Navarros globales
El intercambio a Finlandia de una cirbonera que nunca terminó
Noelia Martínez Jiménez conoció el país nórdico en la Semana Santa del año 2000 y lo que iba a ser una fugaz experiencia cultural de dos semanas terminó marcando su destino. Lleva 22 años residiendo en la coste oeste


Publicado el 28/09/2026 a las 05:00
Cuando a la cirbonera Noelia Martínez Jiménez le propusieron pasar dos semanas de intercambio con una familia finlandesa no se lo pensó. La inductora era “una buena amiga”, ella tenía 23 años, y el intercambio lo organizaban el ayuntamiento de su localidad, Cintruénigo, y el Instituto de la Juventud. Lo que no imaginaba entonces es que cuatro años después de aquella fugaz experiencia en la Semana Santa del 2000 se iba a terminar mudando definitivamente al país nórdico donde ya lleva 22 años. En la actualidad, reside junto a su pareja, Matty, y sus dos hijos Martín, de 17 años y Lucas, de ocho, en Oulu, en el extremo norte, donde el mar Báltico se congela en invierno y el sol apenas se esconde en verano. Hasta este 2026 Oulu era una discreta ciudad universitaria de poco más de 200.000 habitantes y marcado perfil tecnológico (alberga el mayor centro de I+D y fabricación de redes 5G y 6G con IA de Nokia), pero ejercer como capital europea de la cultura, le ha colocado en el radar de viajeros, artistas y curiosos de todo el mundo.
Después de cuatro años trabajando como maestra de educación infantil en un colegio público (allí todos los colegios lo son), Noelia ha obtenido plaza de funcionaria. Explica que en el país las clases de infantil cuentan con tres educadoras (una profesora y dos auxiliares) y que en su guardería se divide a los niños en grupos de seis. Ella, como maestra, se encarga de las programaciones, evalúa a los niños y hace las tutorías con los padres a principios de curso para establecer objetivos y, al final, para comentar cómo ha ido. Confiesa que lo que más le gusta es “la tranquilidad” que le aporta la ciudad, y su vida “sin prisas” donde la conciliación no es algo que tenga que negociar y le permite dedicar a diario tiempo a sus hijos después del trabajo. “El salario es más alto que en España pero también pagamos más impuestos y las condiciones son buenas. Si tu hijo menor de 12 años se pone enfermo tienes derecho a quedarte en casa tres días (tres días el padre, tres la madre y así sucesivamente)”, explica.
Entre las cosas que más valora del país, además de poder disfrutar casi a diario de las auroras boreales sin salir de casa o de la zona de los 100.000 lagos, en el centro del país, está la educación pública, gratuita para todos hasta que se termina la universidad. También, la extensa red de bibliotecas y la seguridad que ofrece el país a sus ciudadanos y permite que los niños puedan ir solos al colegio en bici desde los siete años. Aunque echa de menos su tierra y a su gente y cada 5 de enero le entra la morriña por estar lejos de casa, ni siquiera durante los inviernos, “muy largos y duros, con varias semanas seguidas a -20 grados, sin ver el sol y con pocas horas de luz ”, se arrepiente de haber fijado su residencia en Finlandia.
Su historia revela que nunca quiso que aquel intercambio en la Semana Santa del año 2000 terminara del todo. De hecho, cuando regresó a España empezó a estudiar el finés en la universidad y en la escuela de idiomas de Madrid. Y ese conocimiento del idioma le abrió una nueva puerta. Cuando en 2002 terminó la carrera de Historia del Arte (la estudió antes del grado en educación infantil), el gobierno finlandés le concedió una beca que le llevó a Helsinki un año para trabajar en un museo (Taidehalli). A pesar de los 22 años que lleva residiendo en Finlandia, todavía le cuesta cumplir algunas de las reglas no escritas de los nórdicos. Por ejemplo, que nunca te puedes presentar en casa de nadie sin avisar y que no puedes interrumpirles cuando están hablando porque es “de muy mala educación”. “Ellos te escuchan y cuando terminas hablan ellos. Llevar 20 conversaciones a la vez es impensable”, dice antes de afirmar que a pesar de que los nórdicos “no son tan abiertos, cuando te conocen son gente cercana y amable”.
Durante sus primeros años en el país vivió situaciones embarazosas con el idioma que le llevaron a tener que lidiar con la incredulidad de sus compañeros de trabajo cuando les contó que para celebrar el año nuevo en España comen doce pomelos en doce segundos. Con los años ha aprendido a guisar reno con una base de puré de patatas y mermelada de grosellas rojas y a llevar calcetines “decentes” cuando le invitan a una casa porque “siempre hay que descalzarse antes de entrar”. También sabe que no debe saludar nunca con dos besos. Aunque sin billete de vuelta, tiene claro que sus años de jubilación los pasará en España.
DNI
Noelia Martínez Jiménez nació en Pamplona el 22 de abril de 1977. Es hija de Alberto Martínez Jiménez, industrial fallecido en 2024, y de Lucía Jiménez Antón, jubilada. Tiene una hermana de 52 años, Silvia, que trabaja desde hace 26 como azafata de vuelo de British Airways. Tenía otro hermano, Alberto, que falleció hace trece años. Estudió en el colegió público Otero de Navascués de su localidad natal, Cintruénigo, y bachiller y COU en el IES Benjamín de Tudela. Después se licenció en Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid y obtuvo el Grado en Educación Infantil en la UNIR. En la actualidad reside en Finlandia junto a su pareja, Matti, y sus dos hijos Martín, de 17 años y Lucas de ocho.