Sucesos en Navarra
Los horrores de un iPhone rojo: la investigación de la Policía Foral al exprofesor del IES Zizur
La investigación de la Policía Foral al exdocente del IES Zizur condenado a 180 años por grabar a mujeres y acceder a fotos íntimas de sus alumnas se fraguó en el análisis de miles de archivos, la declaración de decenas de víctimas y el silencio tenaz del investigado y su entorno para no facilitar el PIN de su móvil, clave para probar sus delitos


Publicado el 21/04/2026 a las 05:00
A finales de octubre de 2023, el despacho del director del IES Zizur recibió una llamada que no olvidará en su vida. Al otro lado del teléfono le hablaba un agente de la Policía Foral, de la Brigada de Policía Judicial Norte, que le invitó a que se vieran en persona. Quedaron esa misma tarde. “Me pidió que le adelantara algo de lo que íbamos a tratar y por lo que vi después, no le pillaba totalmente por sorpresa”. El director, con quien tras meses de investigación estrecha los agentes han acabado teniendo cierta relación, no era ajeno a las informaciones acerca de la detención de uno de los profesores del centro.
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El docente, de 37 años y que se encontraba de baja, había sido arrestado hacía unos días por la Policía Municipal de Ansoáin a la salida de su domicilio. A primera hora de la mañana, en varios días consecutivos, descolgaba por la fachada una cámara atada a un hilo de pescar para grabar imágenes de ella en la intimidad de su domicilio. La denuncia de esta mujer, que descubrió “algo caer y bajar” hasta su ventana, precipitó su detención y puesta a disposición de la Policía Foral. Comenzaba una investigación de este cuerpo policial que se iba a prolongar año y medio, con el instructor al frente, con la aportación indispensable de dos agentes de Delitos Informáticos y que ha involucrado a una decena de policías. Hace unos días, tras ser condenado por la Audiencia a 180 años de cárcel, el detenido ingresaba en prisión.
NO DIO CONTRASEÑAS
Un análisis preliminar de sus dispositivos a los que pudieron acceder en esas primeras horas (durante meses se negó a facilitar la contraseña de acceso a su teléfono móvil, modelo iPhone de color rojo) reveló a los agentes que las grabaciones iban mucho más allá. Entre ellas, probadores en centros comerciales, en otros lugares y en lo que parecía el baño de un centro educativo. Visto ese material es cuando el instructor del atestado, junto a otro agente, acudieron al despacho del director para trasladarle de primera mano la investigación iniciada. “Colaboraron con nosotros desde el primer momento. Hemos trabajado de la mano y lo han pasado muy mal. Las víctimas individuales por supuesto, pero el instituto también ha sido una víctima de todo este proceso”, sostiene ese policía. Cuando mostraron al director algunos de los fotogramas extraídos de los archivos del arrestado, este reconoció las baldosas de un baño. Los tres caminaron hasta él e incluso los policías pudieron tomar fotos para contrastarlas con las imágenes tomadas por el detenido con una cámara que ya no estaba. Coincidía plenamente.
“En todo este tiempo, se han concatenado varios factores que han ayudado a que este tema llegara a buen puerto. Desde la Policía Local de Ansoáin, al esfuerzo de decenas de policías forales, la confianza del juez y de la Fiscalía y la respuesta ejemplar del equipo directivo del instituto”, señala este instructor. Enfrente, un tipo “callado”, que se negó a facilitar el PIN de su iPhone y que intentó deshacerse de una funda de gafas que guardaba en su domicilio con un dispositivo de grabación que acumulaba, según la pericial informática, 1.454 vídeos en 56 carpetas. En las primeras horas tras la detención, nadie imaginaba la dimensión de los delitos que se iban a terminar atribuyendo al investigado. “Como suele ser habitual, se le incautaron los dispositivos que llevaba con él al salir a la calle (el móvil, un ordenador) y un agente se quedó custodiando el acceso al domicilio, para preservar que nadie accediera antes que la policía y pudiera destruir pruebas”. Cuando el juzgado de instrucción permitió el registro, los agentes hallaron un dispositivo oculto en una funda de gafas. No hubiera sido posible sin esa custodia, que impidió la entrada de terceros a la vivienda.
“Llamaba la atención el gran abanico de dispositivos de grabación que guardaba en el piso, más de 30”. De la mano del equipo de Delitos Informáticos, otro de los pilares clave de esta investigación, se clonó el contenido incautado y se trabajó durante semanas en los hallazgos. El análisis y visionado se tradujo en la emisión de varios informes que iban dando idea de la ingente actividad de captación de imágenes y vídeos de ldetenido. “Graba en probadores desde arriba, desde abajo, a decenas de personas. Comenzamos la labor de identificación de víctimas, buscando pagos o usos de tarjeta en determinados establecimientos en fechas concretas”. Fruto de ese trabajo, han logrado poner nombre a 5 de estas mujeres, aunque quedan otras 28 a las que no se ha podido identificar. “Pueden ser chicas que se probaron algo y finalmente no lo compraron, por lo que no queda rastro del que tirar, o que si pagaron lo hicieron en metálico”, cuentan. El baño del instituto también fue otro escenario del que identificar a las víctimas, en una labor policial muy delicada y que les ha hecho ver reacciones “de confusión y puro dolor”.
SEGUNDO ARRESTO, CLAVE
Una vez que estas víctimas se reconocen, se les explica el recorrido policial y judicial de estos hechos, se les ofrece personarse, acciones legales, interponer una denuncia, etc. Todo ello, tres meses después del primer arresto, derivó en un segundo, que fue clave para desbloquear toda la parte referida a las alumnas. “Con las denuncias de esta docena de personas y de la mano del juez, planteamos un segundo arresto. Se le imputan nuevos delitos y aún así, sigue sin dar el acceso al iPhone”. Sí lo facilitará al juez. Todo lo que almacenaba el móvil supone una tercera fase en la investigación, cada vez más grave, por lo que ha implicado en el juicio de prueba material para lograr la condena del encausado. En su iPhone almacenaba imágenes y vídeos, las contraseñas de las cuentas de sus alumnas, menores, e incluso archivos modificados con IA, así como los registros en plataformas que permiten modificar o desnudar fotografías reales. “Volvimos a contactar con la dirección del IES Zizur, que de nuevo nos ayudó en todo lo que pudo, facilitándonos las orlas para la labor de identificación de las víctimas y dándonos acceso a los ordenadores del centro, para desmontar que los accesos se pudieran hacer desde el centro, en sesiones que se dejaban abiertas las menores”, relata uno de los agentes de Delitos Informáticos.
Si siempre es duro citar a una víctima en un proceso policial, hacerlo por haber sufrido un delito contra la intimidad y más si es menor, resulta especialmente delicado. “Intentamos ser humanos y profesionales. En un caso, en vez de llamar por teléfono a la madre de una, me acerqué a su trabajo, para intentar rebajarle el disgusto”, contaba el instructor. Año y medio después del aviso por parte de la Policía Municipal de Ansoáin, dieron por concluido el grueso de la investigación. Antes del juicio y con independencia de la sentencia, este policía volvió a hablar con el director del IES Zizur. “Se lo dije. Ahora ya es el turno de la Justicia, pero nosotros hemos parado algo que no sabíamos qué recorrido iba a tener. Estoy satisfecho de haber hecho un buen trabajo en equipo”. Su compañero de Delitos Informáticos asiente y añade: “Me acuerdo de las víctimas. Se quedaban hundidas al enterarse y temían que se fuera a librar”.
