Envejecimiento

Relatos de vida que se cruzan en el barrio: "Me prejubilé con 60 años y enseguida empecé a venir aquí con mi padre"

Seis personas mayores, entre 67 y 95 años, comparten sus vidas en el centro ‘Convive Santesteban’ y ponen rostro a ese espacio, “algo más que un club de jubilados”. Con apoyo profesional, ellos deciden sus actividades y aprenden a cuidarse

De izda a dcha: Mari Carmen Rodríguez Moreno, Josetxo Paternáin Nagore, Ana Mendinueta Beriáin, Javier Mendinueta Ruiz de Azúa, Gema Burguete Pola y Sabino Huarte Estella, en el centro 'Convive Santesteban' de la Txantrea.
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Mari Carmen Rodríguez, Josetxo Paternáin Nagore, Ana Mendinueta Beriáin, Javier Mendinueta Ruiz de Azúa, Gema Burguete Pola y Sabino Huarte Estella, en el centro 'Convive Santesteban' de la Txantrea.J.C.CORDOVILLA - ddn
De izda a dcha: Mari Carmen Rodríguez Moreno, Josetxo Paternáin Nagore, Ana Mendinueta Beriáin, Javier Mendinueta Ruiz de Azúa, Gema Burguete Pola y Sabino Huarte Estella, en el centro 'Convive Santesteban' de la Txantrea.

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 28/05/2026 a las 18:08

Javier Mendinueta Ruiz de Azúa llegó a Pamplona en 1934, con 3 años, cuando comenzaba a construirse el seminario y su padre fue contratado como albañil. Él había nacido en Vitoria en 1931, nada más proclamarse la Segunda República, pero toda su vida ha discurrido en la capital navarra, entre la entonces llamada carretera del Cementerio (actual San Juan) y la Txantrea, donde hoy convive con una de sus hijas. Viudo, padre de cinco hijos, abuelo de nueve nietos y bisabuelo de seis bisnietos insiste una y otra vez que lo más importante es “la familia”. La gran familia que él creó junto a su mujer. 

Y así lo cuenta a sus compañeros de actividades en el centro ‘Convive Santesteban’, en su barrio, donde acude a bailar y a las excursiones que se organizan. Lo escuchan entre risas sus compañeros, todos más jóvenes que él. “Javier es un ‘crack’. Siempre de buen humor”, coinciden. Pero no siempre fue así. Su hija Ana, de 67 años y que también acude al centro, recuerda que cuando su padre enviudó entró en una depresión. “Pensábamos que sufría alguna demencia. Pero empezó a participar en actividades con otras personas y mejoró mucho”. 

Ese es precisamente el objetivo de esta iniciativa, gestionada por Fundación Pauma y que cuenta con el respaldo de las fundaciones ‘la Caixa’, Caja Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona. “Estamos para escuchar, acoger y cuidar. Para acompañar los procesos de envejecimiento”, subraya la responsable del centro, la educadora social Rosa Olaortua Garijo

Esa “pluralidad” y “respeto al diferente” es algo que ha aprendido desde que asiste allí Gema Burguete Pola (Pamplona, 1953), vecina de La Magdalena, casada, con dos hijos y un nieto. “Yo antes preguntaba por las personas, dónde estaban, por qué no venían... Pero he aprendido que son cuestiones de la intimidad de cada uno”, explica esta mujer, que ha trabajado siempre como ama de casa y que ahora asiste a clases de gimnasia, de juegos de mesa y al bingo. “Una cuñada me informó del centro y vine. Estoy contentísima porque hablo con personas y aprendo”. 

Otra de las personas que aprende y también enseña a sus compañeros es Josetxo Paternáin Nagore (Aoiz, 1941), que trabajó como maestro industrial eléctrico en las minas de Potasas hasta los 56 años. Después comenzó sus estudios en la UNED (primero el curso de acceso para mayores de 25 años y después la carrera de Historia, que terminó con 65). “Nunca es tarde para aprender”, recalca este historiador, casado, con dos hijos y dos nietos. Imparte charlas sobre historia a sus compañeros del centro Convive, una labor que compagina con sus investigaciones en el Archivo General de Navarra a diario desde las 9 de la mañana. “En el centro hay muy buena gente. Me encanta participar en las excursiones”. 

También suele sumarse a estos viajes el pamplonés Sabino Huarte Estella (nacido en 1944, en la ‘rambla’ de Tejería). Montador de estructuras metálicas y puertas basculantes, casado, con tres hijos y seis nietos, ha repartido su vida entre el Casco Viejo, San Jorge y la Txantrea. “Me encanta hablar con otras personas y hacer trabajos manuales”. Descubrir una familia Todos, recalcan, valoran y aprecian la compañía. Pero más cuando han sufrido pérdidas.

DESCUBRIR  UNA FAMILIA

 Como es el caso de Mari Carmen Rodríguez Moreno (Pamplona, 1948), que se quedó viuda el pasado diciembre. “Aquí he descubierto una verdadera familia”, se emociona al confesarlo. “Coges mucho cariño a la gente y estás siempre acompañada, aclara esta mujer que asiste a clases de gimnasia, cultura popular, costura, manejo del teléfono móvil y talleres de memoria. “Vengo desde hace siete años y siempre me ha venido muy bien pero, desde que me he quedado viuda, más”.

 La salud, coinciden todos los entrevistados, es su caballo de batalla. “Siempre hay alguna gotera, que se acentúa con la edad”, se ríen. En el caso de Josetxo Paternáin fue una trombosis, que le llevó al hospital. “Pero ahora estoy muy bien y me preparo mis conferencias. Por ejemplo, sobre los significados de la palabra ‘Irati’ (el río, la selva, el nombre...) o los hojalateros. Me gusta investigar sobre las costumbres populares de Aoiz y del valle”. 

Para Sabino Huarte, su mayor problema de salud fue un infarto en 2013 y una operación de estómago en los últimos años. “Por eso, camino todos los días entre 10-12 kilómetros. Me da igual que haga frío o llueva. Me doy la vuelta a Pamplona y vuelvo”, cuenta. Mari Carmen Rodríguez sufre una lumbalgia que no le impide llevar una vida normal y a Javier Mendinueta le han operado de cataratas. “Así que ya tiene una vista de lince. Ahora solo le falta el oído”, bromea su hija Ana, de 67 años, con quien convive desde que se quedó viudo. 

Ana se prejubiló con 60 años de auxiliar de enfermería en la Clínica San Miguel. Y ahora compagina el cuidado de su padre, de sus nietas, la presidencia de la Asociación de Jubilados y Jubiladas Auzotegui, con sus clases de trikitixa. Pero los pequeños achaques de su padre nos les impide disfrutar los fines de semana en el camping de Arbizu, donde tienen un bungalow, y donde a Javier le gusta montar en piragua. “Es precioso navegar en el lago”, subraya este hombre, que también nada en la piscina, juega al ajedrez y la gusta la novela histórica. “He leído todos los libros de Luis Zueco. Es un gran escritor”, insiste. 

LA "BENDICIÓN" DE LOS AÑOS

 Pero además de las actividades lúdicas y culturales, en el centro abordan cuestiones sobre el envejecimiento y los cuidados. "Queremos que se construya el centro que queremos para que todas las personas puedan opinar. Por eso, hay un consejo de participación", explica la educadora social Rosa Olaortua Garijo. "Debatimos todas las actividades permanentes o puntuales". ¿El objetivo? "Que sea más que un club de jubilados. Buscamos un centro de atención integral para las personas mayores. Los profesionales acompañamos su proceso de envejecimiento". 

¿Y qué opinan los asistentes sobre el paso del tiempo? "Para mí cumplir años es una bendición -reconoce Gema Burguete-. Mi madre murió con 59 año y mi padre, a los 96.. .Yo lo cuidé hasta el final y para mí fue lo más grande". Mari Carmen Rodríguez escucha mientras habla aunque confiesa que desde que se ha quedado viuda nota que ha envejecido. "Yo quiero cumplir años pero sin dolor". Y Josetxo Paternáin lo tiene muy claro: "Sigo queriendo vivir. Aunque esté deteriorado. Aspiro a disfrutar  del día a día y a compartir mi tiempo con la gente". Josetxo valora sus años de vida, "muchos más que los que tuvieron sus padres" y le gusta rememorar sus años jóvenes, cuando era montañero. "Aunque ahora no lo pueda hacer me gusta recordar el pasado. Eso sí, me gustaría morirme antes que mi mujer", recalca. 

Sabino Huarte acaba de hacer ahora su 'testamento vital' y opina que no le gustaría vivir en malas condiciones. Lo dice bien claro. "Hacerse viejo es una putada. Yo ahora estoy contento pero en el momento en el que no valga, ¿ya qué pintas?" Y eso que reconoce haber tenido mucha suerte en la vida. Su hija, a los 18 años, permaneció meses en coma y salió adelante y su hijo, en su juventud, se libro de morir en un accidente de coche, en el que fallecieron varios de sus ocupantes. 

Javier Mendinueta sonríe al reconocer cuánto le gusta respirar. “Es una función maravilla. Respiro, luego existo”, bromea. Pero lo que más le llena es poder hacerlo con su familia. “Celebrar cumpleaños o cualquier otra cosa en casa. Estar todos juntos en casa es lo mejor”. 

Todos los entrevistados coinciden en que, en caso de dependencia y si es posible, les gustaría permanecer en sus casas. “Yo no me planteo llevar a mi padre a una residencia. Pero a mí no me gustaría ser una carga para mis hijas. Me parece buena idea envejecer en unan comunidad con otras personas. Eso sí, no me gustaría seguir viviendo en el momento en que ya no conozca a otras personas”. Josetxo Paternáin tampoco quiere “dar guerra” y quiere disfrutar de cada momento de vida. 

Estas y otras muchas cuestiones similares las han abordado con la educadora social en el centro. “Todos venimos a dar y recibir. Todas las personas podemos aportar a la sociedad. Es importante involucrarse”, insiste Rosa Olaortua. Y hace hincapié en la importancia de promocionar la salud, tanto desde una dimensión individual (la de cada uno) como colectiva (colaborar para construir un barrio mejor). “Queremos que todo el mundo encuentre su lugar. Que se sienta libre para hablar y escuchar. Siempre desde el respeto”. 

EMIGRANTES ENVEJECIDOS

La directora del área de personas mayores de Fundación Pauma, Alicia Olza, expone algunos de los resultados de las entrevistas en profundidad que han hecho a personas de toda Navarra, con el respaldo de Fundación ‘la Caixa’ y Fundación Caja Navarra y de donde se desprenden las nuevas longevidades que van a llegar en pocos años. 

Al margen de los ‘divorcios grises’ (los que ocurre a partir de los 60 años o en la edad de jubilación) y las relaciónes LAT (living apart together, viviendo juntos y separados), en las que muchas parejas no conviven todo el tiempo, y que plantean diferentes formas de cuidados, Fundación Pauma también ha reflexionado sobre el envejecimiento de los emigrantes. “Son personas que se han dedicado a cuidar a mayores y ahora van envejeciendo ellos. Tienen poca red familiar pero sí una potente red de apoyo de amistades”. Que difiere, igual que entre el resto de la población, entre zonas urbanas y rurales.

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