Iglesia
La falta de vocaciones aboca al cierre de 22 comunidades religiosas desde 2020: dos se han transformado en hoteles
Todas son congregaciones femeninas que agrupan a las monjas mayores y quedan vacías casas con historia. Dos se han transformado en hoteles, otras están a la venta y muchas continúan su labor fundacional


Actualizado el 13/04/2026 a las 07:49
Contaban las religiosas del Huerto hace unas semanas en sus 75 años en Pamplona, que en aquellos años el obispo les sugirió buscar un emplazamiento alejado de la ciudad. Había en la capital navarra 86 noviciados de distintas congregaciones femeninas y masculinas y las hermanas tuvieron que “vencer ciertas reticencias de la autoridad eclesiástica”. Consideraba el prelado que existían ya muchos institutos y órdenes religiosas en Pamplona. Se instalaron “al otro lado de la muralla”, en San Juan, de las primeras habitantes del incipiente barrio. La historia solo viene a reafirmar que Navarra, con su capital como columna vertebral, ha sido tierra de vocaciones religiosas. En las últimas décadas el número de personas que decide tomar los hábitos decae y en la misma proporción crece el número de congregaciones que cesa su labor. Desde 2020 en Navarra han cerrado 22 comunidades de diferentes órdenes, que optan por reagrupar a las religiosas mayores en una casa adaptada y con cuidadoras.
El futuro de los edificios depende de cada congregación y es algo que la diócesis no controla, indican desde el Arzobispado. La casuística es variada. Algunos conventos, residencias u hogares han salido a la venta y han cambiado de uso como hotel o residencia; otros mantienen su actividad en manos de fundaciones o patronatos, algunas están vacías y en venta.
Esta es la radiografía de las que han cerrado en el último lustro. Pero hay ejemplos anteriores, sobre todo en Pamplona, de edificios religiosos que han tomado una segunda vida. Inmuebles emblemáticos como Maristas, ahora con viviendas; el convento de clausura de las Salesas, sede de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona; el de las adoratrices, hotel Catedral. Y otros que han desaparecido como el de Salesianos, donde solo quedó el solar.
Entre las que han cesado desde 2020, solo cuatro estaban en Pamplona. Una de ellas, la Compañía de María. La comunidad gestionaba una residencia en la avenida Sancho El Fuerte de Pamplona, el colegio mayor Roncesvalles. Cerró en 2020 y la comunidad dejó la ciudad. El edificio se vendió y ahora es el hotel MET Pamplona, un alojamiento de tres estrellas que no ha cambiado la estética exterior del inmueble, tras la reforma interior.


Otro convento que también se ha convertido en hotel es el de la Sagrada Familia de Burdeos de Oharriz, en Lekaroz. Ubicado en el conocido como Palacio de Oharriz, imponente arquitectura barroca del XVIII. La congregación llevaba dos siglos en Baztan, primero en Elizondo y desde 1937 en Lekaroz, donde tenían el convento de religiosas contemplativas y la casa de espiritualidad, atendida también por laicos. Ahora este lugar lo ocupa el hotel rural Harana Palacio de Oharriz, con 30 habitaciones. Según indica en su página web la estancia mantiene el espíritu de desconexión que tenía la casa.
Otra comunidad de la Sagrada Familia de Burdeos, la de Oteiza de Berrioplano también se despidió en 2025 y tras venderla, su casa se convierte en la comunidad terapéutica de la Fundación Proyecto Hombre Navarra.
La congregación del Sagrado Corazón de Jesús dejó la comunidad de Pamplona en 2022. Vivían en el entorno del colegio que ellas fundaron, en la calle Media Luna de Pamplona y que continúa con la fundación Barat. Las once religiosas se trasladaron a la casa de Algorta, habilitada para personas mayores. Mantienen en Navarra una pequeña comunidad de San Jorge y la de Zabaldika, en Esteribar, que funciona como albergue de peregrinos.
Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana cerraron en Pamplona la comunidad Virgen del Camino, un piso en este caso alquilado, una comunidad pequeña que daba apoyo a otras y colaboraba en la parroquia cercana. La misma congregación tenía otra comunidad en Mendavia. Esta era de una fundación que regenta un centro de educación infantil. Desde la dirección provincial de la congregación explican que la presencia continúa con una hermana que colabora con el centro y en la parroquia, si bien ya no utilizan la casa, de la que no eran propietarias. Las Hermanas de la Caridad mantienen abierta su casa de Artieda.
SEIS DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD
El de las Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl es un caso especial porque en estos años han cerrado siete comunidades en distintos puntos de Navarra, es decir, casi un tercio de las 23 totales. Y todas ellas con décadas de andadura y en puntos dispares de la geografía navarra. La congregación ha tenido mucha presencia en la Comunidad foral y en muchos casos ha estado vinculada a patronatos que se crearon para el cuidado de personas mayores, como residencias o bien en educación, también con residencias de estudiantes. Las religiosas se encargaban de la parte asistencial, una labor que en los últimos años han tenido que cesar por edad y por falta de relevo. Pero no poseían edificios en propiedad.


En Falces vivían en una estancia de la residencia de personas mayores, era una de las condiciones desde que se fundó. Con la pandemia de covid fallecieron tres de las cinco personas de la comunidad. “Una era de la calle, la otra hermana la destinaron a Muruzabal y la zona de las monjas quedó vacía. Luego el espacio se habilitó como zona covid”, explican desde el centro.
En Viana la comunidad se despidió en 2022. Habían llegado a la localidad en 1858, gracias a la herencia donada por Inés de Múzquiz destinada a la educación de las mujeres. En las últimas décadas fue residencia de mayores.
En Peralta su presencia y labor también estuvo vinculada a la residencia. Se marcharon en 2025.
En 2020 se fueron de Bera, donde igualmente su labor se centró en las personas mayores de la residencia San José, donde eran muy queridas.
En Ororbia se mantiene la obra social del Hogar Zoe, donde trabajaron durante años las Hijas de la Caridad. Desde la congregación recuerdan que, si bien dejaron Ororbia en 2023, una hermana sigue colaborando y se desplaza desde Pamplona.
En 2020 las Hijas de la Caridad dejaron el Hospital de Navarra, tras más de 200 años de atención a los enfermos y en maternidad. La última comunidad la formaban ocho hermanas, aunque llegaron a ser más de cien en dos comunidades diferenciadas, desde 1985 fusionadas en una, dedicadas al voluntariado y a la pastoral de enfermos. En la casa vivían además seis mujeres procedentes del antiguo orfanato cariñosamente como “las chicas”, que se trasladaron a la Casa de Misericordia de Pamplona. En la zona donde residían las monjas, dentro del Hospital Universitario de Navarra, se habilitó la nueva área de hospitalización de psiquiatría infanto juvenil y es también parte de la nueva facultad de Ciencias de la Salud de la UPNA.
En Gerendian, en el valle de Ultzama dejaron la localidad las Hermanitas de los Ancianos Desamparados que gestionaban una residencia desde hacía 37 años. El centro geriátrico continúa, pero las dos últimas religiosas, ya mayores, fueron trasladadas.
En Valtierra dijeron adiós en 2023 las Hijas de la Cruz. Las tres últimas religiosas fueron destinadas a otra casa y la congregación donó el edificio de su propiedad a la residencia de mayores, situada justo al lado. El director del centro geriátrico, Eduardo Mateo, explica que ellos decidieron cederlo a su vez al ayuntamiento que habilita en ese inmueble espacios para el uso de distintos colectivos y asociaciones de la localidad. “El solar era propiedad de la religiosas, la del inmueble no estaba tan clara”, apunta.
En Corella dejaron su comunidad en 2025 las Peregrinas e la Eucaristía, que tienen casa en Tudela. Pero, según indican fuentes municipales, estas religiosas llevaban poco tiempo en la localidad y residían en el antiguo convento de clausura de las Carmelitas Descalzas, en el que está la iglesia de Araceli. Allí montaron un obrador de repostería, que desmantelaron con su marcha. Se trata de un edificio manierista (s.XVII) que se encuentra en venta. Félix Bienzobas, concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Corella, explica que el consistorio ha mostrado interés por la propiedad, que han visitado en un par de ocasiones. “Son diferente módulos en el conjunto conventual, la huerta es interesante, pero el inmueble para nosotros es complejo”, sostiene. Las carmelitas, con siglos de presencia en Corella se trasladaron al convento de Vitoria.
En 2022 dejaron la abadía de Javier las Misioneras de Cristo Jesús, según datos de la diócesis. Sin embargo, estas religiosas mantienen su residencia en el pueblo de Javier, lugar de descanso de mujeres que han llevado su labor evangelizadora y de ayuda por diferentes países. Edificios de futuro incierto
Más incierto es el futuro de otros edificio que han quedado vacíos. Entre ellos el de las Clarisas de Arizkun en 2024, tras la marcha de las siete últimas monjas del convento de Nuestra Señora de los Ángeles, otro palacio de arquitectura de Baztan, habitado por ellas desde 1736.
Lo mismo sucede con el de las Clarisas que dejaron Lekunberri en 2025, en este caso se trata de un edificio de construcción posterior. Se habían instalado hacía 130 años.
Las casas que han dejado las benedictinas en Alzuza y en Estella, donde se despidieron este mismo mes de marzo, saldrán a la venta y las religiosas han mostrado su deseo de que si fuera posible tengan uso humanitario o social. En la ciudad del Ega sumaban más de un millar de años de presencia y vida contemplativa.

