Historia

Una santa navarra de novela

La cascantina Vicenta María López y Vicuña (1847-1890) protagoniza el último libro de la escritora y periodista Sonsoles Ónega, 'Llevará tu nombre' (Planeta). Las religiosas de la congregación que fundó (María Inmaculada) recuerdan su vida. “Las chicas han triunfado” fue su lema

De izda a dcha: Adoración de Corta Moral (superiora), Concha Notario Ruiz y Antonia Maldonado Martín, en la alcoba en la que nació Santa Vicenta María López y Vicuña, en Cascante.
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De izda a dcha: Adoración de Corta Moral (superiora), Concha Notario Ruiz y Antonia Maldonado Martín, en la alcoba en la que nació Santa Vicenta María López y Vicuña, en Cascante.Blanca Aldanondo
De izda a dcha: Adoración de Corta Moral (superiora), Concha Notario Ruiz y Antonia Maldonado Martín, en la alcoba en la que nació Santa Vicenta María López y Vicuña, en Cascante.

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 11/05/2026 a las 08:19

Santa María López y Vicuña es ahora un personaje de novela. Del último libro publicado por la periodista y escritora Sonsoles Ónega. Pero ya lo era mucho antes de que la pluma de la que fue ganadora del Premio Planeta en 2023 la consagrara a la fama novelesca en ‘Llevará tu nombre’ (Editorial Planeta). Esta religiosa, nacida en una adinerada familia de Cascante en 1847, acogió y atendió a las chicas jóvenes que llegaban a trabajar a Madrid a finales del siglo XIX. Como se recoge en el libro. 

En 1876 (se cumplirán 150 años el próximo junio), fundó la congregación de las religiosas de María Inmaculada (también conocidas como ‘del servicio doméstico’) y fue canonizada en 1975. Es, por tanto, la primera santa navarra.

Las religiosas de la congregación que están al frente de la casa de Cascante y del museo que se inauguró en 2007 (se recogen objetos de la vida de la santa y se cuenta su biografía) aplauden la publicación de la novela y desgranan la vida de la cascantina, que falleció en Madrid con solo 43 años.

La riojana Adoración de Corta Moral, nacida en Canillas del Río Tuerto hace 87 años, es la hermana superiora. Reside en Cascante junto con Concha Notario Ruiz (Ciudad Real, 74 años), experta en la vida de Santa Vicenta y encargada de las visitas al museo; y Antonia Maldonado Martín. Además de su casa, ofrecen otra de descanso, ejercicios y formación para religiosas, docentes de la congregación y todas las personas que quieran conocerlas.

Las Hermanas de María Inmaculada, que hace siglo y medio sumaban solo tres religiosas, alcanzan ya las mil repartidas por todo el mundo. “Nuestro carisma continúa siendo el mismo de los inicios- explica Concha Notario-. Ayudar a las chicas jóvenes en su formación y moralización”. Así, actualmente, poseen centros de enseñanza, residencias de estudiantes, centros sociales y de inserción laboral en el servicio doméstico. En Pamplona, están al frente del edificio de la avenida Roncesvalles (frente a la Plaza de Toros), levantado por el arquitecto Víctor Eúsa en 1927 y que es ahora un centro de FP, una residencia y centro social. 

VALORAR LA CULTURA

 Coinciden Adoración de Corta y Concha Notario en que la santa de Cascante procedía de una familia que “valoraba mucho la cultura” (su padre fue abogado y administraba sus terrenos). “Por eso, cuando se crea la congregación, se da mucha importancia a preservar y moralizar a las jóvenes. A enseñarles, al menos, a leer y escribir. En unos años, en los que las mujeres estaban totalmente excluidas de la cultura y la vida pública”. Por eso aplauden la novela de Sonsoles Ónega. “Se cuenta perfectamente quién fue Vicenta María. Es una forma muy bonita de darla a conocer”. 

Junto a la casa natal, que se puede visitar y conserva la estructura, muebles y enseres de la época, se inauguró en 2007 y en el edificio contiguo (se accede través de una puerta interior) un museo de tres plantas. La casa natal acoge la alcoba en la que nació la santa, su habitación de niña, el comedor, la biblioteca... En el museo se cuenta la vida de Vicenta María: desde su infancia en Cascante (se exhiben su faldón de bautismo, ropa, zapatos, una silla en la que su padre le tomaba las lecciones, una copa de vidrio con su nombre...), su llegada a Madrid (fotos de la capital, cuadros...) y sus últimos años (se recogen cartas, fotografías, recortes de periódicos...) 

EL MILAGRO DE INÉS DEÁN

 Tanto Adoración de Corta como Concha Notario asistieron en 1975 a la canonización de Vicenta María en Roma por el papa Pablo VI. “Fue una ceremonia impresionante y preciosa”, recuerdan las religiosas que entonces sumaban 37 y 24 años, respectivamente. La cascantina Inés Deán Guelbenzu fue clave en su subida a los altares. Ella contó cómo de niña, en 1927, enferma de tuberculosis y a punto de morir, Vicenta María se le apareció a los pies de su cama y la curó.

Vocación de servicio con chicas humildes en el Madrid del siglo XIX

Vicenta María López y Vicuña nació en Cascante el 22 de marzo de 1847. Catorce días después de la muerte de su hermana mayor, Vicenta María Julita, que no llegó a cumplir los 3 años. Sus padres, el abogado José María López Giménez y Nicolasa Vicuña, se habían casado en Estella en 1843. 

Según cuenta la religiosa Concha Notario en su libro ‘Huellas de amor’, sobre la vida de la santa, “el impacto por la pérdida de la primera hija orientó a los padres hacia una extremada protección sobre la nueva niña”. Así, tras sus estudios primarios en Cascante, la enviaron a seguir con su formación a Madrid. Allí vivían varios tíos maternos de la pequeña: Dominica (hermana salesa), Manuel María y María Eulalia (casada con Manuel de Riega). El matrimonio, sin hijos, acogió en su casa de Madrid a Vicenta María en 1857, cuando sumaba 10 años.

 Inicialmente estudió en el colegio San Luis de los franceses pero después continuó la formación en casa. Su tía María Eulalia había iniciado años antes la atención a chicas de pueblo que llegaban a la capital para servir en las casas. Pero muchas veces, al enfermar de tuberculosis, las despedían y terminaban en la calle y la prostitución. Y así fundó “La Casita”, un lugar para acogerlas. 

Vicenta María acompañaba a su tía en estas labores sociales y surgió en ella la vocación religiosa. Su padre hubiera preferido que entrara en las Salesas, como su tía, pero la chica, que entonces tenía 29 años, fundó una nueva congregación el 11 de junio de 1876: las religiosas de María Inmaculada, más conocidas como “del servicio doméstico”, por acoger a las jóvenes, ayudarlas a encontrar trabajo y a formarse. Vicenta María falleció en Madrid, a causa de la tuberculosis, el 26 de diciembre de 1890. La congregación sumaba entonces veinte monjas. Fue canonizada en 1975.

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