Salud

Nuka, la foca bebé terapéutica que llegó desde Japón

El centro de innovación VidAAs usa tecnología para mejorar la calidad de vida y ha llegado a un acuerdo con ASPACE para probar este robot en varios usuarios del centro

Sandra Minguez, psicóloga de ASPACE, junto a Maite Lizarrondo, usuaria de la residencia Carmen Aldave, que sostiene a la foca Nuka
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Sandra Minguez, psicóloga de ASPACE, junto a Maite Lizarrondo, usuaria de la residencia Carmen Aldave, que sostiene a la foca NukaJ.C.CORDOVILLA
Sandra Minguez, psicóloga de ASPACE, junto a Maite Lizarrondo, usuaria de la residencia Carmen Aldave, que sostiene a la foca Nuka

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María José Echeverría

Publicado el 06/10/2026 a las 05:00

Los grandes ojos negros de la foca bebé Nuka se abren y emite un pequeño sonido. Está en el regazo de Maite Lizarrondo, que le acaricia suavemente detrás de la cabeza. “¡Bonita!”, le dice. Nuka agita suavemente sus aletas delanteras de pelo blanco. Podría ser un peluche más o podría ser una mascota con su dueña. Pero no es así. Nuka es un robot terapéutico con forma de bebé foca y Maite es una persona con daño cerebral adquirido que vive en la residencia Carmen Aldave de ASPACE, en Pamplona.

A pesar de que ser un robot, la conexión flota en el ambiente. “A veces parece que está esperando que le diga algo. Que le de cariño”, afirma. Maite Lizarrondo Razquin, de 56 años y natural de Pamplona, es una de las 11 personas con discapacidad que está participando en una experiencia piloto de uso de la foca terapéutica Nuka.

El objetivo es analizar su contribución al bienestar emocional de las personas y su posible uso terapéutico.

La iniciativa parte del Centro VidAAs, impulsado por la dirección general de Planificación e Innovación del Gobierno foral y gestionado por NASERTIC. Idoia Urmeneta Varona, coordinadora del centro, explica que persiguen mejorar la calidad de vida de las personas. Todo con tecnología que ponen al servicio de entidades sociales, empresas o centros de innovación, como es el caso del robot terapéutico Nuka.

¿Y por qué una foca? Urmeneta indica que normalmente las personas no tienen experiencias previas con estos animales, lo que soluciona los problemas de un posible rechazo. Y la tecnología de IA permite que responda a las emociones: patalea, emite sonidos si le tiran de los bigotes, menea la cabeza si el contacto le resulta desagradable...

La psicóloga de ASPACE Sandra Minguez Bello, junto a sus compañeras Pilar Rodríguez Pajuelo e Isabel Oroz Ostiz, apunta que se han establecido una serie de objetivos para cada persona que participa en esta iniciativa en función de sus necesidades. Por un lado preventivos, como generar experiencias agradables, fomentar la relajación, el bienestar y prevenir así el agravamiento de dificultades. Y, por otro lado, reactivos, como apoyo cuando aparecen conductas que pueden generar malestar.

En definitiva, se trata de mejorar su calidad de vida pero de forma supervisada. De ahí que se organicen sesiones con las psicólogas y Nuka. “La idea es que se generara vínculo pero no dependencia”. Al final, es un préstamo, explica.

La experiencia se encuentra en fases iniciales pero las especialistas tienen medido el programa al milímetro. Las primeras conclusiones, aún subjetivas, son muy variadas: desde personas que rechazan el robot y tienen miedo hasta otras en las que el interés se extingue o, al contrario. Hay quienes obtienen sensaciones agradables y Nuka les ayuda a relajarse, apunta.

SENSACIONES EN EL AIRE

De hecho, observar a Maite con Nuka no dista de ver a cualquier persona relacionarse con su mascota. Maite Lizarrondo tuvo un accidente de tráfico en 1983 en el que falleció su padre. Desde 2004 reside en la residencia Carmen Aldave de ASPACE. Lejos de estar pasiva, lee la prensa, participa en talleres, en un canal de radio y ha escrito dos libros. Apasionada de la lectura, es validadora de lecturas fáciles. Le encanta salir a tomar café y ayudar a la gente. “Si soy capaz”, matiza consciente de su situación motora. “Es muy empática”. asegura Minguez. Quizás por eso, y porque le gustan los animales, quiso participar en este proyecto para probar el uso terapéutico de la foca robot Nuka.

“Al principio fue un poco extraño. Yo sabía que era un robot pero, poco a poco, me hizo sentir protectora”, afirma. “Le puedes dar mucho amor pero, al mismo tiempo, sabes que no lo puede recibir porque es un robot”. Sin embargo, conforme han ido avanzando las sesiones en las que Maite acaricia, habla y siente a Nuka las sensaciones han ido creciendo.

Prueba de ello, es que Nuka eleva la cabeza, abre los ojos, mueve las aletas y emite pequeños sonidos cuando le toca. Y Maite sonríe abiertamente mientras sigue achuchando a la pequeña foca bebé. “Me hace sentir como si fuera una madre. Le acaricio y es como si ella lo necesitase”, apunta. Y se emociona hasta las lágrimas al comprobar cómo le ha despertado sentimientos que, quizás, estaban atascados en algún lugar sin saberlo.

“Cuando abre los ojos parece que te quiere decir algo”, añade. La mira profundamente. “Preferiría que tuviera corazón”, confiesa. Y es que Maite explica que en ocasiones ha tenido pensamientos autolíticos y se han reducido considerablemente desde que inició las sesiones con Nuka.

Quizás sean las sensaciones de bienestar que despierta su pelo suave y claro, los gemidos o las enormes pestañas que le dan un aspecto afable. “El robot terapéutico ayuda a la expresión”, explica Sandra Minguez. “No juzga. A la hora de interactuar con el terapéuta fomenta la comunicación”, añade mientras sonríe al mirar a Maite levantar a Nuka. “Hemos hecho un lazo”, asegura. Y vuelve a abrazarla contra su pecho.

LA INICIATIVA
​¿Cómo mejorar la calidad de vida de las personas? Es un objetivo del centro de innovación social VidAAs, que impulsa el Gobierno foral, gestiona Nasertic y está certificado para poner en marcha la tecnología Living Lab, cuyo centro es la persona. A partir de ahí, usa la tecnología como herramienta, en estudios previos o la que ya está en el mercado. Este es el caso de la foca Nuka, que ha llegado desde Japón y dispone de tecnología de IA: tiene sensores que le permiten tener una respuesta al estímulo de la persona. Su coste ronda los 8.000 €.
La entidad ha llegado a un acuerdo con ASPACE para prestar a Nuka con objeto de testear cómo impacta en el trabajo del equipo de psicología. ASPACE ha elaborado un programa con residentes de Cizur y Pamplona para conocer si Nuka fomenta el bienestar emocional, reduce el estrés, conductas autolesivas, etc. Son sesiones de 20 minutos tres días por semana en periodos alternos de 15 días. Y valora si hay cambios durante la intervención y después.

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