Salud
Ignacio López-Goñi, microbiólogo: "Intestino y cerebro están conectados, pero comer un yogur no te hace más feliz"
El catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra presenta el miércoles 1 de octubre en Diario de Navarra su último libro, 'Microbiota y salud mental. La conexión entre las bacterias del intestino y el cerebro'


Actualizado el 29/09/2025 a las 23:19
Ratones con depresión. Aunque parezca un chiste o ciencia ficción se trata de una realidad. Aunque solo en el laboratorio. En 2016 se publicaron los resultados de un experimento sorprendente. A un grupo de ratones se les cambiaron todas sus bacterias intestinales por las de personas con depresión y al cabo de unos días, los animales se deprimieron. Aunque de momento, esta situación no se ha podido extrapolar a los humanos, está clara la conexión entre las bacterias del intestino y la salud mental. Sobre este asunto, del que últimamente se habla mucho más que hace unas décadas, trata el último libro del catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra Ignacio López-Goñi (Pamplona, 1962). Con el título Microbiota y salud mental. La conexión entre las bacterias del intestino y el cerebro (La Esfera de los Libros, 18,90 euros), este profesor e investigador explica de una manera divulgativa y amena cómo los microorganismos de nuestro aparato digestivo pueden influir en enfermedades neurológicas o psiquiátricas, como el alzheimer, la depresión, el Trastorno del Espectro Autista (TEA), la migraña o el insomnio. Mañana miércoles 1 de octubre lo presenta en la sede histórica de Diario de Navarra (calle Zapatería 49) a las 19 horas. La entrada es libre, previa inscripción en Mundo DN.
¿Qué es la microbiota, de la que todo el mundo habla?
El conjunto de microorganismo que están en la superficie de nuestro cuerpo (bacterias, virus, hongos, levaduras...) y en el intestino. La inmensa mayoría son ‘buenos tipos’ y cumplen su función , que tiene que ver con las defensas. La microbiota impide que seamos colonizados por las bacterias malas. En el lenguaje coloquial, se habla de ‘flora' intestinal. Pero a los científicos no nos gusta nada ese término porque es más una fauna que una flora (se ríe). Se ha puesto tan de moda que incluso existen piensos que, dicen, cuidan la microbiota de los gatos o cremas para la cara que, aseguran, mejoran la microbiota de la piel.
¿Estamos entonces en la 'Edad de oro' de la microbiota?
Más bien diría que en la 'Edad de piedra' (risas). Aunque es cierto que cada vez proliferan más publicaciones científicas e investigación al respecto. Hace años, los microbiólogos cultivábamos las bacterias en el laboratorio. Ahora, existen técnicas moleculares, que nos ayudan. Para que se entienda mejor. Antes necesitábamos leer el libro completo. Ahora, nos basta con el título.
Lo que sí se ha descubierto en los últimos años es una conexión entre la microbiota y más de 300 enfermedades físicas y mentales.
Hay que imaginar nuestro cuerpo como un ecosistema. Que esta relación exista no significa que la microbiota sea la causa o el efecto de la patología (o viceversa). Pero está claro que hay una conexión entre estos microorganismos y la obesidad, la diabetes y las enfermedades mentales. En este último caso, existen tres vías de conexión.
¿Cuáles son?
El nervio vago (se han hecho experimentos en animales, en los que se han demostrado que si se corta este nervio, desaparece la conexión entre intestino y cerebro), las propias bacterias intestinales y la influencia de la microbiota en el sistema inmune. En el segundo caso, ya se sabe que el 90% de la serotonina, un neurotransmisor de la felicidad, se produce a nivel intestinal. En el caso de la inflamación, se ha comprobado cómo el hecho de que el intestino se inflame repercute también a nivel cerebral.
¿Qué ocurre con la depresión?
Es clara la relación con la microbiota. Se hizo un experimento en ratones y se comprobó que a los animales a los que se trasplantaron microorganismos de personas con depresión se deprimieron. También se ha investigado en humanos (y se ha estudiado la microbiota de personas con depresión y sin ella). Se ha detectado que existen unos grupos de microorganismos relacionados con la depresión. Pero aunque sabemos cuáles son no podemos producirlos en el laboratorio.
Explica que las personas (sobre todo niños) con Trastorno del Espectro Autista (TEA) sufren más problemas intestinales...
Suelen tener más diarreas o estreñimiento pero es que también tienen preferencia por algunos alimentos e incluso de algunos colores. No es que vayamos a curar el trastorno con la microbiota pero sí que podemos mejorar su calidad de vida.
MIGRAÑA Y MELATONINA
Hablemos de otras enfermedades que afectan a muchas personas. También se ha descubierto una conexión entre la microbiota y la migraña (la principal causa de incapacidad laboral).
Se ha estudiado la relación entre el intestino irritable y la migraña, por la existencia de óxido nítrico. Si somos capaces de reducirlo, disminuirá el riesgo de migraña.
Mucho se ha hablado también del alzheimer y su relación con el intestino...
Se ha practicado algunos experimentos en personas mayores de 80 años con alzheimer. En un caso, a un paciente se le trasplantó la microbiota de su mujer (porque tenía una infección bacteriana) y, como efecto secundario, se comprobó que su alzheimer había mejorado. En el caso de esta enfermedad neurológica, se ha puesto de manifiesto también que existe una relación con el herpes labial. El 80% de la población tiene herpes y eso no significa que vaya a desarrollar alzheimer. Pero sí se ha detectado que la vacuna contra el herpes zóster puede reducir hasta un 20% el riesgo de demencia.
Habla también del sueño, el cortisol y la melatonina...
Está claro que hay personas más matutinas y otras, más vespertinas. Todo depende de los ciclos de melatonina (hormona que induce al sueño) y el cortisol (hormona que se produce como consecuencia del estrés). Se ha comprobado que hay diferencia en la microbiota de las personas matutinas y vespertinas. Además, como ocurre con la serotonina, gran cantidad de melatonina se produce a nivel intestinal.
CAMBIAR LA ALIMENTACIÓN
Asegura que tanto en este caso como en el de otras patologías (alzheimer, migrañas, problemas de sueño...), la clave está en mejorar la microbiota cambiando la alimentación. ¿Qué hacemos?
Una microbiota sana debe ser numerosa y diversa. Rica en fibra, en polifenoles (la sustancia que da color a la fruta y la verdura), fermentados (yogur, kéfir...)
¿Qué alimentos deberíamos comer entonces?
Verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, aceite de oliva, frutos secos, carnes, pescado blanco, yogur... Y hay que evitar los ultraprocesados, el exceso de azúcar y sal, los tóxicos (alcohol y tabaco...) Es decir, debemos seguir una dieta mediterránea. Influye también la manera de cocinar (que debe ser lenta) y de comer (con calma y con otras personas). Aunque esto no significa que por comer un yogur vayas a ser más feliz (risas). Pero, si sigues la dieta mediterránea, quizá sí. Hay muchos estudios que confirman que este tipo de alimentación mejora la salud mental.
En el libro se refiere también a los probióticos y prebióticos, de los que tanto se habla. ¿En qué consisten? ¿Funcionan?
El prebiótico es un nutriente y el probiótico, un microorganismo vivo. ¿Que si funcionan? Depende. Los probióticos solo presentan evidencia científica en el caso de diarreas infantiles, tratamientos con antibióticos e inflamaciones intestinales (colitis). Pero no se puede hablar de probióticos, en general, porque existen muchos tipos. Es como si habláramos de frutas, sin especificar cuáles.
Aunque resulta bastante escatológico, se refiere a la eficacia del trasplante de heces para mejorar la salud intestinal y la mental
Es lo que se conoce como bacterioterapia: un trasplante de la microbiota intestinal. Es un tratamiento que ya se utiliza pero, de momento, solo para tratar una bacteria (costridiodis difficile). En este caso, se ha comprobado que el trasplante funciona en el 90% de ocasiones y se obtienen muy buenos resultados. ¿Que cómo se hace? Tomando una cápsula.
Insiste en el que futuro es “apasionante”. ¿Qué ocurrirá?
Dentro de cincuenta años, existirán píldoras que tomarán datos de toda nuestra microbiota en tiempo real (de todo el tubo digestivo, ya que actualmente solo se puede analizar la microbiota a través de las heces). Dependiendo de la microbiota que se encuentre, se verá qué hace falta y se diseñarán virus totalmente personalizados en el laboratorio. Probióticos a la carta.