De la dictadura a la democracia
Violencia, el reverso oscuro de la Transición
Grupos como ETA, GRAPO o el FRAP, bandas de ultraderecha como la Triple A o el Batallón Vasco Español, disturbios que acababan con víctimas, excesos policiales.... La violencia fue una constante a lo largo de toda la Transición y creó en ocasiones un clima irrespirable


Publicado el 21/11/2025 a las 05:00
La portada de Diario de Navarra del 24 de enero de 1977 acongoja. Siete vidas eliminadas y otra en vilo concentradas en una hoja de periódico. Tensión en Madrid, en dos jornadas funestas. Un joven de 19 años, asesinado por los Guerrilleros de Cristo, uno de los grupos terroristas de ultraderecha de la época. Una chica de 20 años, muerta por un bote de goma policial en los disturbios en protesta por la primera muerte. Ese mismo día, también en Madrid, un comando del GRAPO, banda terrorista comunista, secuestra al teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. Le llevarán al mismo piso donde sigue raptado Antonio de Oriol, abogado tradicionalista ligado al franquismo. Con la portada ya terminada, la redacción debe cambiarla. Otra noticia de Madrid llega cerca de la medianoche. Un comando ultraderechista había irrumpido en un despacho de abogados laboralistas y había disparado a quien se le pusiera delante. Al periódico llegan noticias de tres muertos. El balance final de la Matanza de Atocha será de cinco asesinatos. Cuatro días más tarde, la congoja regresa a la portada. El GRAPO mata a tres agentes del orden en Madrid y el Gobierno suspende las garantías sobre registro de domicilios y detención.
En algunos periodos de la Transición el clima violento se hizo a veces irrespirable. En esa portada, por ejemplo, no aparece ETA, que mató a 86 personas entre el fallecimiento de Franco y el referéndum de la Constitución. Tampoco el FRAP, la Triple A, el Batallón Vasco Español… Ni la intensa conflictividad laboral, que se convirtió a menudo en disturbios y que también se cobró víctimas mortales. La violencia manchó el camino hacia la democracia. Grupos de tendencias extremas, de signos opuestos, trataban de hacer saltar todo el proceso por los aires, buscando respuestas de otros, que el Gobierno cediera, que el Ejército se sublevara, que la oposición se asustara...


Navarra fue escenario preferente de estas violencias. Tanto que apenas medio año después de la muerte de Franco, en Estella tuvo lugar un incidente de esos que quedan en la memoria. Los sucesos de Montejurra culminaron de modo trágico la lucha que desgarró una misma familia política, los carlistas. Apoyaron a Franco en la guerra, pero después el dictador les diluyó dentro del Movimiento, el partido único. Muchos carlistas dieron la espalda al dictador y se convirtieron incluso en oposición al Régimen. En 1976, el adjetivo ‘carlista’ lo llevaban un partido liderado por Carlos Hugo, que había virado hacia la izquierda, y la Comunión Tradicionalista de Sixto de Borbón Parma, cercana al búnker franquista. Aquel día un grupo de los tradicionalistas quiso arruinar a los carlistas de izquierda un ritual anual, la subida al monte Montejurra. A balazos. Mataron a dos personas, Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos, y quizá al propio carlismo, un movimiento residual desde el principio de la democracia.
LA PRESIÓN DE ETA
Para ETA fueron años de expansión en España. Creció para peor. En 1976 mató a 17 personas, en 1977 a 11. Un año más tarde ya fueron 66. Había inaugurado los años de plomo, durante los que los asesinatos fueron tantos que algunos quedaban relegados al “sumidero de un ladillo”, como lo expresó una vez el periodista Arcadi Espada.
La banda pareció tener en 1976 a Navarra fuera de sus planes. Su presencia fue casi anecdótica. En febrero, liberaron al hijo del dueño de una fábrica de Berriz (Bizkaia) en la frontera de Bera tras 26 días de rapto, y en abril terminó cerca de Burguete la aventura de la mayoría de los 29 presos, casi todos de ETA, que se había fugado de la cárcel del Segovia a través de un túnel. La historia dio incluso para una película de Imanol Uribe, de 1981. Llegaron en un camión que les dejó cerca de Espinal pero después les descubrió la Guardia Civil. En el enfrentamiento murió de un disparo uno de los huidos, Oriol Solé Sugranyes.
Al año siguiente Navarra sí entró en los planes de la banda. Se estrenó en mayo con un fracaso, el tiroteo cerca de la estación de Renfe a dos miembros de la Policía Armada, que resultaron ilesos. Esos mismos días el país se conmocionaba por el secuestro y asesinato en Bizkaia de Javier de Ybarra, el presidente de la empresa editora de El Correo Español-El Pueblo Vasco. Un año antes ETA había hecho lo mismo con el director de una empresa de Elgoibar. También ametrallaron un año al presidente de la Diputación de Gipuzkoa con sus escoltas y al siguiente al de Bizkaia.
En Navarra ETA golpeó de nuevo en junio, cuando lanzó dos granadas al parque móvil municipal, en la calle Bergamín; en octubre, cuando hizo explotar bombas en el garaje de la Guardia Civil y en la oficina del DNI; en noviembre, con un explosivo que destruyó una casa contigua a la de la Guardia Civil. Ninguno de los tres ataques causó víctimas. Hasta el 26 de noviembre. Fecha infausta, su primer asesinato en Navarra. Dos terroristas dispararon a bocajarro contra Joaquín Imaz Martínez, el jefe de la Policía Armada, cuando iba a montarse en su coche junto a la plaza de toros. “Aquí no queremos sangre, ni tiros ni lucha armada, ni siquiera violencia verbal, sino convivencia y diálogo y civilizada expresión de las plurales ideas del pueblo navarro que no está por las metralletas ni por los asesinatos, sino que quiere marcar su propio destino”, se escribía en Diario de Navarra.
ETA no hizo caso. En enero dos de sus miembros fallaron y fueron descubiertos cuando colocaban una bomba cerca del cuartel de la Policía Armada. Seis días después un tiroteo en San Jorge acaba con la muerte de un inspector de policía, José Manuel Baena, de 31 años, y dos etarras, Mariano Pérez de Viñaspre y Ceferino Sarasola. Y en mayo, en la cuesta de la Estación, lo que hoy es avenida de Guipúzcoa, una bomba estalla al paso de un jeep de la Guardia Civil. Muere el agente Manuel López González, un joven de 23 años que iba a casarse un mes después con una pamplonesa. Otros tres resultan heridos. Antes del referéndum de la Constitución, aun hubo tiempo para que dos bombas dañaran unas oficinas y un chalé y de que se intentara sin éxito secuestrar al delegado del Ministerio de Educación y Ciencia.
MÁS CONFLICTOS
En aquellos años la barbarie llegaba desde todas las direcciones. La ultraderecha también se hizo presente en Navarra. En octubre de 1977 firmó un atentado con bomba contra la revista ‘Punto y hora’, vinculada a la izquierda abertzale. No hubo heridos porque la directora y el gerente salieron media hora antes, pero el explosivo destrozó la redacción. Tanto la Triple A como las Jóvenes Brigadas de Navarra reivindicaron el atentado.
El pan de cada día eran los disturbios y los incidentes. Unas veces por lo laboral, otras por lo político. Y en muchas ocasiones salían mal. Notables fueron los incidentes de marzo de 1976. Barricadas, manifestaciones, piquetes, carreras… se apoderaron de toda Pamplona. Respondían a los sucesos de Vitoria, donde la policía desalojó de una iglesia y mató a cinco huelguistas. En mayo de 1977 las protestas por la muerte por la Guardia Civil de un obrero en Rentería derivaron en disturbios en Pamplona, y un joven de 28 años, José Luis Cano Pérez, murió por el disparo de un policía junto a un bar de la calle Calderería. Un año más tarde, en unos incidentes, el guardia civil Juan Eseverri Chaverri, de 54 años, recibió cuatro puñaladas en la calle Chapitela. Murió una semana después.
Esa muerte, la detención de sus presuntos autores, la protesta por los arrestos que llevó a un encierro en el Ayuntamiento, incendiaron el ambiente en Pamplona. Y llegaron los Sanfermines, que dejaron otro de esos incidentes que se quedan en la memoria. 8 de julio. La corrida había terminado. Una pancarta de amnistía. Algunas voces, algunas peleas. La policía entra por el callejón. Lanzan pelotas de goma, botes de humo. Balas. La bronca se adueña de la ciudad. En la avenida de Roncesvalles, Germán Rodríguez Saiz, 23 años, miembro de LKI, muere de un disparo de la policía. Aquella tarde hubo 150 heridos, once por balazos.
Faltaban cinco meses para el referéndum de la Constitución. La violencia no remitiría. Tampoco lo haría después. Pero no pudo con la Transición, que resistió a su reverso oscuro.
Papas que mueren, un encierro trágico, accidentes inmensos…
En aquellos tres años entre la muerte de Franco y el referéndum de la Constitución el tiempo pareció acelerarse entre sobresalto y sobresalto. Y no solo por las vicisitudes políticas de la Transición, que fueron muchas y variadas. En el mundo, en España y en Navarra se sucedieron noticias de impacto, muchas malas, alguna positiva.
Mientras en España se culminaba el texto de la Constitución, en Roma murieron dos papas. Y se eligieron otros dos. El 6 de agosto de 1978 murió Pablo VI a los 80 años. Su sucesor, Juan Pablo I, murió solo 33 días después de poner el anillo del pescador. En octubre el cónclave eleva a Karol Wojtyla, Juan Pablo II, para un pontificado de 26 años. Ese mismo año el asesinato de Aldo Moro conmocionó Italia, mientras que los Acuerdos de Camp David entre Israel y Egipto llevaron esperanza a Oriente Medio. En 1977 el mundo lloró la muerte de Elvis Presley y Nueva York sufrió uno de sus grandes apagones. Y en 1976 en Argentina, los militares derrocaron a Estela Perón. Unos meses después por primera vez una sonda, Viking, envió las primeras fotos de Marte.
Dos gravísimos sucesos, de los mayores de la historia, sacudieron España. El 27 de marzo de 1977 la colisión de dos aviones en el aeropuerto de los Rodeos, en Tenerife, supuso la muerte de 583 personas. El 11 de julio de 1978, el mismo día que se suspendían los Sanfermines, un camión cisterna lleno de propileno licuado explotó cuando pasaba junto al cámping de Los Alfaques. Hubo 215 muertos. Mucho más agradable fue la noticia de la concesión del Nobel de Literatura al poeta español Vicente Alexaindre, en octubre de 1977.
En Navarra los Sanfermines de 1977 quedaron marcados por la muerte en el encierro de José Joaquín Esparza Sarasíbar, un joven de 17 años, gran deportista que quedó atrapado en un montón en el callejón. En 1976, en junio, la tragedia llegó a Etxarri Aranatz, donde cinco personas, dos de ellas niños, murieron cuando estalló un explosivo que se había recogido como chatarra. Los navarros también tuvieron temas más livianos de los que hablar, como la boda en 1976 de la Miss Universo Amparo Muñoz con el cantante Patxi Andión en la ermita de la Virgen de Andión de Mendigorría o la visita del presidente de México, José López Portillo, a Caparroso, de donde procedían sus antecesores paternos.
CLAVES
VÍCTIMAS EN NAVARRA De noviembre de 1975 a diciembre de 1978 se produjeron 11 muertes violentas en Navarra
SUCESOS En este periodo ETA cometió su primer asesinato en Navarra y se produjeron sucesos como los de la subida de Montejurra y los Sanfermines de 1978
