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Todos los Santos
El duelo: aprender a vivir con la ausencia de un ser querido
A las puertas de Todos los Santos, Virginia, de la Funeraria Belagua, recuerda la importancia de permitirse sentir y encontrar una manera propia de convivir con el recuerdo


Publicado el 30/10/2026 a las 05:00
Un arcoíris sobre un cielo completamente gris. Para Virginia, esa imagen resume a la perfección lo que significa el duelo. La vida continúa, todavía hay luz y motivos para sonreír, pero el fondo oscuro sigue ahí. A veces pesa más y otras apenas se nota. Y no hay una fecha concreta en la que la tormenta se transforma en solo nubes grises.
"El duelo no es olvidar: es aprender a recordar sin que duela tanto", recoge la web de Belagua Funerarios, en Zizur Mayor. Una frase que cobra especial sentido estos días, cuando la festividad de Todos los Santos invita a recordar a quienes ya no están y muchas familias se enfrentan a una ausencia que sigue ocupando un lugar importante en sus vidas.
Cuando la vida cambia de repente
La muerte de una persona querida puede provocar un impacto difícil de explicar. Tristeza, rabia, desconcierto, culpa, sensación de vacío o incluso momentos en los que cuesta reaccionar. Cada persona responde de una manera diferente y no siempre sabe poner palabras a lo que siente.
Los primeros días pueden estar marcados por los trámites y las despedidas, mientras la realidad de la pérdida empieza a abrirse paso. Después llega el regreso a la rutina, con una casa, unas costumbres y unos planes en los que falta alguien. Es entonces cuando muchas personas toman conciencia de que la vida ha cambiado.
No existe una única manera de atravesar ese proceso ni un plazo establecido para hacerlo. Tampoco es necesario mostrarse fuerte todo el tiempo. Llorar, hablar de la persona fallecida, buscar compañía o necesitar momentos de soledad son formas distintas de afrontar una misma ausencia, hay que permitirse estar mal, ya que en la sociedad actual en pocos meses ya tenemos que estar bien, en la época del luto obligatorio, lo único bueno era que se permitía estar triste.


Las fechas que remueven los recuerdos
Todos los Santos y también los cumpleaños, los aniversarios o las primeras Navidades sin esa persona pueden despertar emociones que parecían más tranquilas. Una canción, una fotografía o una tradición familiar bastan para devolvernos a un momento compartido.
Ante esas fechas, no hay una fórmula que sirva para todo el mundo. Algunas personas encuentran consuelo en mantener las costumbres; otras prefieren cambiarlas, reducir los compromisos o reservarse un rato para estar a solas. También puede ayudar encender una vela, compartir anécdotas o recordar en familia.
Lo importante es no convertir esas jornadas en una obligación de estar bien ni exigirse celebrar como antes. Recordar duele, y eso no significa que se haya retrocedido.
Acompañar sin exigir
Cuando quien sufre la pérdida es alguien cercano, a menudo cuesta encontrar las palabras adecuadas. Sin embargo, acompañar no siempre requiere decir algo. Escuchar, estar disponible y permitir que la otra persona hable de quien ha fallecido, sin cambiar de tema ni intentar acelerar su camino, puede ser mucho más valioso que cualquier frase hecha.
En Belagua, Virginia defiende esa mirada cercana y humana hacia la pérdida, que también se refleja en su espacio de acompañamiento al duelo. Pedir ayuda profesional puede ser otra forma de cuidarse cuando el sufrimiento resulta difícil de sostener.
Porque seguir adelante no significa dejar atrás a quien se ha ido. Significa encontrar, poco a poco, una forma de hacerle sitio en la propia historia. Como aquel arcoíris que sigue brillando incluso cuando el cielo permanece gris.