Salud mental
Fernando Sarráis, psiquiatra y consultor de la Clínica Universida de Navarra: “Las palabras hirientes hacen más daño que una bofetada”
Consultor de la CUN y profesor de Psicología en la Universidad de Navarra, acaba de publicar su libro ‘20 consejos para tu salud emocional’, entre los que recomienda buscar la paz y la alegría y encontrar la felicidad en el interior


Actualizado el 04/07/2026 a las 23:16
Tristeza, ira y miedo. Son las tres emociones predominantes entre la población occidental. Y provocan depresión, violencia o fobias. Así lo comprueba a diario el psiquiatra Fernando Sarráis en su consulta, en la que intenta ofrecer a sus pacientes algunas estrategias para tener una actitud positiva ante la vida. Unos consejos que, tras más de cuatro décadas de experiencia profesional, ahora recoge en su libro ‘20 consejos para tu salud emocional’. Nacido en Mérida (Badajoz) hace 68 años, ha sido consultor de la Clínica Universidad de Navarra y ahora atiende su consulta privada en Bilbao y es profesor de la Facultad de Psicología del campus navarro.
¿Qué diagnóstico daría a la salud emocional en occidente?
Sin duda, está en crisis. Pero no aumentan los trastornos graves (esquizofrenia...) sino la depresión, el miedo y la violencia. Porque están creciendo los sentimientos de tristeza, de pánico y de ira. Yo me dedico a ayudar a las personas a mantener la paz y la alegría, además de con medicación, con la psicoterapia. No quería que se beneficiasen solo mis pacientes y, por eso, he publicado este libro. Quiero ayudar a la gente a prevenir, en vez de curar. Todos los consejos están introducidos por casos reales sin revelar la identidad de las personas.
Vayamos por partes. Uno de los consejos que aporta es controlar la imaginación y la fantasía.
Es que hay gente que sufre mucho por lo que imagina. No por la realidad sino por lo que cree que va a suceder. Su imaginación está dominada por el miedo. Aquí estarían los pesimistas, los hipocondriacos... Hay que controlar la voluntad para no imaginar.
Pero resulta muy complicado...
¡Claro! Subir al Everest también es difícil y se forman colas. Correr una maratón es complicado y ¿cuánta gente se apunta? Primero hay que quererlo y tener voluntad. Hay que comenzar con cosas pequeñas.
Un consejo relacionado con controlar nuestro mundo interior...
El 80% de lo que nos afecta está en el mundo exterior (en las redes sociales, Internet...) La gente piensa que la felicidad viene de fuera (dinero, éxito...) pero procede del interior. Hay que ser feliz con uno mismo y no dejarse manejar como una marioneta. Si nos quitan la libertad, no podremos ser felices. Es lo que ocurre con las adicciones (tabaco, alcohol, drogas, pantallas, compras...) Los adictos no son libres y por lo tanto, tampoco felices.
Usted insiste en conseguir la paz y la alegría interior...
Nos quejamos de las guerras pero poco se habla de nuestras guerras interiores (de los conflictos entre la voluntad y el corazón). Cuando se pierde la paz, uno se queda sin alegría. Además, quien tiene conflictos consigo mismo suele mantenerlos también con los demás. Hay que dialogar para encontrar acuerdos.
SABER RENUNCIAR
Subraya que para lograr la felicidad hay que renunciar a lo que no se puede tener. ¿Cómo hacerlo?
El que no puede renunciar es un adicto. Pero si renuncias, eres libre, aceptas y no te enfadas. Si no renuncias a lo que no puedes tener, está dividido y en tensión. Como suele decirse: ‘Si no puedes con tu enemigo, únete a él’.
Ligada a la renuncia está el no quejarse ni lamentarse tanto...
Vivimos en una sociedad hedonista que ha encumbrado el placer como objetivo (comida, dinero...) Y el enemigo del placer es el sufrimiento. Por eso, la gente se queja de lo que le hace sufrir y quienes les quieren también sufren al verlos así. Pero si renuncias a quejarte, podrás ver la belleza de la vida. Ponemos mucho empeño en tener un cuerpo 10 pero no en obtener una mente 10.
¿Qué ocurre con el lenguaje? ¿Por qué es tan importante utilizar palabras positivas?
Porque tiene que ver con el pensamiento. Es muy difícil que la gente se sienta bien conmigo si solo digo lo negativo. Por ejemplo, si le digo a una mujer que ha engordado, la destrozo, porque ella ya lo ve. Pero si le aseguro que es maravillosa, la hago feliz. Las palabras hirientes hacen más daño que una bofetada o un puñetazo. Porque la bofetada se queda en la piel pero las palabras penetran en el interior y provocan heridas en la afectividad mucho más profundas y difíciles de curar que el daño físico.
¿Alguna conclusión?
Que es muy difícil crear un persona exterior si uno no es una gran persona. Por eso, hay que saber cómo se quiere ser, vivir y morir.
DNI
Psiquiatra y profesor Fernando Sarráis (Mérida, Badajoz, 1958) es doctor en Medicina por la Universidad de Navarra y ha sido psiquiatra consultor en la Clínica Universidad de Navarra durante más de tres décadas. Ahora atiende su propia consulta privada en Bilbao e imparte clases en la Facultad de Psicología del campus navarro. Ha publicado libros como ‘30 consejos para una vida feliz’, ‘Análisis psicológico del hombre’, ‘El diálogo’, ‘El miedo’ o ‘Una mente positiva, una vida feliz’
20 consejos para mejorar la salud emocional
1. Controlar la imaginación y la fantasía. Hay personas convencidas de que lo se imaginan es real y sufren y provocan sufrimiento en los demás al imaginarse tragedias. Hay que quitar estos sucesos de la mente y esperar al futuro sin miedo a sufrir
2. Quererse y aceptarse. La consecuencia de quererse es vivir en paz y contento. El conflicto con uno mismo produce malestar permanente
3. Distanciarse de uno mismo. Distanciarse mentalmente supone dar menos importancia a lo nuestro y más a los demás
4. Controlar el mundo interior. En vez de controlar el mundo exterior (fama, prestigio, estataus...) para que sea como nos gustaría. Lo interior siempre debe ir por delante
5. Desprenderse de la apariencia física. La flocalización en la superficie del yo impide construir el yo interior, la personalidad para ser feliz.
6. Lo importante es la lucha y el trabajo, no el resultado. La persona que da excesiva importancia al resultado depende de él y pierde autonomía y libertad interior. Se vuelve inestable
7. Defender la paz y la alegría interior. Cuando se pierde la paz, se pierde la alegría. Hay que controlar la mente para no percibir ni imaginar lo que nos hace sufrir
8. Siempre que se lucha, hay esperanza. La esperanza es una espera de que ocurran cosas buenas en el futuro. La lucha es un ejercicio de voluntad
9. Propósitos y proyectos de mejora. Para ser como uno quiere en el futuro, hay que luchar por ser así hoy. No hay que aceptar un proyecto que no se pueda empezar a vivir ahora
10. Renunciar, mejor que resignarse. Renunciar a lo que no se tiene nos libera de ello. El que no renuncia vive un conflicto entre el yo de fuera y el yo de dentro.
11. Querer la obligación. Cuando no hay más remedio que hacer algo que no se desea conviene querer hacerlo
12. Evitar las prisas. Previene riesgos físicos y psicológicos del estrés crónico. Para disfrutar hay que hacer despacio
13. Cuida el orden y el orden te cuidará. Hay que vivir el orden exterior para experimentar el orden mental y vida ordenada
14. Ver lo positivo detrás de lo negativo. No hay que quitar el sufrimiento sino ver la oportunidad para sufrir bien
15. Ni quejas ni lamentos. Mientras la mente esté ocupada en quejarse, no se puede pensar en solucionar o evitar problema
16. Pensar, el gran talento del hombre. “La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”
17. Cuidar lo pequeño para ser grande. No se puede disfrutar de lo grande si no se disfruta de las cosas pequeñas. No se pueden llevar bien los grandes sufrimientos si no se llevan bien los pequeños
18. Evitar los conflictos. Las personas con conflictos internos son también conflictivas con los demás. El primer conflicto que hay que resolver es el interior de cada persona
19. Aprender a esperar. Las decisiones basadas en la calma y reflexión son más sólidas que las impulsivas. A los jóvenes, acostumbrados a la inmediatez, les resulta difícil esperar
20. Lenguaje positivo y realista. Las palabras hirientes hacen más daño que una bofetada o puñetazo. Penetran en el interior de la persona y provocan heridas en la afectividad, mucho más difíciles de curar que las heridas del daño físico