Sucesos

Casi 1 km cuesta arriba y 3 minutos de mordisco: "Me cogió el dedo bien fuerte con los dientes"

Dos policías forales de 32 y 29 años se vieron envueltos hace unos días en una persecución en Uharte-Arakil que terminó con lesiones en ambos

La persecución del detenido
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La persecución del detenido

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Carmen Remírez

Actualizado el 19/04/2026 a las 08:21

Los dos policías patrullaban la Autovía de Sakana, la A-10, cuando vieron dos situaciones que posteriormente relacionaron. Ocurrió hace 10 días, a primera hora de la tarde. La primera incidencia que llamó su atención fue un autobús averiado, que tuvo que detener su marcha y del que se bajaron los viajeros para proseguir su viaje en otro. La segunda, una pareja, a pie, con apariencia de estar desorientados, junto a la incorporación a la A-10, en Uharte Arakil. “Nos acercamos hasta ellos y, sin bajarnos del coche, les preguntamos a ver a dónde iban, si necesitaban ayuda o por qué estaban allí”, recuerda uno de estos policías. Ellos mostraron un papel, una especie de billete. “Ahí no se coge el autobús”. 

La mujer era la que les dio cara, recuerdan, porque desde el momento en que se aproximaron a ellos con intención de echarles una mano, el hombre, paso a paso, despacio, iba dando pasos hacia atrás. “Comenzó a llamarnos la atención su actitud y nos bajamos a ver. No eran unos pasajeros perdidos del autobús inicial, al menos al uso. Ahí no iban a coger ningún autobús. Mi compañera se quedó con la mujer y yo me acerqué al varón, que seguía alejándose, para pedirle una documentación”. Lejos de atender al requerimiento del agente, este señaló unos arbustos en la curva, manifestando que iba hacia allá con intención de orinar, estableciendo cada vez más distancia entre ambos. De forma repentina, aceleró de forma brusca. “Empezó a correr cuesta arriba, por las piezas, saltando las típicas vallas de alambre con espinas para el ganado. En ese momento, mi compañera seguía abajo con la mujer y yo salí tras él”. Corriendo deprisa, le repitió en varias ocasiones: ¡Alto, policía, al suelo!”, sin que el individuo detuviera su huida. “Pasaron 3-4 minutos, yo ya no podía más, él tampoco. Se tropezó, perdió el equilibrio y nos fuimos al suelo. Fue muy violento, me enganchó del cuello y trató de asfixiarme. Pedí apoyo”. 

En ese forcejeo, le mordió con mucha fuerza y la pelea prosiguió con su dedo enganchado. “Me lo cogió bien fuerte con los dientes y estuvo 3 minutos sin soltarme”. En ese intervalo de tiempo llegó hasta ellos la compañera de patrulla de este agente, que había subido corriendo tras ellos una vez que vio que la carrera continuaba. “Caímos además en una pieza con la hierba un poco alta y el coche patrulla que se había acercado también y circulaba por una pista no podía vernos, nos tapaba la vegetación. Cuando oí a mi compañera supe que estaba salvado”. El relato de los acontecimientos que hace ella es bastante similar. “Mi compañero pedía apoyo y los alcancé cuando estaban en el suelo, muy fatigados ambos, me eché encima yo también, él seguía resistiéndose, me pellizcaba, hasta que liberamos el brazo de mi compañero y lo engrilletamos”. En ese momento vieron su mano , que sangraba muchísimo, y ya fueron atendidos. 

El detenido, acusado de resistencia, lesiones y atentado a agente a la autoridad, no era un huido de la justicia. Según comprobaron posteriormente, no tenía temas pendientes con la policía. “Fue todo muy raro, solo chillaba todo el rato. ¿Por qué huyó y reaccionó con esa violencia? No lo sabemos, pero lo que parecía una actuación de ayuda terminó en una carrera monte arriba y un mordisco que pudo haberme costado la movilidad del dedo. Es lo más difícil de este trabajo, cuando la situación cambia tan rápido, de 0 a 100 en segundos, intentar elegir la herramienta adecuada”.

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