Educación
Ruth Gutiérrez, nueva decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra: "Fui una niña tímida y me encantaba leer y estar en el campo"
La nueva decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra confiesa que ahora no le da vértigo hablar delante de muchas personas y que lo prefiere a "las distancias cortas"


Actualizado el 23/08/2026 a las 08:07
¿Aquella niña que llegó de Jerez a estudiar a Pamplona con 18 años, en septiembre de 1994, se imaginó en algún momento que 32 años después iba a sentarse en el despacho de decana?
Claramente, no. Pero aquella niña sí que tenía las cosas muy claras. Al terminar COU con muy buenas notas, la directora de mi colegio (Religiosas de Jesús y María) me preguntó: “¿Usted qué va a estudiar?” Cuando le respondí que Periodismo, se echó las manos a la cabeza y zanjó: “¡Qué desperdicio!” A lo que yo le contesté: “Pero es quiero dar seriedad a la profesión”. ¡Eso le dije! (se ríe) Pero es que lo pensaba de verdad. Quería aportar mi granito de arena. Así que la monja no me rebatió: “Muy bien, adelante”, concedió.
¿Por qué vino a Pamplona?
Mis padres, inicialmente, pensaban en mandarme a Deusto (Bilbao), Salamanca... Pero un conocido de mi padre estaba haciendo la tesis en Derecho en la Universidad de Navarra y él se la recomendó. Habíamos oído hablar muchas veces de esta universidad, pero por nuestra situación económica, no la contemplábamos. Finalmente, haciendo un gran esfuerzo, mis padres me enviaron aquí. Durante siete años (la carrera y tres de tesis), viví en la residencia militar, donde había varias habitaciones habilitadas para estudiantes.
¿Y cuándo decidió que, al terminar los estudios, se quedaría en la universidad para hacer su tesis doctoral?
En primero de carrera, al finalizar mis prácticas en el periódico San Fernando Información, donde trabajé todos los veranos de universidad. Me di cuenta de que había tocado techo intelectual y me parecía que la profesión no acababa de satisfacer todas mis inquietudes porque estaba todo el día pensando (risas). Necesitaba alimentarme de otra manera pero no sabía dónde ni con quién. Al final, en tercero de carrera me apasionó la Epistemología y el profesor Juan José García-Noblejas se convirtió en mi maestro. Me encantaron la Teoría del Conocimiento y la Poética. Quería dedicarme a eso. La vida académica es muy ardua pero yo seguía alimentando mi inquietud por el conocimiento, que aún continúa, y la docencia me atrapó desde el minuto uno.
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¿Prefiere investigar o impartir clases?
Las dos. La docencia y el trato directo con el estudiante me encantan. El saber, el conocer tienen que ser difundidos. No quiero quedármelos para mí. Y el aula es el primer lugar donde se puede producir ese encuentro. Cada estudiante viene con sus inquietudes, su manera de pensar y está deseando ser despertado. El contacto con los jóvenes me parece un auténtico privilegio y una responsabilidad. En Hawai, donde estuve investigando y dando clase el curso pasado, hay una palabra para expresarlo: ‘culeana’, que significa responsabilidad y privilegio.
Eligió para su tesis doctoral el tema del héroe en la ficción. ¿Por qué motivo?
Tiene mucho que ver con que mi padre sea militar. Es una de las mejores personas que conozco y siempre ha luchado por la paz. ¡Qué importante es la familia! Sin mis padres y abuelos, que siempre han sido ejemplo de sacrificio, nunca hubiera llegado hasta aquí. En esta línea del héroe, siempre me había inquietado de manera estructural la idea de sacrificio, de adquisición de hábitos heroicos y de cómo se podían transmitir a través de la representación. Con la ficción resulta más sencillo estudiarlo. Es una idea muy aristotélica: adquirimos los hábitos por imitación. Lo heroico es negarse a sí mismo por los demás. Sucede en tantos ámbitos de la vida ordinaria... Se trata de un asunto ancestral pero siguen surgiendo mitos heroicos en el día a día (cuando alguien es capaz de salirse de la masa, de obrar de manera excepcional...)
'LA RETÓRICA' DE ARISTÓTELES, COMO REGALO DE CUMPLEAÑOS
¿Siempre le ha gustado la Filosofía?
Muchísimo. En primero de carrera, mis amigas me regalaron ‘La Retórica’ de Aristóteles para mi cumpleaños y yo me compré ‘La Metafísica’ y las iba leyendo. Me gustaba pensar, saber qué pensaban otros. Me parece que es un camino infinito. Al llegar a la universidad, encontré mi sitio. En Jerez tenía muchas amigas pero siempre parecía un ‘bicho raro’ porque no me gustaba salir. Lo que me encantaba era leer, escribir, dibujar, tocar la flauta travesera, los animales, estar en el campo... Me gustaban las amistades pero era un poco retraída.
¿Ahora no lo es?
He cambiado muchísimo. De ser una persona tímida, ahora no me da ningún vértigo hablar ante muchas personas. Me encanta. Fíjate, las distancias cortas me intimidan más que ponerme delante de un aula, porque ahí no soy yo la protagonistas sino que lo que importa es lo que voy a contar. No soy Ruth sino una persona que está pensando y dialogando.
Casada con un periodista y doctor en Comunicación, ¿de qué hablan en su casa?
(Se ríe). De cosas normales, de las preocupaciones familiares, de nuestros proyectos... Pero además nos encanta hablar de las ideas. Lo hemos naturalizado tanto que nuestros hijos también participan. En casa, hablamos, debatimos mucho y nos gusta conversar bien.
¿Alguno de sus hijos seguirá sus pasos?
Quién sabe. Nuestros hijos se alimentan de lo que son sus padres. Algunos tienen inquietudes académicas y casi todos, buenas dotes para la comunicación.
Sus hijos son navarros. ¿Qué ofrece esta universidad para estudiantes como ellos? Para un navarro supone una ventaja espectacular contar con esta universidad en la puerta de casa. Si no quiere, no tiene por qué moverse porque el mundo viene a él. El campus se ha convertido en un lugar de encuentro de estudiantes de muchas procedencias. Puedes ser de Estella y tener un amigo de Filipinas, Puerto Rico..., lo que es muy enriquecedor.