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El talento no desaparece: huye

Las nuevas generaciones están cambiando las reglas del trabajo y obligan a las organizaciones a repensar cómo cuidan a sus equipos

Teamwork Power Successful business Meeting Workplace Concept.
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Para que la plantilla de una empresa funcione bien hace falta coherencia, claridad y liderazgo123RF
Teamwork Power Successful business Meeting Workplace Concept.

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Publicado el 22/04/2026 a las 05:00

Si hoy preguntamos a muchas organizaciones cuáles son sus verdaderos dolores de cabeza, las respuestas que se repiten con frecuencia son ¨no encontramos gente¨, ¨cada vez es más complicado retener al equipo¨, ¨el equipo está quemado¨.  Las empresas deben de saber afrontar con valentía y honestidad una idea que por incómoda no deja de ser real: quizá no tenemos un problema de personas y sí tenemos un problema de organización.

Un nuevo concepto del trabajo

El mercado laboral ha experimentado un profundo cambio en la última década que afecta a la propia concepción del trabajo y al que las empresas, guste o no, deben de adaptarse de forma inmediata.

Las nuevas generaciones no solo buscan un sueldo; buscan un proyecto con sentido, posibilidades reales de aprendizaje, cierto control sobre su tiempo, coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, y un trato profesional que no confunda exigencia con presión constante. En otras palabras: quieren trabajar bien, pero también vivir. Y eso no es un capricho sino una forma distinta de medir la vida y de decidir dónde merece la pena invertir energía.

Esta realidad provoca en ocasiones consecuencias nocivas para las empresas: Procesos de selección eternos, puestos vacantes que se cronifican, equipos sobrecargados y una rotación de plantillas que, cuando se instala y no gestiona adecuadamente, cuesta mucho frenar.

La tentación es explicar todo con una frase sencilla: “la gente no quiere trabajar”. Pero esta afirmación, además de injusta, necesita una dosis de realidad. ¨Hay personas dispuestas a trabajar, pero no a cualquier precio¨. Un “precio” que no se mide por “solo” por un sueldo, sino al que se suma el desorden, falta de planificación, sensación de que siempre se llega tarde, roles difusos, carga mal repartida, exigencia sin herramientas, liderazgo que desgasta, incertidumbre permanente, comunicación pobre o el “ya lo veremos” como forma de gestionar… Un “precio” que ya no compensa a muchas personas.

El diseño organizativo como herramienta de captación de talento

A la hora de valorar un puesto de trabajo conviene diferenciar entre las condiciones laborales; salarios, horarios, conciliación, flexibilidad y el diseño organizativo: cómo se trabaja internamente, cómo se decide, prioriza, coordina y lidera. Éste último puede ser determinante y a menudo se descuida.

Cuidar a las personas no es poner una fruta en la oficina ni organizar una actividad de equipo una vez al año. Cuidar es ordenar y hacerlo para que el trabajo sea posible sin romper a la gente por el camino. Ordenar implica decisiones muy concretas: clarificar responsabilidades, definir procesos mínimos, equilibrar cargas, dotar de autoridad y herramientas a los mandos intermedios, revisar turnos y dimensionamiento, mejorar la comunicación y —sobre todo— priorizar. Porque una organización que lo quiere todo, todo el tiempo, acaba pagando un precio alto.

Claridad, coherencia y liderazgo razonable son sinónimo de compromiso

Hay empresas que han intentado resolver problemas complejos con soluciones rápidas positivas pero insuficientes; subidas de sueldo, más teletrabajo, una campaña de employer branding... En todo caso, si el día a día sigue siendo un caos, su efecto se evapora ya que las personas no se quedan por un eslogan sino por una experiencia laboral con sentido y sostenible.

Desde la experiencia de MIBOR ASESORES acompañando a organizaciones en procesos de cambio, reorganización y profesionalización, hay una idea que aparece una y otra vez: las personas suelen responder cuando el sistema acompaña. Cuando hay claridad, coherencia, un liderazgo razonable y una mínima sensación de control sobre el propio trabajo, el compromiso no hace falta pedirlo a gritos: aparece. Y cuando no, aparece el desgaste en sus múltiples formas: absentismo, rotación, cinismo, errores, conflictos, y un “apagar fuegos” constante. No es mala actitud sino un sistema insostenible.

Además, el mercado laboral actual tiene un componente de transparencia que antes no existía. La reputación interna se filtra hacia fuera. La gente “habla” de cómo se trabaja y se trata a quien entra o cómo se gestionan los problemas. Se sabe si en una empresa “se escucha o se impone” o “si se reconoce o se da por hecho”. Una buena reputación impulsa, pero una mala prensa pesa mucho. Resulta un freno demoledor para la atracción de talento del que ya no solo depende una buena oferta publicada, sino de lo que otros cuentan de ti.

El liderazgo cotidiano como herramienta de competitividad

Por eso, la pregunta útil para cualquier empresa no es “¿cómo conseguimos gente?”, sino ¨¿qué experiencia ofrecemos a quien se suma? ¨. ¿Es una experiencia de aprendizaje o de desgaste? ¿Hay orden o hay improvisación? ¿Se cuida el clima o se normaliza el malestar? ¿Se forman líderes o se asciende por antigüedad sin preparar? ¿Se pide responsabilidad y se da autonomía, o se pide responsabilidad y se controla cada detalle?

También hay un punto que conviene apuntar sin rodeos: el liderazgo es hoy una de las grandes fronteras competitivas. No el liderazgo “inspiracional” de frases bonitas, sino el liderazgo cotidiano: saber priorizar, comunicar, dar feedback, sostener tensiones sin romper a nadie, decidir a tiempo, poner límites, reconocer el trabajo, corregir con respeto, construir equipo. Las empresas que invierten en esto se diferencian. Las que no, lo sufren.

Y esto vale no solo para las oficinas o puestos cualificados ya que, en sectores con turnos, atención a clientes, entornos asistenciales o trabajos físicos, el cuidado organizativo es todavía más crucial. Porque cuando el margen de maniobra es pequeño, cualquier desajuste se convierte en presión directa sobre las personas. Y ahí el problema no es teórico: es el día a día.

El reto de los próximos años no será solo tecnológico. Será profundamente humano. Habrá que digitalizar, sí. Habrá que optimizar, sí. Pero, sobre todo, habrá que construir organizaciones en las que la gente pueda trabajar sin quemarse. Empresas que merezcan ser habitadas, no solo administradas

Tal vez este sea un buen momento para parar y mirar hacia dentro con honestidad. No para buscar culpables, sino para entender qué está pasando de verdad. Revisar cómo trabajamos, cómo lideramos y qué estamos pidiendo a quienes sostienen el día a día. Preguntarnos si nuestra organización es un lugar en el que la gente puede hacer bien su trabajo sin agotarse.

Hablar de personas ya no es una cuestión de estilo empresarial, sino de viabilidad. Las empresas que se atrevan a ordenar, a escuchar y a profesionalizar su forma de gestionar estarán mejor preparadas para lo que viene. Las que no lo hagan seguirán preguntándose por qué la gente se va.

La conversación está encima de la mesa. La decisión, ahora, es si queremos liderarla o llegar tarde.

Desde MIBOR ASESORES llevamos años acompañando a organizaciones de muy distintos sectores en este tipo de procesos: ordenar, clarificar, profesionalizar y sostener a las personas para que el trabajo funcione mejor. Este trabajo nos ha permitido comprobar algo esencial: no existen soluciones mágicas, pero sí buenas decisiones. Y casi todas empiezan en el mismo lugar: tomarse en serio a las personas y al modo en que trabajan.

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