Memoria
Del terrorismo de ayer a lo que se está olvidando hoy: "Vimos que las nuevas generaciones no tenían ni idea"
Dos policías nacionales jubilados y tres alumnos de Jesuitas y Claret Larraona charlaron sobre terrorismo a partir de las experiencias de los primeros y de los conocimientos adquiridos por los jóvenes años después


Publicado el 16/06/2026 a las 20:04
El salón de actos de la Cámara de Comercio presentaba este martes 16 de junio una imagen poco habitual. En la mesa, dos policías nacionales jubilados compartían espacio con tres universitarios y dos profesores de instituto. Entre el público, un silencio absoluto acompañó durante una hora y veinte minutos los testimonios desgarradores y las reflexiones sobre el terrorismo. Y, como última singularidad, la ausencia en el público de representantes políticos en una mesa redonda centrada en la labor que desarrollan los centros educativos Jesuitas, Claret Larraona y Salesianos para concienciar a los jóvenes y abordar sin miedo una realidad que durante décadas golpeó a Navarra.
“¿Sabíais algo de terrorismo antes del proyecto?”, preguntó Carlos Rivera Echarri, principal impulsor del proyecto Terrorismo en España: memoria y reconciliación en Jesuitas, a los tres jóvenes que formaban parte del coloquio. El primero en responder fue Guillermo Ortiz Pérez, de Claret Larraona. “Poco, había escuchado algo en casa”, reconoció el joven. “No sabía mucho. No había preguntado mucho, pero es importante no tratarlo como un tema tabú”, respondía Pablo Casiriain Riol, de Jesuitas. Por último, Candela Izco García, también de Jesuitas, afirmaba que partió el proyecto “desde el desconocimiento”.
Esa era la base de la iniciativa: la ignorancia. “Vimos que las nuevas generaciones no tenían ni idea y que la poca que tenían estaba distorsionada”, aseguraba Rivera. Esa constatación fue motivo más que suficiente para poner en marcha un proyecto que persigue construir un relato fiel de lo sucedido, fomentar la empatía hacia las víctimas del terrorismo en su conjunto -aunque las de ETA, por la magnitud de su barbarie, ocupan un lugar destacado- y dar visibilidad a esta labor en la sociedad.
Entre las actividades realizadas durante el curso destaca la visita a los centros educativos de familiares de víctimas y expertos en la materia que, tras compartir sus testimonios, acompañan a los alumnos en la reflexión. Además, los jóvenes presentan en profundidad al resto del centro casos reales.
“De ser desconocedores pasan a ser expertos”, señalaba Eduardo Ortiz Piquer, responsable de un taller en Claret Larraona por el que han pasado alrededor de 110 personas vinculadas a algunos de los episodios más oscuros de la historia reciente de España. “Me quedaba impactado al escuchar los testimonios. En la siguiente hora estabas más parado. Me asombraba su valentía”, indicó Guillermo Ortiz.


"UN MIEDO ATROZ A DENUNCIAR"
Además, en una de sus reflexiones, este joven trató de buscar una explicación a la lenta reacción de la sociedad española ante los atentados. El alumno puso como ejemplo el asesinato de Miguel Ángel Blanco como punto de inflexión. Y la respuesta que recibió fue dura: “Eso era el miedo. Teníamos un miedo atroz a denunciar porque nos escuchaban”, le respondió una pamplonesa presente entre el público.
Esta mujer también aprovechó su intervención para felicitar a los colegios por impulsar iniciativas de este tipo. Los alumnos también hablaron sobre la responsabilidad que han adquirido en su entorno a partir de esta formación y afirmaron sentirse capacitados para hacer llegar a las generaciones futuras todo el conocimiento. “El colegio nos ha dado las herramientas para concienciar a otros”, sentenciaba Candela Izco García.
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TESTIMONIOS EN PRIMERA LÍNEA
El complemento perfecto a las ideas de los estudiantes fueron los testimonios de Gerardo Álvarez y Cruz María Vicente Lizarraga, dos policías nacionales jubilados encargados de recordar la crudeza de sus trayectorias laborales.
El primer atentado que recuerda Álvarez es el sufrido por José Javier Uranga, director de Diario de Navarra entre 1962 y 1990. Por su parte, Vicente apenas llevaba un día destinado en San Sebastián cuando aparecieron asesinados en una playa de Anglet (Francia) los inspectores de Policía Jesús María González Ituero y José Luis Martínez Martínez.
“Éramos el objetivo porque éramos su enemigo, pero hubo mucha gente que murió y no tenía nada que ver. Recuerdo a Francisco Medina Albala. Era un albañil que el único delito que había cometido era ir a trabajar a unas obras de un cuartel de la Guardia Civil”, comentó Vicente.
“Es importante lo que hacéis porque muchos lo obvian”, dijo Gerardo Álvarez a los alumnos, antes de recordar la figura de Diego Torrente Reverte, compañero del Cuerpo Nacional de Policía asesinado por ETA en 1984 en las inmediaciones de la UPNA. “Yo salí a correr y coincidí con él. Llegué a casa a los diez minutos y mi madre me dijo que le habían asesinado. Esas cosas no se olvidan y me revuelven todo”, relató Álvarez.
Entre ambos agentes habrían podido llenar la mesa redonda de anécdotas y recuerdos. “Yo no tuve miedo por mí, era todo por mi familia”, sentenció Gerardo Álvarez. Del terrorismo de ayer a lo que hoy algunos olvidan y otros tratan de evitar que caiga en el olvido.