Salud

Charo Baztán, donante de riñón a su hijo: "Sin trasplantes, no hay solución"

Pamplona celebraba este miércoles el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos y hacía un llamamiento a todo aquel que quisiese colaborar

Charo Baztán Martínez junto a su hijo, Alberto Lusarreta Baztán, a quien donó un riñón
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Charo Baztán Martínez junto a su hijo, Alberto Lusarreta Baztán, a quien donó un riñónEduardo Buxens
Charo Baztán Martínez junto a su hijo, Alberto Lusarreta Baztán, a quien donó un riñón

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Irune Abadía Esain

Publicado el 04/06/2026 a las 05:00

La vida de Charo Baztán Martínez, de 74 años, y de su hijo Alberto Lusarreta Baztán, de 55, está marcada por la poliquistosis hepatorrenal, una enfermedad hereditaria que ha afectado a toda la familia. En 2011, Charo dio un paso decisivo al donar un riñón a Alberto, una experiencia que les convirtió en testigos directos del valor de la donación de órganos: “La experiencia es gratificante porque ante la impotencia que crea, en nuestro caso, la enfermedad, ves que puedes hacer algo”.

Las dos hermanas de Alberto también han heredado la patología y, a día de hoy, la hija mediana de Charo se encuentra en lista de espera para recibir un trasplante. “Ojalá tuviese más riñones para donar”, señalaba con impotencia.

Ahora, madre e hijo intentan participar en todas las iniciativas de sensibilización que pueden. Este miércoles fue una de esas fechas. Pamplona celebraba en Carlos III el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos bajo el lema ‘Dale un LIKE a la vida, dona órganos y regala futuro’. En la jornada, ellos fueron dos de los testimonios de referencia. “Lo importante es que la gente se mentalice. Es por lo que luchamos siempre. Si no hay donantes, no hay trasplantes; y sin trasplantes, no hay solución”, concluían ambos.

Arturo Urdániz, trasplantado de hígado y de ambos pulmones: “Tener la posibilidad del trasplante lo cambia todo”

Arturo Urdániz Solá, de 56 años, sabe mejor que nadie lo que significa recibir una segunda oportunidad. Fue trasplantado de hígado en 2019 y de ambos pulmones en 2024, dos intervenciones que le han permitido recuperar una vida que se había ido limitando poco a poco.

Este miércoles, en el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos, recordaba cómo, durante la espera, convivía entre el deterioro progresivo de su salud y la incertidumbre de una llamada que podía o no llegar en cualquier momento. “Además, cuando te llaman, muchas veces ocurre que al final el trasplante no sale adelante y tienes que volver a casa. Yo he tenido mucha suerte. Las dos veces que me han llamado, he entrado y ha salido bien”, contaba.

Su hija Paola, de 17 años, ha sido uno de sus principales apoyos durante todo el proceso. También valora haber podido reincorporarse a su trabajo tras ambos trasplantes, algo que le ha ayudado a recuperar la normalidad. Una gran prueba de esa recuperación llegó la semana pasada: “Pude bañarme en el mar por primera vez en dos o tres años. Fue una maravilla”.

Él mira al futuro con gratitud. “Aunque ha habido épocas muy duras, es un regalo poder hacer casi lo mismo que hacía antes. Ya no pides más. Tener la posibilidad del trasplante lo cambia todo”, resumía con una sonrisa.

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