25N

Usua Olazar Lasheras, víctima de violencia de género: "Me ha pasado que mi maltratador ha entrado y salido de la cárcel por otro asunto sin yo enterarme y sin activar la orden de alejamiento"

A los 19 años la policía le sacó de la casa en la que convivía con su pareja. Recién cumplidos los 35 y con su vida rehecha sigue con miedo y denuncia que ni siquiera le avisaron del último ingreso y salida de la cárcel de su agresor  

Usua Olazar Lasheras, víctima de violencia de género denuncia los fallos de la pulsera Cometa.
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Usua Olazar Lasheras, víctima de violencia de género denuncia los fallos de la pulsera Cometa.IRATI AIZPURUA
Usua Olazar Lasheras, víctima de violencia de género denuncia los fallos de la pulsera Cometa.

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Cristina Aguinaga

Actualizado el 24/11/2025 a las 08:30

Conoció la violencia machista siendo casi una niña. Más de cuatro años de una relación absolutamente dañina en la que se vio prácticamente sola. Hasta que la policía municipal de Pamplona, donde residía, la sacó un día, con 19 años, de aquel piso que se había convertido en una “cárcel”, en un edificio en el que el vecindario permanecía ajeno al “infierno” que sufría. “Ciego y sordo”. A los gritos, a los golpes y mordiscos que dejaban huella en el rostro y en el alma. El relato de Usua Olazar Lasheras es ahora, a los 35 años, sereno. Se altera únicamente cuando vuelve al presente. A situaciones que le ha tocado hacer frente como víctima de la violencia y con una orden de alejamiento para aquel hombre que le hizo la vida imposible y que periódicamente regresa. “Terminó a los 19 años pero he denunciado a los 25, a los 30, a los 33... No termina y el problema es que no hay medios para poder atendernos”, deja claro el mensaje que quiere transmitir. 

La mecha que ha encendido su denuncia pública ha sido la entrada y salida de la cárcel de su agresor. Motivada por un caso ajeno a la violencia machista, ella no recibió la pertinente notificación oficial ni a la entrada ni a la salida semanas después. Ni el juzgado ni ningún cuerpo policial le comunicó primero la entrada, que supone el levantamiento de la orden de alejamiento, ni la salida, que la vuelve a reactivar. “Yo por circunstancias me enteré y lo notifiqué y estaba tranquila. Al final sólo lo estoy cuando él está encerrado. Hasta que un día una amiga me advirtió de que había hecho una publicación en redes sociales. Y eso significaba que ya no estaba en prisión sino el la calle y yo no sabía nada. Tiemblo de pensarlo”, apunta. 

Activa ella también en este tipo de canales, los usa para denunciar casos de violencia machista y sus vivencias. Su escrito, un desahogo ante la situación, tuvo eco en otras mujeres. “Yo ahora sé lo que hay que hacer. Me muevo y denuncio donde haga falta, pero habrá que ver cuántas más están en mi situación. A cuántas más habrán dejado de notificar situaciones así. Ayer mismo me lo contaba una chica y puede haber más”, alerta. 

Según le dijeron, habían concurrido diferentes factores que explican lo ocurrido. Una baja en la persona al frente del servicio Vigoen de una policía local, la derivación a otros cuerpos policiales de los casos de las víctimas de la zona y una comunicación del juzgado que no fue atendida ni por una ni por otros. “Ahora estamos con el 25-N. Habrá actos, pancartas y todos detrás de ella. Pero más valdría destinar ese dinero a protegernos. Medios, personal,... ¡No puede ser que nos alienten a denunciar y que luego nos sintamos solas si lo hacemos!”, intensifica sus críticas. “Te sientes sola y te preguntas quién te protege cuando se salta tres instituciones diferentes”. 

Su última experiencia no está relacionada con el sistema Cometa, la pulsera con la que la víctima avisa de que su agresor está cerca o ha hecho contacto. La descartó hace tiempo ante las dudas y la tardanza en la respuesta. “No la tengo. Al final prefiero el 112 que hablas con alguien y te geolocalizan cuando haces la denuncia. De la otra manera dabas a un botón y no había nadie detrás con el que poder hablar. Y además están los fallos”, apunta su experiencia y opinión. 

DOBLE VÍCTIMA

Casi veinte años como víctima le han hecho ver muchas cosas y lo que más le duele es que el incumplimiento de la orden de alejamiento no tiene consecuencias para el agresor. Apenas. Pero sí para las víctimas. “Me ha tocado vivirlo. Volver a denunciar lo que hizo, que fue presentarse en mi casa actual y acosarme. Primero el parte médico. Tuve que ir al juzgado. Yo sola y encerrada en una sala cuando no en el calabozo para los menores y él acompañado de su familia y amigos que además me culpan a mí de su situación. Tener que repetir todo. Que no acepten las pruebas que presenté, que su familia te reproche, que a parte de la mía no le haga gracia que denuncie y que al final el juez le condene a hacer trabajos a la comunidad. Eso es como si saliera gratis y nosotras sin embargo de nuevo las ansiedades, los miedos a salir y cero apoyos. Acabas sin creer en nada, ni en el 8-M, ni en el 25-N ni nada de nada”, lanza su grito ante la conmemoración que pone el foco en datos, que promueve iniciativas y charlas, pero que no acaba de satisfacerle.

 Sostiene Usua Olazar que situaciones así revictimizan. “Me dejé mi físico pero también destruye mentalmente porque te afecta en el día a día saber que está ahí y que puede volver. He trabajado con los escoltas al lado y a veces se ha acercado burlándolos. Te hacer encerrarte en casa, perderte cosas. Y a veces la alternativa que te dan es tomar pastillas, pero quiero gestionar la ansiedad sin tener que estar comiendo pastillas. Lo pasé muy mal y sola y lo que reclamo ahora es que se atienda a las víctimas”, insiste. 

Durante unos meses Usua Olazar fue concejal en Berriozar. Allí aprovechó para dar voz a las víctimas. Para coger fuerza mientras sigue cargando con la mochila que supone el maltrato y las vivencias posteriores. Agradece haber podido conocer a personas que le han dado pautas y a las que dirigirse para reclamar lo que ve necesario. Presentó una moción que preparó casi en primera persona. Pedía crear, desde el Ayuntamiento de Berriozar, el servicio de apoyo a las víctimas de violencia de género, para ayudarlas en todo aquello que necesiten, incluido el acompañamiento a los juzgados. El pleno acabó mostrando su compromiso de explorar a través de los servicios municipales, de estudiar, analizar y aclarar su contenido e implicación y ver la posibilidad de plantear una propuesta sobre la creación del servicio de acompañamiento a las víctimas de violencia de género. También remitir al Gobierno de Navarra, con competencias, para poder actuar. “Habrá quedado en nada”, lamenta ya fuera de la política municipal, de nuevo en la vida laboral y al cuidado de una familia numerosa.

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