Educación
Gregorio Luri, pedagogo: "Todo lo que hemos exiliado de la escuela se ha refugiado en los gimnasios"
Uno de los filósofos y pedagogos más relevantes del país reflexiona sobre la importancia de la educación y la familia en una sociedad cada vez más tecnológica. El navarro (Azagra, 1955) conversó con familias del colegio Adériz de Cordovilla. "Los niños son seres con mucha más energía que sentido común para controlarla"


Actualizado el 05/04/2026 a las 09:50
Gregorio Luri regala un titular detrás de otro. Lo que es una maravilla para los periodistas. Tanto como escuchar su inteligente discurso plagado de sentido común. Sus reflexiones sobre las aulas, la educación, la filosofía y la vida. Que vienen a ser lo mismo. Al escucharle no te da tiempo de apuntar todas esas frases que enmarcarías en tu casa para que tus hijos las leyeran a diario y para motivarles en sus estudios y su forma de moverse por el mundo. Gregorio Luri Medrano (Azagra, 1955) es uno de los máximos referentes del pensamiento del país. Filósofo, pedagogo, maestro, articulista y autor de numerosos títulos como 'La educación no es un parque de atracciones', 'Mejor educados. El arte de educar en el sentido común', 'La escuela contra el mundo' o 'El valor del esfuerzo', recuerda que la mejor definición de educación se la ofreció su madre, Gloria Medrano, durante su infancia en una familia de agricultores: "Hijo, estudia para poder presentarte en cualquier sitio". Casado, padre de dos hijos, abuelo de dos nieto y vecino de Barcelona, donde reside hace décadas, recientemente conversó con las familias de los escolares de colegio Adériz (Cordovilla) dentro de un ciclo sobre la reflexión educativa
Las familias cada vez están más preocupadas por la educación de sus hijos. Sin embargo, los problemas siguen aumentando... ¿Qué ocurre?
Las principales dificultades que veo y que han modificado nuestros antiguos discursos son tres: el malestar docente, que los padres dedican más recursos a completar la educación escolar de sus hijos y la híperpreocupación de las familias.
Vayamos desgranándolos...
El malestar docente está creciendo de manera alarmante. Por las leyes educativas, porque muchos profesores no saben por qué se dedican a este trabajo, porque resulta muy difícil enseñar matemáticas emocionales, porque es imposible que cada uno de los 25 alumnos de un aula sea el centro, por la burocracia... El malestar es real y, si no se subsana, tendremos una bomba de relojería. Si la profesión docente, sobre todo en Secundaria, deja de ser atractiva, nos estamos jugando el futuro del país.
Asegura que las familias dedican cada vez más dinero a completar la educación que sus hijos reciben en la escuela (clases particulares, academias, escuelas de música, clubes deportivos...)
Desde un punto de vista pedagógico es muy preocupante y se refuerza la diferencia entre clases sociales. Quienes tienen menos recursos buscan potenciar las asignaturas en las que sus hijos van mal (matemáticas, inglés....) y los que tienen más persiguen la ampliación de experiencias (música, otros idiomas...) Pero si tú, como familia, necesitas recurrir al mercado para encontrar lo que crees que la escuela no te da, ¿qué hacemos hablando de equidad? La brecha social cada vez será mayor. ¿Y por qué las familias precisan estos servicios? Porque están angustiadas por el futuro de sus hijos, consideran que necesitan una buena formación y la escuela no está respondiendo.
El tercer motivo que alega es una híper preocupación de los padres...
Es falso que los padres hayan dimitido. Están extraordinariamente preocupados. Pero el peor error que pueden cometer es el de la sobreprotección. De hecho, es una forma de maltrato. Si impides que tus hijos tengan experiencias directas en la realidad, no van a poder aprender. Por eso, cada vez me he vuelto más defensor de los ladrones de peras (recientemente publicó un artículo con este título, 'Elogio al ladrón de peras'). ¿Qué significa? Que tu madre seguro que compraba las peras más sabrosas pero esa pera verde del vecino cascarrabias de los pueblos, esa sí que era atractiva. Se iba con tres o cuatro amigos a cogerla y se hacía un trabajo formidable en equipo (vigilar que no viniera nadie), se practicaba el equilibrio en las ramas, había que tomar decisiones y buscar un pensamiento estratégico si se te rompía el pantalón. ¡A ver qué ibas a decir en casa! Los niños son seres con mucha más energía que sentido común para controlarla. Yo soy un firme defensor del juego libre y arriesgado. Porque ahora es imposible que un niño se haga daño. ¡Mira los parques infantiles acolchados! Estadísticamente, se ha demostrado que el lugar en el que un niño tiene más posibilidades de romperse un brazo es en el coche familiar con un frenazo. Por eso, hay que recuperar el contacto con la realidad y asumir riesgos.
Insiste en que la sobrepreocupación y la sobreprotección pueden ser una forma de maltrato. ¿A qué se refiere?
A que acompañan a un debilitamiento del niño y son una de las causas de tantos malestares infantiles y emocionales. Si queremos prevenirlos, es necesario que hagan ejercicio físico (los niños cada vez se mueven menos y van a la cama menos cansados), que practiquen una higiene del sueño (si necesitan nueve horas para dormir es sagrado) y tengan amigos de verdad. El Informe Pisa (que analiza el rendimiento escolar y la situación emocional de chicos y chicas de 15 años en los países de la OCDE) demuestra que la peor repercusión escolar del teléfono móvil es llevarlo al dormitorio. ¡No puede ser! Los móviles son auténticos devoradores de tiempo. Es decir, la salud mental se basa en hacer ejercicio, dormir lo suficiente y tener amigos.
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BAJADA DE LA NATALIDAD Y LA FAMILIA SIMPSON
¿La bajada de la natalidad puede influir también en ese incremento de la sobreprotección?
Antes, en los pueblos, la cigüeña llegaba cuando llegaba y los hijos salían como salían. Pero desde que al niño ya no lo trae la cigüeña sino la agenda, la situación cambia. Antes, la cigüeña era la impertinente. Ahora, tú eres quien libremente ha elegido y el sentido de la responsabilidad se incrementa. Toda la libertad que genera el control de la natalidad en muchos casos crea angustia. Nuestros padres nunca leyeron un libro sobre cómo educar a los hijos y hoy los libros sobre educación y familia crean adicción. ¡Pero no hay manera humana de tener una familia perfecta! Si conseguimos una 'normalica', será un chollo psicológico. Como, por ejemplo, la familia Simpson. Aunque les encanta ver la tele, todas las noches cenan juntos y en cada capítulo empiezan de cero. ¡Son un modelo a seguir! (se ríe)
Hablaba antes sobre la tecnología. ¿Supone una dificultad añadida en la educación?
La tecnología es inevitable y lo que resulta problemático es su uso. Somos seres tecnológicos (llevamos ropa, utilizamos bolígrafos...) Las tecnologías son prótesis antropológicas que amplifican los que somos (las gafas, los bastones...) ¡A mí me encanta vivir en esta época! Hace cien años solo podías conocer a l gente de tu pueblo y a los de la 'mili'. Ahora te comunicas con personas de todas las partes del mundo y me parece fabuloso. Yo no podría haber escrito ninguno de mis libros sin haber conseguido información por Internet. Las tecnologías son imprescindibles y nos ayudan pero, como todo en el ser humano, es cuestión de grados. Como un ajoarriero. Hay que encontrar el punto justo (si te pasas mal pero si no llegas, también). Es un error terrible que algunas comunidades autónomas hayan querido legislar sobre este tema teniendo solo en cuenta los centros con problemas. Sin embargo, en Singapur o en Estonia, se está enseñando el uso de la Inteligencia Artificial en las aulas. Dime en qué otro lugar que no sea la escuela, se puede enseñar a los menores el uso de las tecnologías.
¿En la familia?
No porque deseduca. Les ponen el móvil al lado de los cubiertos, los padres atienden las llamadas durante las comidas... La profesión de docente se ha vuelto cada vez más compleja. Ahora bien, no hay prisa por enseñar la tecnología. Nos encantan los gurús y la gente que viene a ofrecernos soluciones milagrosas. Pero nuestros debates actuales en educación son muy similares a los de comienzos del siglo XX (trabajo por proyectos, centros de interés...)
Respecto de la legislación, el pasado mes de enero, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, adelantó que se iban a prohibir las redes sociales en menores de 16 años, como ya ocurre en otros países...
Creo que fue un brindis al sol, muy propio de nuestro presidente. Además, supone desconocer las competencias tecnológicas de nuestros jóvenes. ¡A los cuatro días ya habrían intervenido sus teléfonos y creado perfiles falsos! La competencia más importante que deben tener las familias es la serenidad y a los padres hay que decirles que una de sus funciones principales es la de dar la tabarra a los hijos. Hay que habar con ellos de cuestiones que antes no eran necesarias (como la pornografía online...) Pero los niños nunca han sido tan inocentes como ahora. ¡Tenemos la generación más pacífica de la historia! Recuerdo cómo maltratábamos los niños de mi pueblo a los animales, con qué crueldad, y ¡claro que existía el acoso escolar! El matón del patio era un dictador absoluto. Ahora la escuela se está convirtiendo en una institución terapéutica pero no podemos utilizar como terapia permanente la evitación. Si un niño está angustiado porque tienen que hacer un examen, no podemos decirle que no lo haga. Hay que buscar estrategias para enfrentarse al problema pero no huyendo de él.
Ligado a este planteamiento, mejor de esfuerzo, voluntad o memoria ni hablamos porque están tan denostados...
Pero es que nada grande se nos ofrece sin esfuerzo ni es gratuito. No es lo mismo escuchar la canción del verano que los cuartetos de cuerda de Beethoven. ¡Y eso que me encanta cantar la canción del verano en la ducha! Lo que realmente motiva es el buen resultado. A veces, te encuentras maestros empeñados en motivar a los alumnos antes de comenzar una actividad. Todo lo que hemos exiliado de las escuelas se ha refugiado en los gimnasios, donde vas a cansarte, a llegar a tu límite... ¿Te imaginas que el entrenador te dijera que no te esforzaras tanto? ¿Entonces para qué vas y pagas? En cambio, a un maestro se le critica que exija demasiado. La voluntad ha desaparecido del vocabulario pedagógico y si desaparece la voluntad, lo hace también la libertad. Sabemos que somos libres porque conocemos nuestro deber.