al padre Castellot que quería estudiar Filosofía, me respondió: ‘¿Y has pensado de qué van a comer tus hijos?’ No hice más preguntas y finalmente me matriculé en Medicina”. 

Y se especializó en neurología porque le apasionaba el mundo del cerebro y de la mente. Le encanta el arte como herramienta de expresión y sobre todo, la música de Beethoven, las novelas de Galdós y Pardo Bazán y la poesía de Juan Ramón Jiménez y de Machado. “Me gustaría dedicarme a montar en bicicleta, subir al monte o tocar el piano, como hacía de joven, pero tengo muy poco tiempo... Igual cuando me jubile”, bromea.

Olazarán también disfruta mucho con su faceta docente (es profesor de Neurología en el Centro de Estudios Universitarios CEU y en la Universidad Complutense de Madrid”. “Cada día aprendo más enseñando. Con su ingenuidad, inteligencia e imaginación, los jóvenes nos ayudan a estar siempre abiertos a nuevos enfoques para conocer mejor la realidad”.

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